En su nuevo libro, Una crónica republicana desde Madrid (Viena Edicions), el exportavoz de ERC en el Congreso Joan Tardà ofrece un relato en primera persona de los quince años que pasó en la cámara baja, entre 2004 y 2019. Más allá de la memoria política, la obra combina anécdotas, reflexiones y una mirada crítica sobre el funcionamiento del Estado y el papel del independentismo en Madrid en momentos clave de la política reciente. En esta entrevista, Tardà explica las lecciones aprendidas durante este periodo, el balance de la estrategia republicana en las instituciones españolas y su propuesta de construir un frente de izquierdas catalán de cara a los próximos ciclos electorales, en un contexto político que sigue exigiendo definiciones claras y nuevas alianzas.

Hace ya unos años que no está en la primera línea política. ¿Por qué publica ahora el libro?
Por dos razones: la primera porque todo está cambiando muy deprisa y creo que es bueno fijar algunas vicisitudes y protagonismos del republicanismo en el Congreso de los Diputados. No fuera que estos cambios tan trepidantes de alguna manera enturbiaran el gran ejercicio que ha hecho el republicanismo en estos años y dilucidar qué se hizo bien en el proceso y cuáles habían sido los errores. La explicación radica en el hecho de conocer cuál ha sido la evolución del republicanismo a partir de 2004, cuando el objetivo no era otro que forjar complicidades con una izquierda española renovada a través de Rodríguez Zapatero para avanzar hacia una segunda generación de estatutos de autonomía y avanzar hacia un Estado federal que reconociera la plurinacionalidad. Valía la pena intentarlo hasta llegar al Estado federal y después la izquierda española se bajaría del tren y nosotros continuaríamos hacia la proclamación de la independencia. Pero hubo una extraordinaria traición de Zapatero a nosotros y al PSC. 

Se refiere por el pacto entre Zapatero y Mas, ¿no?
Sí. La segunda legislatura de Zapatero ya fue evidente que aniquiló el republicanismo para establecer pactos con Convergència i Unió. Posteriormente, llegó la mayoría absoluta del PP de Rajoy, que tenía diputados para dar y para vender. Del proceso, que en este sentido vale la pena constatar, a veces la historia se acelera y la misma ciudadanía que no siguió la consigna de Esquerra de votar en contra del Estatut salió a las calles a pedir la independencia. Las condiciones eran objetivamente favorables, aunque no lo eran tanto como habíamos habíamos creído. 

Ahora quizás la historia se ha desacelerado, ¿no?
Efectivamente. La historia no tiene un movimiento uniforme. A veces incluso se acelera tanto, que aquello se convierte en una revolución, incluso social. Después, hay una tercera etapa, que son los primeros años de Sánchez, en los cuales creo que ERC hizo de porteador y hemos acabado pagando una fianza bastante alta.

Como en las últimas elecciones…
Sí, porque alguien tenía que dilucidar qué es lo que se había hecho bien y mal. Es evidente que a partir de 2018, ERC hace este ejercicio. Todo aquello que hicimos, no solo no lo habíamos hecho nunca, sino que ni siquiera estaba previsto que lo haríamos. 

 

En el libro, de hecho, usted se muestra bastante crítico con la exsecretaria general de Esquerra, Marta Rovira, por no reivindicar lo suficiente la etapa a partir de 2018, en la cual ERC da un giro más pragmático y pactista con el PSOE…
La Catalunya de ahora es diferente de la de 2017; de la misma forma que la de 2032 será diferente de la de ahora. Solo saldremos adelante si somos capaces de construir una solución que interpele a una mayoría popular. Hay que asumir el principio de realidad y lo que se debe hacer es superar aquella fase del proceso en la cual prevalecieron los vetos cruzados. Es decir, los partidos españoles de izquierda y también el catalanismo no independentista se refugió en el “no”. En la negativa, incluso, de debatir la posibilidad de autorizar un referéndum sin saber qué características tendría. Cuando los comisionados del Parlament de Catalunya, con una mayoría cualificada, llegaron al Congreso para pedir debatir una propuesta de transferir la competencia al Parlament, los partidos españoles podrían haber dicho: “No estamos de acuerdo con lo que pedís, pero estamos dispuestos a hablar de ello”. Con toda seguridad, la evolución de los hechos políticos habría sido diferente. En una sociedad democrática avanzada, se habría resuelto a través de un debate parlamentario, pero la derecha y la izquierda española se negaron. Además, cuando el PSC se negó a participar en las ponencias de la ley de desconexión, la respuesta del independentismo y republicanismo fue que “ya lo haríamos nosotros y ya os añadiréis después”. Esta cultura de los vetos cruzados es la cultura que se debe superar. Debemos entrar en la fase de participar en la construcción de su solución y al revés. Por eso es tan interesante lo que hizo la anterior dirección de Esquerra Republicana, encabezada por Marta Rovira, en el proceso de negociación, porque introdujeron la Convención Nacional para la Resolución del Conflicto y construir esta solución desde el Parlament.

