En el once del Barça hay decisiones que no se explican solo desde el rendimiento individual. Hay equilibrios tácticos que pesan más que una mala tarde o que una racha irregular. Y en ese contexto, Jules Koundé mantiene su sitio por una razón muy concreta como lo es su conexión con Lamine Yamal.
Hansi Flick puede analizar números, esfuerzos defensivos o estadísticas de duelos ganados. Pero lo que ocurre en la banda derecha va más allá de los datos y de lo que reflejan las estadísticas. Lamine es el foco ofensivo del equipo, el jugador que rompe líneas y desequilibra partidos con acciones de genio absoluto. Y para que eso funcione, necesita un lateral que entienda cada uno de sus movimientos casi sin mirarlo ni hablarle.
Movimientos automáticos en la banda
Koundé ha desarrollado una sincronía casi mecánica con el extremo formado en la Masía. Cuando Lamine encara hacia dentro, el francés ocupa el carril exterior. Si el canterano fija al lateral rival, Koundé equilibra por detrás. Son movimientos repetidos, automatizados, que permiten al Barça no partirse en dos cuando el joven talento arriesga y que no se sature el espacio por el que actua la joya blaugrana.

Además, hay un detalle clave, porque Lamine no siempre baja con la intensidad defensiva que exige el sistema. Es lógico, su talento está en el último tercio. Por eso el equipo necesita a un especialista que cubra su espalda sin exigirle recorridos imposibles. Y ahí Koundé es fundamental como lateral defensivo.
Flick sabe que no puede romper el equilibrio
Sentar a Koundé no es solo cambiar un nombre en la alineación. Es alterar una sociedad que funciona. Flick sabe que puede haber alternativas más frescas o incluso más ofensivas en el lateral, pero ninguna ofrece la misma lectura defensiva ni la misma capacidad para compensar a Lamine que un Jules Koundé que es el mejor aliado posible. El técnico alemán valora el compromiso del equipo, pero también entiende que proteger a su estrella es prioritario. Si Lamine es el jugador diferencial, el sistema debe adaptarse para maximizar su impacto. Y eso implica mantener a su mejor socio en la derecha, a pesar de que no esté en su mejor momento.
No es un privilegio, es una necesidad. Mientras Lamine sea el eje ofensivo del Barça, Koundé seguirá teniendo un lugar asegurado en el once. Porque más que un lateral, es la pieza que sostiene el equilibrio cuando el talento se suelta.