Veinticuatro horas después de que Marruecos decidiera hacer pública la carta en la que España entregaba el Sáhara Occidental y, en consecuencia, abandonaba su histórica neutralidad en aras a un plan de autonomía como la base "más seria, creíble y realista" para la resolución del conflicto, estos son los daños: Argelia ha llamado a su embajador en Madrid mientras hablaba de chantaje de Marruecos y todas las miradas estaban puestas en si su airada reacción incluía alguna medida sobre el gaseoducto que llega hasta la península. El Frente Saharaui no sale de su asombro, seguramente porque desconoce de qué pasta está hecho Pedro Sánchez. Los socios del PSOE -los españoles, pero también los catalanes y vascos- están que trinan, pero eso, en política, tiene poco recorrido si no tienes una alternativa y aceptas que una y otra vez te deje desnudo ante tu electorado.

La patada que le ha dado Pedro Sánchez al tablero internacional y cómo ha sacrificado a los saharauis para satisfacer a Marruecos es de difícil digestión para la izquierda en general, cogida con el pie cambiado. No solo Unidas Podemos, que una vez más tiene que hacer el papel de la triste figura, sino en países que están geográficamente muy lejos, como algunos del cono sur como Argentina, Chile o Perú, donde los gobiernos izquierdistas reconocían el derecho a la autodeterminación del Sahara y su justa causa.

A cambio, refuerza Sánchez su alianza con Estados Unidos, que hacía tiempo que buscaba un movimiento así de España. De hecho, ya lo intentó el expresidente Donald Trump sin éxito -y tiempo- alguno. España pinta lo que pinta en el concierto internacional, pero quizás sí que ahora el presidente norteamericano Joe Biden le hará algún caso y le abrirá al fin la ansiada Casa Blanca, un objetivo que el inquilino del palacio de la Moncloa hace tiempo que persigue y, por ahora, se tiene que ir conformando con breves saludos en los pasillos de algún organismo internacional. 

Que lo del Sáhara haya coincidido con la invasión de Ucrania tiene varias lecturas: obviamente, que un conflicto bélico lo tapa todo, ya que la guerra, los muertos y el bárbaro de Putin dejan pocos, muy pocos titulares para los demás. Segundo, que hay diferentes escalas en la defensa del derecho a la autodeterminación y una mirada demasiado corta que se analiza país a país y que, obviamente, cuesta de explicar a la opinión pública. Pedro Sánchez se ha pasado por el forro el programa electoral del PSOE para las últimas elecciones de 2019; ninguna novedad. Veremos si el órdago no acaba siendo una cuestión de vanidad personal y nada más.