Aun así, todavía no ha arrancado esta cuestión…
Estamos en el ecuador de la legislatura y todavía no ha empezado, lo cual creo que dice poco de bueno del PSC y de Esquerra Republicana. Lo digo en el sentido de que quizás valdría la pena que espabilen.

Desde la actual dirección, ¿cree que esta cuestión de la convención se ha priorizado poco?
Creo que a veces los problemas se comen el conjunto de los problemas. Ciertamente, hay prioridades como la financiación o el traspaso de Rodalies. No quiero decir que Esquerra Republicana y el PSC no tengan interés en la Convención Nacional para la resolución del conflicto, a pesar de que los socialistas tengan menos, porque es una concesión que hicieron. No valen excusas. Es cierto que ni la CUP ni Junts, han mostrado interés en participar, de la misma forma que no han participado en el Pacto Nacional por la Lengua que PSC y ERC impulsaron acertadamente. 

Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle
Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle

En el Parlament cuesta mucho que los partidos se sumen a cuestiones nacionales donde está el PSC porque, aseguran, cuesta mucho que el PSC cumpla…
Sí, muy seguro. Con el Partido Socialista había que aplicar una dialéctica que se basara en la confrontación y la colaboración, tal como aprobamos en el congreso nacional. Por eso ganó el “sí” a la investidura del presidente Illa. Aunque no fue un pacto de legislatura, sino tan solo de investidura. En cuanto a los presupuestos, deseo que el PSC y el PSOE cumplan y me gustaría que ERC ayudara. Creo que vale la pena que las izquierdas sepamos acabar la legislatura de forma bastante positiva, como para que la evaluación sea de interés y que al final de la legislatura haya valido la pena el acuerdo. 

Usted, en este contexto, defiende la idea de un frente de izquierdas. De hecho, explica en el libro que ya es una idea que nació en 2019 con Xavier Domènech de los Comuns. Su idea era que el president Torra convocara elecciones después de la sentencia del procés y hubiera un gobierno de Junts, ERC, Comuns y CUP. ¿Esta idea cómo debe evolucionar?
Es un poco complejo. Pongo el ejemplo de Pablo Iglesias, por ejemplo. Yo no había oído nunca a una persona decir tantos denuestos de los socialistas como Pablo Iglesias. No solo les decía que eran la derecha, sino que les decía que eran una casta. A pesar de todo, Pablo Iglesias fue lo suficientemente inteligente para entender que, a pesar de haberlos calificado de casta, valía la pena intentar forzar y conformar el primer gobierno de coalición de las izquierdas españolas. Por eso, desde un sector de ERC no entendíamos lo siguiente: si el programa electoral de entonces de Junts no era más carca que el del PSOE, ¿por qué razón no era posible que los Comuns aplicaran en Catalunya lo que consideraban inteligente en Madrid? ¿Por qué no hubiéramos podido hacer un gobierno de frente amplio: presidido por Esquerra Republicana, con los Comuns, la CUP y Junts. Con cuatro socios, es evidente que el centroderecha tendría menos acciones. Esto no fue posible porque los Comuns no tuvieron interés, porque consideraban que Junts era retrógrada. 

 

A Junts tampoco le debió interesar porque perdía poder…
Quizás se habrían visto obligados, porque fuera del Govern también se pasa frío. Sobre todo, cuando estás naciendo como partido, porque lo que necesitas es muscular. Finalmente, sin embargo, no se consideró, a pesar de que el lema de la Vía Amplia fue utilizado entonces por parte de ERC en las elecciones. Lo que defiendo en el libro es que esta idea de la vía amplia ha mutado y ha evolucionado hacia el frente de izquierdas. En el momento en el que vivimos, con la catalanidad y la cohesión social en jaque, creo que es evidente que las izquierdas no podemos permitirnos el lujo de que gane la derecha. Ante la amenaza del PP y Vox, hay que tener presente que la derecha siempre ha estado como mínimo ocho años en el gobierno. Por eso queremos incorporar dentro de ERC un debate maduro, que la dirección garantiza que se hará, y es sobre la necesidad en las elecciones de 2027 y 2028 de que haya una sola candidatura, un frente de izquierdas de Catalunya, que agrupe a los partidos independentistas de izquierda y a los partidos soberanistas de izquierda. 

