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Hansi Flick observa la final del Mundial entre España y Argentina con una preocupación que va mucho más allá del resultado. Lamine Yamal llega tocado al partido contra Leo Messi, después de entrenar con un vendaje en la pierna y trabajar entre algodones en los días previos. En la selección transmiten calma, pero en el Barça el miedo es evidente: que vuelva lesionado antes de empezar una temporada clave.

Lamine quiere jugar la final porque sabe que está ante una noche histórica y no se la puede perder. Enfrentarse a Argentina, con Messi enfrente, no es un partido cualquiera. Es una cita que puede marcar su carrera y que ningún futbolista quiere perderse. El problema es que esa ambición puede tener un precio físico alto.

Flick mira más allá del Mundial

Luis de la Fuente cuenta con Lamine y todo indica que estará disponible para la final. La federación española habla de molestias controladas, de gestión de cargas y de precaución. Pero Flick no piensa solo en el domingo. Piensa en agosto, en la pretemporada, en el inicio de Liga y en un Barça que necesita a su jugador más desequilibrante desde el primer día.

Lamine Yamal y Pedro Porro, durante un entrenamiento con España / Foto: EFE

El técnico alemán sabe que Lamine ha soportado una carga enorme durante todo el curso. Ha sido decisivo con el Barça, importante con España y protagonista en un Mundial durísimo. A su edad, el talento parece no tener límite, pero el cuerpo sí. Y un problema muscular, si se fuerza en una final, puede convertirse en lesión de varias semanas.

El Barça cruza los dedos

En el Barça no van a pedir públicamente que no juegue, porque sería imposible entenderlo antes de una final. Pero internamente el temor existe. Si Lamine termina tocado, Flick podría perderlo para el arranque de la próxima temporada o tener que dosificarlo cuando más lo necesita.

La situación es delicada porque el jugador siempre quiere estar. Lamine no se esconde, pide la pelota y asume responsabilidad aunque no esté al cien por cien. Esa mentalidad encanta a Flick, pero obliga a protegerlo. La final contra Messi puede ser el gran escaparate de Lamine, pero también una noche de riesgo. Flick espera que España lo cuide, que no se fuerce más de la cuenta y que vuelva sano. Porque el Barça no solo necesita su magia; necesita que llegue entero.