El acuerdo que han alcanzado los abogados del Futbol Club Barcelona con la Fiscalía y el Abogado del Estado respecto al caso Neymar mediante el cual el club acepta que cometió irregularidades tributarias, abonará 5,5 millones de euros de multa y el jugador, el presidente Bartomeu y el expresidente Sandro Rosell quedarán exonerados de responsabilidad, supone, cuando menos, una revisión al pasado. Al pasado y a las explicaciones que se han ido ofreciendo a la opinión pública durante los últimos años desde la entidad blaugrana. Dice el refrán que más vale un mal arreglo que un buen pleito y en eso se han esmerado los abogados del club, del jugador y de los dos mandatarios que el Barça ha tenido desde el año 2010. Pero en este caso las cosas son mucho más complejas ya que el acuerdo, por mucho que se quiera esconder, o simplemente disimular por lo delicado que es, mancha el nombre del Barça de una manera irreversible. Y no por sentencia judicial, que hay que acatar aunque siempre se puede discrepar, sino por aceptación de parte.

El hecho de que la junta directiva necesitara de una reunión el viernes de más de cuatro horas y de otra el próximo lunes para decidir si da por bueno finalmente el acuerdo verbal entre las partes demuestra hasta qué punto está en juego por un lado la legítima defensa de los derechos individuales de todos los afectados y, por otro, el prestigio de una institución. Y, en este caso, con el acuerdo conocido no están en el mismo carril la exoneración de responsabilidad de las personas físicas y de la jurídica. Ni el hecho de que haya quien pueda pensar que, en los últimos tiempos, ha habido un especial celo por parte de la Agencia Tributaria con las dos estrellas del F.C.B., Messi y Neymar, es un motivo suficiente para zanjar un acuerdo si la junta directiva lo considera lesivo para los intereses de la entidad.

Todo ello por no hablar de cómo las explicaciones dadas durante seis años desde la junta directiva sobre el caso Neymar se convierten con el acuerdo en papel mojado. También los vaticinios formulados de que no había caso y, en consecuencia, de que acabaría en nada. Valdrá la pena conocer el lunes las explicaciones que se ofrezcan desde la presidencia, ya que sólo el máximo responsable de la entidad puede darlas, y esperar hasta entonces para hacer un balance definitivo. Pero es razonable que exista un palpable desasosiego en los sectores barcelonistas ante la falta de una información oficial completa. Por eso las explicaciones son más necesarias que nunca.