Por tercera vez en muy pocas semanas, Oriol Junqueras ha tenido que salir en contra de la propuesta de izquierdas en unas elecciones españolas, e incluso catalanas, que han formulado desde Gabriel Rufián hasta Joan Tardà, con clara preeminencia del primero, ya que el exdiputado en Madrid del Baix Llobregat está políticamente jubilado. Y si en las dos ocasiones anteriores ya dejó clara su posición, en esta ha subido un escalón, porque, cuando se habla de nombres, siempre se es más contundente: "No fui a la cárcel para que Ada Colau sea diputada de Esquerra Republicana". La unidad de la izquierda que Rufián quiso rescatar de la UCI ha acabado directamente en el cementerio.
Por si su respuesta no se había entendido y en un auditorio en el que había quedado perfectamente clara la puya a su hombre en Madrid, insistió: "¿Se ha entendido, no?". Lo que para Junqueras empezó como una cosa de Rufián ha acabado siendo un grano enormemente molesto, ya que el presidente de Esquerra no quiere que haya fuego cruzado en las propuestas políticas que lidera. La fundamental: ser una alternativa al PSC, no liderar la suma de partidos a la izquierda de los socialistas. Este martes, con Ana Rosa Quintana, en Telecinco, remachó la distancia de la víspera. Ante la pregunta de la presentadora sobre si asistiría al acto en Barcelona del próximo día 9, en la UPF, organizado por Rufián y con la asistencia de Irene Montero, de Podemos, y Xavier Domènech, de los Comuns, contestó que tiene muchos compromisos en su agenda y que probablemente no podrá acudir.
La unidad de la izquierda que Rufián quiso rescatar de la UCI ha acabado directamente en el cementerio
Nunca fue tan claro que poder es querer, y si no va es para hacer entendible el porqué de su ausencia, como ya hizo en el acto que se celebró en Madrid y que, casualmente, pese a encontrarse en la capital, optó por mantener su agenda y no acudir. Ahora, en el de Barcelona, se reserva su negativa con un "probablemente no", una fórmula más delicada pero idéntica en la práctica. Los dardos de Junqueras a Colau también tienen su explicación: en 2019, la exalcaldesa de los Comuns le birló la alcaldía al candidato de Esquerra Republicana, Ernest Maragall, que había ganado las elecciones en número de votos, pero que habían empatado en número de concejales.
Con esta decisión de Colau, Esquerra perdió la oportunidad de tener por primera vez la alcaldía de la capital catalana desde la República. No solo eso, la frívola alcaldesa tuvo que sumar los votos de Manuel Valls, que se había presentado en alianza con Ciudadanos, para alcanzar los 21 votos necesarios. Aunque la política acaba siendo, por necesidad, el arte de olvidar, muchos dirigentes de ERC de aquella etapa aún recuerdan la jugada de Colau, que tuvo otra derivada, la retirada progresiva de Maragall de la vida política, ya que en 2023, aunque volvió a ser candidato, sus expectativas desaparecieron ante el empuje de Xavier Trias.