Aunque, como es bien sabido, las elecciones de este domingo son para elegir a los 350 diputados al Congreso, que elegirán al próximo presidente del gobierno de España, y a los 208 senadores electos por las diferentes circunscripciones provinciales, insulares y Ceuta y Melilla, los comicios también servirán para conocer la salud de los partidos catalanes después de las pasadas elecciones municipales, los pactos realizados entre ellos y en la segunda mitad de la legislatura catalana, que celebraría elecciones si no se avanzaran en el primer trimestre de 2025. Es, por tanto, un examen para todos ellos, aunque las características propias de cada elección no permitan hacer una traslación exacta de unas a otras.

Como es normal, la primera mirada cuando se abran los colegios electorales estará puesta en los resultados de los partidos independentistas, fundamentalmente Esquerra Republicana y Junts per Catalunya. El partido de Oriol Junqueras, que ganó las elecciones de 2019 con trece escaños, es el que tiene el reto más difícil. Ninguna encuesta le vaticina los excepcionales resultados que logró hace cuatro años en unos comicios realizados justo después de la sentencia a los presos del procés y mucho menos los 15 de abril de 2019. En cambio, los sondeos sí lo sitúan alrededor de su mejor resultado, en 2016, con nueve parlamentarios.

Los republicanos mirarán en estas elecciones tres cosas: la distancia con el PSC, a quien nadie le discute que será la primera fuerza política en Catalunya, como en las pasadas municipales; en segundo lugar, el pulso con Junts per Catalunya, en esta contienda fratricida por la llamada hegemonía independentista; y, finalmente, si el Partido Popular se ha colocado por delante y ha alcanzado su objetivo de ser el segundo partido en votos y, quizás, en escaños.

En el caso de Junts, que viene de ocho diputados, aunque luego el grupo se fracturó al irse el PDeCAT, todo lo que sea quedar por debajo de esta cifra no sería un buen resultado. Necesita esta cifra para validar su estrategia, que les ha dejado en un terreno demasiado árido y con dificultades para pactos postelectorales. En este terreno, Junts ha retrocedido respecto al pasado reciente y ha visto cómo Esquerra le adelantaba a la hora de cerrar acuerdos con los socialistas en las corporaciones municipales y provinciales. 

Gobernar es pactar; pactar no es ceder. Esta frase del sociólogo francés Gustave Le Bon está en el espíritu de la política, mucho más en unos momentos en que los electores se encuentran cómodos con tantos espacios políticos que tienen su representación parlamentaria. Veremos qué sucede este domingo y cómo se reparten no solo los 350 diputados en España, que decidirán si hay nuevo gobierno de PP y Vox o vamos a una legislatura de bloqueo que precisa unas nuevas elecciones. La mirada catalana a partir de los resultados que se produzcan tendrá, a buen seguro, sus consecuencias.