El próximo domingo sabremos si la arriesgada apuesta de Emmanuel Macron convocando elecciones legislativas en Francia, tras la derrota de su formación política y el auge de la extrema derecha de Marine Le Pen, tiene visos de ser todo un terremoto en la política francesa y europea o, por el contrario, la llegada de Agrupación Nacional al poder está aún demasiado verde. La movilización de toda la izquierda, que ha hecho en un tiempo récord los deberes, para situarse como un dique de contención a Marine Le Pen parece haber funcionado. No tanto para impedir su victoria en primera vuelta el próximo día 30, pero si para condicionar la segunda, siete días después, el 7 de julio, ya que el sistema electoral francés obliga a dilucidar el cargo de diputado entre los dos mejores candidatos si ninguno de ellos ha obtenido el domingo el 50% de los votos.
Dos sondeos publicados este domingo sitúan a la formación de Le Pen entre el 35% y el 36% de los votos, entre seis y nueve puntos por delante del Nuevo Frente Popular, al que se le adjudica entre el 27% y el 29% de los votos. Más rezagada aparece la formación de Macron, que no llega al 20%. El Nuevo Frente Popular es una agrupación de izquierdas que agrupa a socialistas, ecologistas, comunistas y La Francia insumisa (izquierda radical), que deberá decidir en muy pocos días no solo como detienen a Le Pen sino también quien es su candidato o candidata a primera ministra, algo nada sencillo y que puede acabar condicionando su fuerza en segunda vuelta.
Macron necesita que Le Pen no logre la mayoría absoluta si no quiere que esté en riesgo su cargo y verse obligado a adelantar las presidenciales francesas
Por su parte, Macron, que sufrirá en el mejor de los casos una derrota importante —y si las cosas van muy mal dadas, una humillante derrota— necesita que Le Pen no logre la mayoría absoluta si no quiere que esté en riesgo su cargo y verse obligado a adelantar las presidenciales francesas previstas para mayo de 2027. Macron ha dicho que eso no va a pasar, pero una cohabitación con la extrema derecha es algo que el inquilino del Eliseo no podría gestionar, con una imagen política seriamente dañada entre los franceses, que esta semana ha vuelto a caer cuatro puntos, hasta situarse en un pobre 28%.
Después del panorama que han dejado las recientes elecciones europeas, en las que el auge de la extrema derecha ha sido importante, el termómetro francés ofrecerá una perspectiva veremos si muy alarmante. El canciller alemán Olaf Scholz advertía este domingo de los riesgos de una victoria de Le Pen para el proyecto europeísta. Convertida como está la UE en una zona donde el auge de los populismos están cuestionando el tradicional reparto de poder entre socialdemócratas, por un lado, y liberales y democristianos, por otro. La victoria de Giorgia Meloni en Italia y la buena valoración de su gestión entre los italianos es un buen banderín de enganche para otras formaciones afines. De ahí el riesgo y la amenaza.