Hansi Flick sigue perfilando cómo quiere construir el Barça de la próxima temporada y una de las conclusiones que empieza a ganar peso dentro de los análisis tiene que ver con el tipo de delantero que encaja realmente en su idea de juego. En ese escenario aparece Marcus Rashford, un jugador que tiene muchas opciones de volver después de la cesión, pero que genera algunas dudas.
Y es que más allá del talento ofensivo o de la capacidad para decidir partidos, Flick da una importancia enorme al comportamiento sin balón. El técnico alemán entiende que la presión alta no es negociable y que todos los jugadores ofensivos deben sostener el esfuerzo colectivo. Precisamente ahí es donde aparecen las principales reservas alrededor del atacante inglés.
Flick quiere compromiso constante en la presión
La realidad es que una de las cosas que más valora el entrenador es la intensidad sostenida el el trabajo sin balón durante todo el partido. No basta con correr mucho en acciones puntuales ni con aparecer solamente en ataque. Flick exige presión coordinada, sacrificio defensivo y lectura colectiva para recuperar rápido el balón.
De este modo, dentro del análisis que se hace del jugador existe la percepción de que en varios momentos de la temporada le ha faltado continuidad en ese trabajo invisible. En determinadas fases del juego, el rendimiento sin balón no habría estado al nivel que exige el modelo del técnico alemán. Además, dentro del vestuario existen referencias muy claras. Raphinha es un ejemplo perfecto de lo que quiere y necesita Flick y Rashford está lejos de ser como el brasileño.
El encaje genera más dudas que el talento
Eso no significa que Flick dude del nivel de Rashford ni de su capacidad para decidir partidos con su talento. El problema aparece cuando se analiza si el esfuerzo colectivo encaja con la identidad que quiere construir.
En el Barça consideran que el rendimiento ofensivo debe ir acompañado de compromiso constante y ahí nace el debate. Así pues, el técnico alemán empieza a asumir una decisión incómoda. Rashford sigue siendo un futbolista diferencial, pero el Barça no quiere pagar por un talento que obligue a sacrificar la estructura colectiva. Y si el esfuerzo sin balón no convence del todo, el fichaje puede dejar de parecer tan claro como hace unos meses.