¿Esto en las elecciones catalanas o españolas?
Creo que sería bueno que pasara en las españolas y en las catalanas. Es decir, un frente de izquierdas de Catalunya. Con el chaparrón que cae y caerá, no tiene ningún sentido que la gente de izquierdas independentista y la gente de izquierdas que es favorable al ejercicio del derecho a la autodeterminación vayan yendo separados a las elecciones sabiendo el precio que pagamos. Debemos ser capaces de construir un movimiento de unidad popular sin renunciar a las siglas de los partidos.

Es evidente que quién más sufrirá la victoria del nacionalismo español seremos los catalanes

¿Qué fuerzas, en el caso de las elecciones españolas, se deberían sumar a este proyecto? Sumar, Podemos, Bildu...
Nosotros defendemos el frente de izquierdas de Catalunya. El gran acierto que ha tenido Rufián es denunciar la inoperancia de la izquierda española. Es una vergüenza que la izquierda española esté a matar entre ellos. Entre otras cosas, porque, no solo saldrán muy damnificadas las clases populares en el Estado español, sino que, además, es evidente que quienes más sufrirán la victoria del nacionalismo español somos los catalanes. Sufrimos como clases populares y nacionalmente. Por eso, no podemos desentendernos de lo que pueda pasar allí. No tiene ningún sentido lo que ha pasado en Castilla, que Podemos e Izquierda Unida vayan por separado. Esto demuestra que la izquierda española está desorientada. En España, siempre nos interesará que gobierne el partido más de izquierdas. No podemos decir que esto no nos afecta. Estoy convencido de que hay que construir un frente de izquierdas en Catalunya y este debate lo haremos en ERC, tal como hemos demostrado estos años y por lo cual hemos sido criminalizados. Cuando Junqueras, Romeva, Dolors o Carme estaban en prisión o Marta estaba en el exilio, se convocaban manifestaciones delante de nuestra sede acusándonos de traición, botiflerismo y otras cosas que incluso me violentan mencionar. 

Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle
Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle

Por lo tanto, ¿el frente de izquierdas que ustedes proponen solo debería ser en Catalunya? ¿O aquí también se debería incorporar Podemos, Bildu, BNG…?
No. En Galicia y en Euskadi los frentes amplios existen, que son el BNG y Bildu. Nosotros defendemos una sola candidatura a la izquierda del PSC. Es decir, todo aquello que es de izquierdas independentista, como ahora nosotros, o soberanista. ¿Por qué tenemos que ir separados si, además, tenemos la misma concepción de cómo se tienen que articular los nuevos derechos de ciudadanía, cómo tiene que ser la fiscalidad, cómo entendemos la viabilidad económica del país, cómo entendemos la transición ecológica? En estos momentos, lo que corresponde es ser consciente del momento delicado que vivimos. Y si, además, el frente de izquierdas catalán estimula la existencia de un frente de izquierdas español, mejor, como pasó el año 1936, cuando hubo el Frente Popular en España y en Catalunya había el frente de izquierdas. 

Una de las propuestas que hacía el actual portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, era que el cabeza de lista más votado en cada provincia fuera quien la liderara en cada demarcación. Es decir, el cabeza de ERC en Lleida lideraría la lista en Lleida, mientras que el cabeza de lista de los Comuns en Barcelona lideraría la provincia…
Esto fue un absoluto malentendido. Yo diría que ni se acabó explicando bien, ni se supo recoger lo suficientemente bien. A mí me gustaría que lo que defiendo fuera mayoritario dentro de ERC y arrastrara a los otros partidos que dudan. 

