Sea porque el gobierno hizo aparecer al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) como los agentes de Mortadelo y Filemón —los espías más famosos del cómic español, creados por el inigualable Francisco Ibáñez— o porque realmente España no puede soportar una segunda invasión en Ceuta como la del pasado 30 de julio, Frontex y Europol están reforzando el seguimiento de las redes sociales ante el temor de que la convocatoria del 15 de agosto, para cruzar el espigón de Tarajal, acabe finalmente produciéndose. El CNI considera la amenaza creíble y descarta que sea un rumor aislado. Es más, el temor es que se acabe adelantando y la vergüenza vuelva a ser mayúscula.
La convocatoria, más masiva en las redes sociales que la del pasado julio, se produce por Facebook, TikTok, WhatsApp y Telegram y llama a concentrarse en Castillejos —cuyo nombre oficial es Fnideq—, la ciudad marroquí situada inmediatamente al otro lado de la frontera con Ceuta y a dos kilómetros del paso fronterizo de El Tarajal, el principal acceso terrestre entre Marruecos y Ceuta. Es de suponer que, más allá de prepararse mejor que hace unas semanas, el Gobierno español estará abordando con el de Marruecos el asunto si no quiere un nuevo estirón de orejas de Bruselas. Porque una cosa son las declaraciones de cierre de filas entre socios europeos y otra que se crean que Rabat es ajeno a todo lo que ha sucedido.
Van pasando los años, incluso los jefes de Estado, de Juan Carlos I a Felipe VI y de Hassan II a Mohamed VI, y el patrón de actuación siempre es el mismo: amenazar
La experiencia española con Marruecos refuerza la teoría de que primero miraron hacia otro lado con la invasión de 74.000 personas en muy pocas horas que entraron en Ceuta y después rectificaron y colaboraron. ¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué en 24 horas tuvieron dos actuaciones tan diferentes? En el primer caso, para expresar su enfado o disgusto por algún motivo, es la tesis más sólida. La Casa Real de Mohamed VI se mueve como pez en el agua en el chantaje y la obtención de contrapartidas. Una vez acordada la compensación, suele mover sus peones en sentido contrario, y esta vez no habría sido diferente. Porque van pasando los años, incluso los jefes de Estado, de Juan Carlos I a Felipe VI y de Hassan II a Mohamed VI, y el patrón de actuación siempre es el mismo: amenazar. La única diferencia es que aquí, algunos ingenuos, pensaron que el cambio de posición en el Sáhara tendría un recorrido en el tiempo mucho mayor al que ha tenido.
Sea como sea, el 15 de agosto, si acaba pasando algo, será muy diferente. Empezando porque el comisario de Migración, Magnus Brunner, está trabajando en una propuesta que incluye el refuerzo de fronteras, la aceleración de retornos, la lucha contra las mafias, una mejor coordinación entre estados y la revisión de la cooperación con Marruecos. Esa última cuestión es la que tiene que ser clave y la gran novedad, ya que tiene un arma lo suficientemente poderosa como las relaciones comerciales y la política de visados. Y aunque a muchos les gustaría que se estuviera hablando de sanciones, no está encima de la mesa. Pero quizás sí que, enseñando las uñas, se puede cambiar estar tan a expensas del humor o de las necesidades, siempre económicas, de Rabat.