Seguramente, hay pocas noticias que puedan causar más preocupación a los usuarios del AVE entre Barcelona y Madrid que el anuncio del ministro Óscar Puente de que el Ministerio de Transportes estaba valorando suspender el tráfico de la línea de alta velocidad entre estas dos capitales durante dos años. Puede sonar en un primer momento a broma, ya que parece una noticia imposible. Pero una vez anunciada, surgen dos preguntas: ¿es el mismo ministro que el pasado mes de noviembre nos anunciaba que su departamento tenía en estudio un proyecto para hacer este recorrido en menos de dos horas y a una velocidad de 350 km por hora? En segundo lugar, ¿alguien va a poder subirse a partir de ahora al tren de alta velocidad entre Madrid y Barcelona sin que le surja entre miedo e intranquilidad cuando se ha anunciado que se estudia la renovación total de la vía?
Que el ministro Óscar Puente es un frívolo hace tiempo que lo sabemos. Que, además, es todo un irresponsable, lo estamos descubriendo estos días. En la actualidad, el corredor de alta velocidad entre Madrid y Barcelona transporta alrededor de 14,6 millones de pasajeros al año, según los datos oficiales más recientes, lo que equivale a cerca del 32 % de todo el tráfico de alta velocidad en España. Dispone de más de 60 frecuencias diarias y unas 500 semanales entre las tres compañías que operan tras la liberalización del sector, Renfe, Iryo y Ouigo, siendo la cuota del mercado de la primera compañía de alrededor del 56 %, muy por encima de las otras dos. Hasta hace poco tiempo, este trayecto se podía recorrer en unas dos horas y media, un tiempo que se ha alargado notablemente tras las últimas averías.
Si no hay AVE y tampoco hay avión, ya que el número de vuelos se ha ido reduciendo progresivamente para dar paso a la alta velocidad ferroviaria, la capital catalana corre el riesgo de quedar aislada
Es evidente que el trágico accidente de Toledo, que se ha saldado provisionalmente con casi 70 muertes, está detrás del anuncio del ministro Puente. Pero los que somos usuarios de este transporte ferroviario para desplazarnos entre Barcelona y Madrid tenemos muchos motivos para haber entrado en un estado de enorme preocupación. ¿Cuándo ha descubierto que había que cambiar toda la vía? ¿Han tenido que morir tantas personas para adoptar una decisión tan radical? Porque si no se hubiera producido el siniestro, no estaríamos hablando de ello. Al revés, seguiríamos resaltando la espléndida red de alta velocidad que tiene España y dando lecciones de que España tiene casi 4.000 kilómetros de alta velocidad y que es el país de Europa con más kilómetros y el segundo del mundo, detrás de China. Y que hay varios proyectos en marcha: la Y vasca, que permitirá conectar Bilbao, San Sebastián y Vitoria el año que viene, y el AVE a Extremadura, que va inmediatamente después.
Todo eso ya no existe. De golpe se ha evaporado y lo que enseñábamos con orgullo es hoy una gran vergüenza. En el caso de Catalunya, no solo eso: es una gran tragedia. En una España radial en la que todo se mira con la óptica de cómo se viaja desde Madrid, ese problema acaba siendo relativo. Pero en el caso de Catalunya es toda una tragedia. Si no hay AVE y tampoco hay avión, ya que el número de vuelos se ha ido reduciendo progresivamente para dar paso a la alta velocidad ferroviaria, la capital catalana corre el riesgo de quedar aislada. No es una exageración, puede acabar siendo una realidad. Habrá que recuperar el coche como medio de transporte para unir las dos ciudades, volver a los años 80. No sé si el ministro Puente, de Valladolid, es capaz de interiorizar la barbaridad que ha dicho y el negro panorama que nos ha dibujado.
En cualquier caso, a los que solo podemos echarnos las manos a la cabeza con sus barbaridades, solo nos queda pedir que su tiempo en el cargo sea el más breve posible.