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El Barça empieza a preparar un verano con decisiones complicadas y una de las más delicadas puede afectar directamente al vestuario. La llegada de Anthony Gordon cambia el mapa del equipo y deja a Ferran Torres en una posición mucho más incómoda de cara a la próxima temporada. En este sentido, Hansi Flick y Deco entienden que el club necesita ajustar piezas, liberar espacio y generar margen para completar la plantilla, pero dentro del grupo la lectura es muy diferente.

Y es que Ferran no es un jugador cualquiera dentro del vestuario. El valenciano es uno de los futbolistas más queridos por sus compañeros, un perfil que siempre ha sumado, que nunca ha generado ruido y que ha aceptado distintos roles sin convertirse en un problema para nadie. Por eso, aunque desde la dirección deportiva su salida pueda verse como una operación asumible a nivel económico y deportivo, en la caseta se considera una venta especialmente dolorosa.

Flick y Deco miran el encaje deportivo

La realidad es que el fichaje de Gordon reduce el margen de acción de Ferran. El inglés puede jugar en banda, aparecer como segundo punta y asumir muchas de las funciones que el valenciano esperaba ocupar tras la salida de Robert Lewandowski. Si además llega otro delantero centro de primer nivel, el espacio se estrecha todavía más.

Ferran Torres

De este modo, Flick y Deco pueden considerar que Ferran es una de las piezas con mercado que permitiría al club obtener ingresos sin tocar a otros futbolistas considerados más estratégicos. No sería una salida por falta de profesionalidad ni por conflicto interno, sino por pura planificación. Además, el Barça necesita tomar decisiones frías. Y en ese tipo de análisis, un jugador querido puede acabar entrando en la lista si el encaje deportivo deja de ser claro.

El vestuario no quiere perder a Ferran

Pero dentro del grupo no todo se mide en minutos o cifras de mercado. Ferran tiene peso humano, buena relación con los líderes y una conexión especial con varios compañeros, especialmente con Pedri. Su marcha sería interpretada como la pérdida de un futbolista importante para la convivencia diaria. Eso explica que la posible venta genere rechazo interno. Nadie quiere ver salir a un jugador que ha mantenido siempre una actitud ejemplar y que sigue creyendo que puede ser útil.

Así pues, Ferran Torres se ha convertido en una de las decisiones más sensibles del verano. Flick y Deco pueden ver su venta como una solución razonable, pero el vestuario del Barça tiene claro que perder al valenciano dolería mucho más de lo que reflejaría cualquier balance económico.