 

¿Pero quién debería liderar por demarcaciones?
Tú me preguntas por el segundo y tercer nivel de concreción, y todavía estamos debatiendo si se llevará adelante el primer nivel de concreción. Yo diría que quien tendrá dificultades de carácter intelectual y para contrarrestar aquello que reclamamos son las personas que inevitablemente se verán obligadas a salir a decir el porqué no. Es decir, yo entiendo las dificultades de crear un frente de izquierdas. Ahora bien, una vez te haya escuchado que estás en contra de las dificultades, yo te preguntaré: ¿Dime por qué no? Todos sabemos que una parte de la desafección que hay entre las personas que han vivido culturalmente una tradición de comportamiento progresista se debe al hecho de que se sienten alejadas porque no están convencidas de que los partidos políticos harán aquello que querrían que hicieran. Es decir, ir juntos. ¿Cómo puedes pedir ilusión, compromiso y voluntad a las personas que están desengañadas si tú no eres capaz de salir de la zona de confort y arriesgarte?
Si no, cuando llevemos cuatro años de gobierno de PP y Vox, con Abascal ministro del Interior tal vez —y cabe recordar que en el programa electoral tienen la ilegalización de los partidos independentistas—, o cuando el Partido Popular haya finalmente conseguido crear aquello que tienen la obsesión de crear, que es un cuerpo de alta inspección educativa para hacer cumplir todas las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya en lo que se refiere a la inmersión lingüística, que lo tienen aquí clavado; y cuando veamos cómo y de qué manera las políticas fiscales, laborales y de derechos retroceden en lo que se refiere a garantías que tal vez habíamos creído absolutamente consolidadas, entonces todo el mundo gritará sometimiento. Y de aquí 4 o 5 años saldrá la izquierda diciendo: “A la calle, a la huelga, parar los pies al fascismo”. Y la gente dirá: hombre, y cómo es que no lo intentasteis de todas todas el año 2026?

La actual dirección no comparte la idea, pero no niega la necesidad de hacer el debate

¿Usted ha hablado con gente de la dirección de la CUP, con la dirección de los Comuns o con la dirección de Podemos de Catalunya?
No, a mí no me corresponde. Como miembro de ERC y de Ágora Republicana, lo que podemos hacer es un debate interno y cumplir a rajatabla todas las condiciones y reglamentos a los que están sometidas las corrientes internas. Creo que si ERC liderara esta voluntad, arrastraría a los otros partidos políticos. 

¿Debe ser Esquerra quien lidere esta propuesta?
ERC es un partido que tiene 95 años de historia y es el partido independentista de izquierdas con más presencia parlamentaria. Este debate también existe dentro de la CUP, los Comuns y Comunistas. Se trata de tener muy claro que nos jugamos la catalanidad y el mínimo reparto de la riqueza que ha garantizado el estado social. Si este trabajo no lo hacemos nosotros, no lo hará nadie más. 

Este debate, internamente, ¿cómo debería producirse? Porque la actual dirección ya no lo ve claro y el congreso nacional de ERC tampoco lo aceptó…
La actual dirección no comparte la idea, pero no niega la necesidad de hacer el debate. De hecho, en el último Consejo Nacional ya se dijo que el debate se articularía, pero no sé de qué manera. Nosotros ya estamos dando charlas en las secciones locales…

Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle
Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle

¿Y qué recibimiento tiene?
Bueno, la gente tiene mucho interés en debatir y saber exactamente qué nos estamos jugando. Además, venimos de todos estos años de ir creando las condiciones para superar todos los déficits que comportó la no victoria. Estatutariamente, es posible hacer el debate, porque si recoges 800 firmas puedes hacer una consulta interna, o bien la dirección puede convocar una conferencia nacional en otoño para debatirlo. Lo importante es la madurez que tiene ERC. Yo quiero ver a Junqueras president de Catalunya en 2028, y creo que si el frente de izquierdas cuaja, la izquierda tiene mucho que ganar. 

Usted me habla de las izquierdas. ¿Qué debería hacer Junts per Catalunya? Y más teniendo en cuenta el auge de Aliança Catalana que pronostican las encuestas… ¿Un frente independentista en Madrid no lo ve?
No lo veo, no. Junts pel Sí ya fue un sapo que nos tuvimos que tragar para que la burguesía catalana no se nos desembarazara, tal como explico en el libro. El procés respondía a una coyuntura de acumulación de fuerzas para poder proclamar la República y ahora estamos en una fase muy diferente. El republicanismo debe tener un papel similar al que tuvo el PSUC en los años 60 y 70. Tenemos una sociedad catalana muy heterogénea y muy diversa, con miles de personas que llegarán a adquirir comportamientos políticos sin haber pasado nunca por la cultura del catalanismo político y ni tan siquiera descubriendo la existencia de una cierta catalanidad. Incluso, descubren la catalanidad cuando sus hijos van a la escuela. El republicanismo lo que debe hacer es especializarse en eso, en hacer el papel que hizo el PSUC en los años 60 y 70 respecto de la inmigración española. 

