En el entorno de Red Bull hay un debate que viene de lejos. Max Verstappen no solo quiere tener el mejor coche, el neerlandés tambien quiere el mejor compañero posible dentro del paddock. Y no por comodidad, ni por ganas de buscar peleas donden no las tiene que haber. El neerlandés considera que para dominar una era no basta con un piloto fuerte y otro escudero: hace falta una dupla de máximo nivel para que el coche siempre evolucine y ambos se puedan echar una mano mientras compiten.
En los últimos años, Verstappen habría trasladado en varias ocasiones su preferencia por compartir garaje con perfiles como Fernando Alonso o Carlos Sainz. Dos pilotos más que contrastados, con experiencia en el desarrollo y capacidad de marcar diferencias en carrera. Según su idea, un compañero así no debilita al líder; fortalece al equipo y le da más opciones de ganar.
Un compañero para desarrollar el coche
La tesis de Verstappen es que cuando ambos lados del box aportan información de alto nivel, el monoplaza evoluciona más rápido. Tanto Alonso como Sainz destacan por su sensibilidad y su capacidad para detectar fallos en el equilibrio del coche y aplicar los ajustes que sean necesarios. Para un proyecto que compite al límite del reglamento, eso es oro puro.

Además, en situaciones de campeonato ajustado, contar con dos pilotos capaces de llevar a cabo estrategias conjuntas puede marcar la diferencia entre ganar o quedar segundo. Max Verstappen entiende que en ciertas temporadas el título se decide por detalles mínimos y que un segundo piloto de alto nivel puede condicionar puntos clave frente a rivales directos.
La espina del último Mundial
En el paddock todavía se comenta el último campeonato, decidido por un margen mínimo en favor de Lando Norris. Desde el punto de vista de Verstappen, disponer de un compañero del nivel de Fernando Alonso o Carlos Sainz habría permitido jugar con más variantes estratégicas en momentos críticos del calendario para restar puntos a los rivales. Algo que Tsunoda apenas pudo hacer.
No se trata solo de sumar puntos, sino de restarlos a los adversarios y de tener un aliado capaz de luchar rueda a rueda sin perder ritmo. Esa es la filosofía que el campeón defiende desde hace tiempo. En Red Bull siempre han priorizado un equilibrio interno claro, pero la idea de Verstappen no es la de un líder sin oposición, sino la de un equipo imbatible por calidad global.