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El vestuario del Barça empieza a mirar con recelo algunas decisiones de Hansi Flick. La posible salida de Alejandro Balde ha terminado de encender un malestar que ya existía por la gestión de Marc Casadó y Héctor Fort. Lamine Yamal es una de las voces que peor ha recibido este giro, especialmente porque considera que se está perdiendo identidad y competencia interna.

Balde no quiere marcharse y sigue sintiéndose preparado para pelear el lateral izquierdo, pero la llegada de João Cancelo y la voluntad del club de escuchar ofertas han cambiado su escenario. Dentro del vestuario cuesta entender que un jugador formado en casa, joven y con margen de mejora, pueda quedar señalado después de una temporada mala.

Casadó y Fort ya habían generado dudas

La situación recuerda a lo ocurrido con Casadó y Héctor Fort. Flick fue claro con ambos y les aseguró que tendrían pocos minutos y debían valorar una salida. Casadó pasó de ser una pieza útil a quedar muy atrás en la rotación, mientras Fort también fue empujado hacia un escenario de transferencia. Algunos compañeros creen que el técnico está siendo demasiado tajante con jóvenes que todavía podían crecer.

Barça Alavés Raphinha Balde EFE

Lamine no cuestiona la autoridad del entrenador ni va a decidir la plantilla, pero sí siente incomodidad. Su relación con Balde es muy cercana y entiende que su profundidad por la izquierda ayuda a equilibrar un ataque donde él concentra mucho juego por la derecha. También valora a Casadó y Fort como futbolistas de la casa que sostienen el ambiente diario.

Balde puede ser la gota que colma el vaso

El problema para Flick es que el debate ya no es únicamente deportivo. Cuando varios jugadores perciben que compañeros muy integrados pueden salir de forma consecutiva, el vestuario pierde estabilidad y aparecen dudas sobre el criterio utilizado. Los pesos pesados quieren entender por qué se priorizan algunas incorporaciones mientras se reduce el espacio para futbolistas que ya conocen el sistema y el club.

La salida de Balde sería la gota que colma el vaso. Flick sigue teniendo respaldo por sus resultados, pero tendrá que gestionar un grupo donde algunas decisiones han generado heridas. Lamine y otros referentes no quieren un conflicto abierto, aunque esperan más diálogo antes de ejecutar nuevas salidas. Si el técnico mantiene el plan sin explicar sus motivos, el ambiente puede deteriorarse justo cuando empieza una temporada en la que el Barça necesita unidad, confianza y un vestuario completamente alineado para afrontar todos los desafíos deportivos que vienen ahora.