¿Cree que se ha dejado de lado la cuestión de la inmigración durante el procés o se ha hablado demasiado poco de ella?
Durante el procés se tuvo que hacer todo de golpe y, además, desde una cierta improvisación. Todas las generaciones que viven un momento de aceleración de la historia están condenadas a improvisar, tal como pasó con nuestros abuelos. Yo recuerdo, de joven, haber hablado —a través de mi abuelo, que vivía en el exilio, y de otras personas— con gente que había tenido un cierto protagonismo en la República. Y, a pesar de ser personas experimentadas, cargadas de experiencia —hombres y mujeres, más hombres que mujeres— reconocían que tuvieron que improvisar. Porque también vivieron, salvando las distancias en cuanto a las diferencias entre el procés y la época republicana, un momento de aceleración de la historia. Quiere decir que toda generación que está “condenada”, entre comillas, a vivir un momento de aceleración de la historia, está condenada a improvisar. Por eso no tenemos que tener mala conciencia. Yo creo que nos podríamos avergonzar —no tenemos que avergonzarnos de no haber ganado—, nos avergonzaríamos de no haberlo intentado. En el libro, más bien, lo que se hace es analizar esto.

 

 

Lo que hablábamos antes, ¿qué debería hacer Junts per Catalunya?
Yo creo que, por primera vez, tenemos mala pieza en el telar con la aparición de Aliança Catalana. Porque el catalanismo político siempre ha sido progresista. Incluso el catalanismo más burgués era, en comparación con la derecha española, mucho más avanzado. Bien, esta ecuación se ha roto. Ahora aparece un independentismo xenófobo al cual hay que reaccionar, que, además, se viste de patriótico, pero no lo es en absoluto, porque poco patriota eres si odias una buena parte de la ciudadanía. Y, además, está contaminando a Junts e intentando inyectarle —cómo lo diré— nada más de tribu que de nación. El concepto de nación —y más si le pones el adjetivo republicana— es un espacio de construcción de futuro, de construcción de sociedad basada en las libertades. En cambio, la trinchera nos remite a coyunturas de cierre, de tribu; en definitiva, de matar el futuro. Y yo creo que Junts debería retornar, a mi parecer, a este catalanismo progresista. Progresista, tal vez con una mirada, desde el punto de vista social, distinta a la del republicanismo, porque nosotros tenemos influencias de carácter socialista en cuanto a cómo se debería repartir la riqueza y cómo debería ser…
Pero yo creo que el gran combate de Junts debería haber sido combatir este mal —malo— que no habíamos sufrido nunca en el mundo catalanista, que es Aliança Catalana. Y creo que, en el fondo, una parte de culpa la tienen, porque Junts, a partir del año 2018, cuando nosotros —de manera incipiente y con un zueco y una alpargata— empezábamos a hacer aquel ejercicio de reflexión sobre qué habíamos hecho bien, mal y fatal, Junts apenas se estaba refundando. Cuando un partido se está refundando tiene dos opciones: hacerlo poco a poco y bien —intentando convencer a ciudadanía no independentista pero con la cual tengas algún tipo de vinculación, por el tema social o territorial—, y a partir de ahí irte haciendo fuerte; es decir, pasar de Convergència Democràtica a Junts. En lugar de hacer eso, Junts optó —porque tenían prisa en muscularse como partido— por parasitar a Esquerra Republicana. Y, en lugar de ocupar a los indiferentes, lo que hizo es estresar a los convencidos. Para poder hacer eso, había que intentar romper los lazos afectivos y políticos entre el electorado de Esquerra Republicana y su dirección. Por eso construyeron un relato —creo que perverso y muy poco patriótico— según el cual Esquerra Republicana, el republicanismo, era sinónimo de traidor, traición, botiflerismo y rendición. ¿Por qué? Porque eso les permitía muscularse más deprisa. Bien, eso lo vivimos muy mal nosotros, sí, lo reconozco. Lo vivimos muy mal, hasta puntos casi lamentables. Recuerdo manifestaciones delante de la sede de Calabria para acusarnos de habernos rendido a los socialistas, mientras Junts pactaba con los socialistas la Diputación de Barcelona. En todo caso, yo creo que Junts, si no planta cara a Aliança, hará un muy mal servicio a Catalunya —y a ellos mismos.

Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle
Entrevista a Joan Tardà / Pau de la Calle

¿Qué le parece el acto anunciado en Barcelona entre Gabriel Rufián, Irene Montero y Xavier Domènech? ¿Qué espera de él?
Un acto de este tipo en un recinto universitario, con cientos de jóvenes que asistirán y con la presencia de Xavier Domènech para debatir el presente político y las izquierdas, tiene mucho interés y será sin duda un éxito. Ahora bien, ante las afirmaciones de Irene Montero dando por hecho el tándem electoral con el compañero Rufián, hay que recordarle a la dirigente de Podemos que son los militantes de los partidos quienes deciden las coaliciones y la manera de presentarse a las elecciones. En definitiva, solo ocurrirá si los partidos lo quieren, empezando por el mío. Por eso, Àgora Republicana pretende convencer a los afiliados de la necesidad de un Frente de Izquierdas de Catalunya en el que se integren todos los partidos políticos de izquierdas independentistas o soberanistas y favorables al ejercicio del derecho a la autodeterminación, que, sin renunciar a sus siglas, se haga realidad en el próximo ciclo electoral de elecciones españolas y catalanas. Y también en el resto de territorios de la nación: País Valencià e Illes. Y, evidentemente, también sería de interés que se conformara un Frente Popular en el resto del Estado, excepto en Galicia y Euskal Herria, donde ya existen BNG y Bildu. Sin duda, podríamos trabajar juntos con la ambición de un programa común para frenar el fascismo y avanzar hacia una ruptura republicana autodeterminista. Y, por supuesto, el papel de Rufián liderando el Frente de Izquierdas de Catalunya es imprescindible para impedir que Rajoy y Abascal lleguen a la Moncloa.

¿Qué años han sido los más duros como diputado en el Congreso?
Bueno, no lo sé, hay tantas experiencias… Pero diría que hay un gran desengaño inicial: cuando Zapatero y Mas pactan el Estatuto. Este es un momento muy doloroso porque, para nosotros, la alianza con Zapatero era estratégica, y ellos demostraron que su alianza era estrictamente táctica. Aquello que llamábamos la “táctica del clínex”: usar y tirar. De hecho, hay un momento en que Zapatero —y después Bono, en sus memorias— reconocen que ya lo tenían hilvanado. Si me lo permites, lo explico de manera muy simple: en 2004 nosotros queríamos romper la dialéctica nacida en la Transición. Esta se basaba en la relación entre el partido español de turno en el gobierno y la burguesía catalana y vasca. Por ejemplo, en 1996, Arzalluz vota la investidura de Aznar, y Convergència i Unió también. La gran novedad que representaba Esquerra Republicana era que, por primera vez en 2004, se planteaba romper esta dinámica y establecer un acuerdo entre la izquierda española —PSOE, con Rodríguez Zapatero— y, en lugar de la burguesía catalana y vasca, los partidos soberanistas periféricos: BNG, Chunta Aragonesista, Esquerra Republicana, Eusko Alkartasuna… Esta era la apuesta. Pero el PSOE nos falla y vuelve al pacto con Convergència y el PNB. Este fue un momento de desengaño porque nosotros nos creímos el proyecto y nos apuñalaron. Y no solo a Esquerra: también al PSC, a Pasqual Maragall y a José Montilla.
Después, los años de mayoría absoluta del PP y los años del proceso fueron momentos en que se valoró que las condiciones eran mejores de lo que realmente eran. Aun así, fue algo extraordinario. Y después viene el trabajo pesado del postproceso para prepararnos para encarar nuevas realidades. Esto es lo que le corresponde a una nación —o comunidad nacional— como la catalana, que, justamente porque no tiene estado, está condenada a perseverar. De hecho, la resistencia de la catalanidad no se basa tanto en la fortaleza como en la capacidad de adaptarse a cada momento histórico. Si existimos es porque hemos perseverado. Nuestros vecinos del norte, los occitanos, existen —sí, pero poco. ¿Por qué existimos nosotros? Porque hemos perseverado y hemos sido capaces de ir encontrando la manera de adaptarnos a las nuevas coyunturas históricas, muchas de las cuales son adversas. Y hoy en día, para una nación sin estado como Catalunya y los Països Catalans, las condiciones de 2017 son añoradas, porque hoy en día son mucho peores, por desgracia.