El Barça ha encendido las alarmas tras lo ocurrido en la eliminatoria ante el Atlético de Madrid. Más allá del mal resultado, hay un problema que preocupa seriamente a Hansi Flick, como lo son las expulsiones que dejan al equipo en inferioridad en momentos clave de grandes partidos. Algo que ya ha pasado en demasiadas ocasiones de forma reciente
Y es que no ha sido un caso aislado. Tanto en la ida como en la vuelta, el Barça ha sufrido situaciones similares que han condicionado el desarrollo de los partidos. Y es que la expulsión de Eric Garcia fue el detonante de todo.
Una norma interna para cortar el problema
El técnico alemán ha decidido tomar medidas. Cansado de ver cómo el equipo se queda con uno menos por acciones evitables, ha establecido una norma interna clara dentro del vestuario.
La realidad es que Flick considera que estas expulsiones no responden a lances inevitables del juego, sino a errores de concentración o decisiones precipitadas. Y eso, en su idea, no se puede permitir ni tolerar más. A partir de ahora, cualquier jugador que vea una tarjeta roja por este tipo de acciones sin justificación tendrá consecuencias importantes de cara al futuro. No se trata solo de lo que ocurre en el campo, sino del impacto colectivo que tiene en el equipo. Ya que, como se ha visto, esto acaba con el Barça fuera de la Champions.
Tolerancia cero con los errores evitables
El mensaje es muy claro, ya que quien no controle este tipo de situaciones, tendrá problemas en el Barça. Flick quiere un equipo competitivo, pero también disciplinado y que entienda lo que debe hacer en cada momento. La realidad es que jugar con uno menos en partidos de máxima exigencia condiciona cualquier plan. Y repetir ese error en dos partidos consecutivos ha sido el detonante. Además, el técnico entiende que este tipo de fallos no solo afectan al resultado, sino también a la imagen y a la fiabilidad del equipo.
De este modo, el Barça busca corregir una debilidad que se ha repetido en momentos clave de la temporada. Así pues, Flick ha marcado una línea roja. La exigencia sube y el margen de error se reduce. Porque en este Barça, quedarse con diez ya no será solo un problema puntual, sino una responsabilidad directa para quien lo provoque.
