Victoria solvente, estreno goleador de Martin Braithwaite, retorno de Luis Suárez y buenas sensaciones después de un parón de casi tres meses. La victoria del Barça en Mallorca tiene muchas lecturas y casi todas son positivas. La negativa, sin embargo, tiene acento japonés.

Este sábado, y tal como pasaba antes del estallido de la epidemia, la figura más destacada del conjunto balear ha sido Takefusa Kubo, un joven futbolista nipón criado en la cantera del Barça que ahora juega a Son Moix cedido por el Real Madrid.

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La historia del fichaje de Kubo por el club blanco ya la conocemos, pero el resumen para los más despistados es el siguiente. Año 2014, el extremo deja el Barça por culpa de la sanción FIFA y vuelve a Japón, donde enseguida destaca con el Tokyo FC. Cuándo alcanza la mayoría de edad, varios gigantes europeos pretenden reclutarlo, pero su prioridad es volver a Barcelona. El verano pasado, cuando él busca equipo, la secretaría técnica culé argumenta que quiere cobrar demasiado, de manera que se desentiende del tema y el Real Madrid lo acaba seduciendo.

¿El Barça se equivocó? Bien, eso es algo que todavía no se puede afirmar rotundamente, pero lo que Kubo ya ha dejado claro -también lo hizo en el Camp Nou- es que es un jugador diferente. Con sólo 19 años, el japonés es la referencia y principal amenaza de un Mallorca que lo busca constantemente. Y él no se esconde. Contra el Barça, de hecho, los dos únicos remates de los de Vicente Moreno en la primera parte han nacido de sus botas. Si fuera brasileño, Abidal y compañía quizás ya habrían llamado a su representante.