La semana próxima se cumplirán dos meses de la invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas ordenada por el presidente Vladímir Putin. La guerra está a poco más de tres mil kilómetros de Barcelona y en coche se puede llegar en unas 37 horas de viaje. No es exagerado decir que el conflicto bélico está a la vuelta de la esquina y, sin embargo, no ha conseguido el nivel de sensibilización que merece en la opinión pública. Las manifestaciones que se han organizado tampoco han logrado superar la cifra de unos miles de personas y el esfuerzo de los medios de comunicación por atraer la atención de lo que en algunos momentos ha parecido que podía ser el inicio de un conflicto militar a gran escala, ha tenido un impacto a la baja.

La guerra ha entrado en una especie de rutina donde la muerte de civiles acaba siendo una noticia más y el asedio de ciudades ucranianas, un ejemplo de resistencia de los defensores de un país invadido, pero poca cosa más. A estas horas, el ejemplo más claro es Mariúpol, donde se libra la batalla más mediática entre el numeroso ejército ruso y los soldados ucranianos dispuestos a luchar hasta el final. Rusia les ha instado a deponer las armas, pero el plazo ha trascurrido sin cambio alguno en medio de una resistencia casi numantina, sin agua, comida, calefacción y electricidad.

La llamada de ayuda extraordinaria de Zelenski ha caído, por ahora, en saco roto mientras los aeropuertos tienen un tránsito de turistas excepcional que no se veía desde antes de la pandemia, rozando El Prat estas fechas una capacidad de alrededor del 90%, llegando a cifras del 2019, el año mágico en todas las comparaciones que se realizan para conocer la evolución real. Tan solo, por ahora, el mercado norteamericano es el único que se resiste a dar síntomas de clara mejora, seguramente porque cualquier destino europeo es para ellos una auténtica línea roja, como viajar a un continente en guerra.

Veremos si a partir de mañana lunes, día en que la mayoría de los estados vuelven a la actividad laboral, Bruselas incluido, se tienen nuevas noticias de ayuda a los ucranianos. Está muy bien que se les preste la máxima ayuda a la hora de facilitarles alojamiento, asistencia médica, alimentación y a ser posible empleo a los casi cinco millones de personas que han huido de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa, o sea en 54 días. Una crisis de refugiados que es la mayor que vive Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Nadie habla de nueva ayuda militar a Ucrania, pero es probable que este acabe siendo en pocas semanas el único camino.