Ceuta, una situación fuera de control

Cada día que pasa en Ceuta aumenta la impresión de que al Gobierno la crisis se le está yendo de las manos. No hay día —más bien no hay hora— en que no surja una noticia que, por su gravedad, supere la anterior. Todo ello en medio de una situación de colapso político. Por la inacción del Gobierno, pero, sobre todo, por la incapacidad del presidente Pedro Sánchez para asumir la gravedad de la situación. Lejos de todo ello, el líder socialista ha adoptado una postura escapista, frívola, trasladando a la opinión pública la sensación de que la gravedad del momento le importa un pimiento. Así, ha completado sus vacaciones en la residencia de La Mareta, en Lanzarote, que han sido las más largas de un presidente desde los años 80.

O sea, a mayor crisis política, más vacaciones; parece haber sido su receta filosofal para aplacar la crisis iniciada el 30 de julio con la invasión de 80.000 marroquíes que entraron ilegalmente en España, en Europa, y que no ha sido razón suficiente para suspender las vacaciones que se han alargado del 31 de julio hasta el pasado domingo. Por si no fuera suficiente, también hemos sabido que, en principio, este no era el final del período estival. En la agenda figuraba un remate final de unos días en Andorra, tras el Consejo de Ministros del pasado martes. A falta de una versión oficial, esa nueva salida se ha suspendido tras el revuelo producido una vez que se filtró la noticia.

La pregunta es: ¿por qué el Gobierno no se puso las pilas hasta el pasado martes?

La parálisis del Gobierno en esta semana, que ha marcado una especie de breve pretemporada antes del retorno a todos los efectos a partir del próximo lunes, no es una buena señal, ya que evidencia lo que todo el mundo ve: un presidente superado por la situación. No hay conejos en la chistera y lo que hay es un listado de carpetas, a cuál más complicada: innumerables casos judiciales que afectan al PSOE, a sus colaboradores políticos de los últimos años y a su familia; una auténtica batalla sin cuartel entre dos pesos pesados del Gobierno, como son Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska; y la crisis de Ceuta, que tiene todos los ingredientes de una auténtica bomba de relojería. Solo faltaba la presencia del expresidente José María Aznar llevando a la ciudad africana un discurso que, en estos momentos, es más preocupante que un bidón de gasolina.

Ceuta es, en estos momentos, una ciudad en pie de guerra que, solo este jueves, ha impedido el paso de los camiones de Cruz Roja con comida para los inmigrantes. Unos manifestantes que, más tarde, rompieron el cordón policial, entraron en la playa de El Trampolín y quemaron campamentos de los inmigrantes. Horas antes, un vehículo militar sufrió una emboscada por parte de los inmigrantes y quedó absolutamente destrozado por las pedradas recibidas. Este es un parte reducido de los incidentes de estas horas, a los que hay que añadir la inseguridad, el colapso de los servicios básicos y la imposibilidad de recuperar la normalidad. Dice el ministro-coordinador de la situación en Ceuta, el canario Ángel Víctor Torres, que la crisis no se podrá resolver de manera inmediata. Y tiene razón. La pregunta es: ¿por qué el Gobierno no se puso las pilas hasta el pasado martes?