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Lamine Yamal no atraviesa sus días más cómodos dentro del vestuario del Barça. El joven atacante ha mostrado cierto malestar por cómo se están gestionando las salidas de varios de sus mejores amigos dentro de la plantilla, una situación que le afecta directamente en lo personal y que explica algunas de las caras largas que se han visto en las últimas semanas.

El problema no tiene una solución sencilla porque no depende únicamente de darle minutos o de hablar con él. Lamine entiende que el club debe tomar decisiones deportivas, pero no le ha gustado la manera en la que se ha tratado el futuro de futbolistas con los que mantiene una relación muy estrecha. Casadó, Héctor Fort y Balde forman parte de ese núcleo joven con el que se siente especialmente identificado.

Las salidas de sus amigos han afectado más de lo esperado

Dentro del Barça son conscientes de que Lamine lo vive todo de forma muy emocional y que es un chico sensible. No se trata solo de compartir entrenamientos, sino de haber creado un grupo muy unido con jugadores de su generación. Por eso, cuando varios de ellos aparecen constantemente vinculados a una salida, el impacto va mucho más allá de lo estrictamente futbolístico.

Lamine Yamal Alejandro Balde celebracio gol Barça Europa Press

Además, el atacante considera que algunos de estos casos se podrían haber gestionado con más tacto. No quiere imponer decisiones ni condicionar la planificación deportiva, pero sí espera que el club valore el peso humano que tienen ciertos futbolistas dentro del grupo y lo que supone romper de golpe una parte importante de esa convivencia.

Flick tendrá que gestionar una situación delicada

Hansi Flick sabe que no puede construir una plantilla pensando únicamente en las amistades del vestuario. Si considera que determinados jugadores no encajan o pueden dejar una buena venta, defenderá esas decisiones. Al mismo tiempo, tampoco puede ignorar el estado de ánimo de su futbolista más determinante. Ahí aparece el verdadero problema. El Barça necesita mantener a Lamine Yamal cómodo y concentrado, pero tampoco puede prometerle que sus amigos seguirán únicamente para evitar su enfado. La solución pasa por hablar, explicar cada movimiento y evitar que el jugador sienta que existe una persecución contra su entorno más cercano.

Las caras largas, por tanto, no responden a una cuestión deportiva personal. Lamine sigue siendo intocable para Flick. Lo que le incomoda es ver cómo el grupo con el que se siente más protegido empieza a romperse. Y eso, a diferencia de un problema táctico, no se arregla simplemente cambiando una alineación.