Ebrima Tunkara se ha convertido en uno de los nombres que más ilusión generan en el Barça. Con solo 16 años, el atacante ha aprovechado la pretemporada para convencer a Hansi Flick, que ha trasladado a la dirección deportiva una orden clara: no quiere escuchar ofertas por él, independientemente de la cantidad o del club que pregunte.
La confianza del entrenador es total porque ve en Tunkara un talento capaz de seguir una evolución parecida a la que vivió Lamine Yamal. No significa que espere el mismo impacto inmediato, pero sí que considera que posee condiciones especiales como para arriesgarse a perderlo ahora. Toda esa velocidad, desborde, cambio de ritmo y personalidad explican esa protección sobre la figura del de Mataró.
Flick no quiere repetir errores con una joya
Durante la pretemporada, Tunkara ha dejado detalles suficientes para desatar la ilusión. Ha marcado, ha asumido responsabilidades frente a jugadores mayores y el técnico incluso lo ha probado como falso nueve. Su capacidad para moverse entre líneas y atacar desde distintas alturas ofrece soluciones que el primer equipo todavía está buscando en este inicio de temporada.

Las ofertas comienzan a aparecer porque otros clubes conocen la dificultad que supone abrirse camino en una plantilla como la del Barça. Algunos estarían dispuestos a ofrecerle minutos inmediatos y un proyecto construido alrededor de su crecimiento. Flick, sin embargo, considera que aceptar dinero ahora sería hipotecar una pieza que puede multiplicar su valor y convertirse pronto en futbolista importante.
El Barça lo protege como hizo con Lamine
La comparación con Lamine nace sobre todo del plan que Flick quiere construir. Cuando un talento diferencial aparece tan joven, el técnico prefiere integrarlo progresivamente en dinámica del primer equipo, controlar sus minutos y evitar una cesión que lo aleje del modelo azulgrana. Tunkara alternará partidos con el filial y entrenamientos con los mayores, siempre bajo supervisión.
Por eso Deco tiene instrucciones de bloquear cualquier propuesta que llegue por él. Ni venta, ni cesión, ni nada. Flick considera que el techo de Tunkara todavía está muy lejos y que esta temporada debe servir para acelerar su adaptación, no para buscarle destino. El Barça necesita cuidar a sus mejores talentos antes de que otros clubes los conviertan en oportunidades de mercado. Lamine fue protegido cuando todavía era una promesa y terminó explotando mucho antes de lo previsto. Flick no asegura que Tunkara vaya a repetir aquella historia, pero está convencido de que dejarlo marchar ahora sería asumir un riesgo innecesario. Su apuesta es clara: quedarse, crecer y esperar su momento.