La primera derrota del Barça de Xavi en su estadio frente al Betis ha desatado nuevamente la preocupación en un club acostumbrado a disputar siempre los títulos en todas las competiciones en que participaba, y que este año anda sumido en un tobogán de malos resultados. La derrota en la liga frente al equipo andaluz le ha situado, cuando se acerca el ecuador de la temporada, en la séptima posición de la tabla, a 16 puntos del líder —el Real Madrid— y provisionalmente fuera de posiciones europeas para la próxima temporada.

Este miércoles, además, tiene un partido trascendental en Múnich en el que debe ganar para asegurarse el pase a octavos de final de la Champions y no ser eliminado, o si no confiar en que el Benfica portugués no gane en su estadio al Dinamo de Kiev. Además de la merma de ingresos económicos que supondría una eliminación tan prematura, el Barça no cae en octavos de final desde 2007, hace 14 años, cuando los jugadores blaugranas no pudieron superar al Liverpool. A la vista está que la situación, por tanto, es la peor que ha vivido el club en mucho tiempo, tanto en el aspecto deportivo como en el financiero, donde es de sobras conocida la fragilidad en que ha quedado la entidad tras el paso por la presidencia de Josep Maria Bartomeu y las enormes pérdidas que se han conocido.

La llegada de Xavi Hernández, que es sin duda un revulsivo y conoce como pocos el club y sus necesidades, y ha sido jugador del primer equipo durante 17 temporadas, es sin duda un revulsivo. El de Terrassa es el mejor entrenador que puede tener el Barça ante la crisis que se tiene que afrontar, sin dinero en caja, con una plantilla repleta de jóvenes promesas y con las urgencias propias de un club que nunca se resistirá por su historia a no competir por títulos que, hoy por hoy, no son otra cosa que casi una misión imposible.

A Xavi hay que darle tiempo, algo a lo que el barcelonismo no está acostumbrado. Es necesario que se lo dé la junta directiva que preside Joan Laporta y también la afición. El proyecto del de Terrassa no puede ser nunca a corto plazo y eso todo el mundo lo sabe. Lo que no vale es hacerse trampas y exigir a un equipo en construcción, resultados de temporadas anteriores.

De la misma manera hay que exigir a la junta directiva que depure responsabilidades por la situación económica del club. Nadie escapará a sus responsabilidades, manifestó en agosto pasado el presidente de la entidad. Hay que confiar que será así por obligación con los socios, que en una amplia mayoría le confiaron los destinos de la entidad el pasado mes de marzo.