El Barça de Hansi Flick funciona bajo normas muy claras y con tolerancia cero hacia las indisciplinas. El técnico alemán ha dejado claro desde el primer día que el talento no basta si no va acompañado de trabajo, sacrificio y compromiso. Y uno de los jugadores que está bajo vigilancia es Marcus Rashford, cuyo comportamiento defensivo no termina de convencer al entrenador.

Flick considera que el Barça necesita intensidad para competir al máximo nivel y que ningún futbolista puede descolgarse del sistema. En este contexto, el inglés ha recibido un aviso, porque si repite las indisciplinas en la presión, habrá castigo.

La presión es innegociable para Flick

El gran problema de Rashford para Flick no está en su calidad ofensiva, que nadie discute, sino en su falta de regularidad en el trabajo sin balón. El técnico alemán basa buena parte de su modelo en la presión alta, la solidaridad defensiva y el esfuerzo coordinado de todos los atacantes. Y ahí, Rashford no cumple como se espera.

EuropaPress 7174053 marcus rashford of fc barcelona in action during the spanish cup copa rey
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En los partidos en los que el inglés se ha relajado en tareas defensivas, Flick ha tomado nota. Para el entrenador, un extremo que no aprieta al lateral rival, que no cierra líneas de pase o que desconecta tras pérdida rompe el equilibrio del equipo. Y eso es algo que no está dispuesto a permitir, por muy mediático que sea el nombre del jugador.

Comparaciones que dejan en evidencia al inglés

Dentro del vestuario, Flick utiliza ejemplos muy concretos. Raphinha y Ferran Torres representan exactamente el perfil que quiere: futbolistas intensos, constantes, comprometidos incluso cuando no brillan en ataque. Ambos corren, presionan y se sacrifican por el equipo, y eso les garantiza minutos y confianza. Rashford, en cambio, vive en una situación límite. Flick ya le ha comunicado que, si no corrige su actitud, su rol puede pasar a ser residual. El castigo será deportivo: banquillo, pérdida de importancia y desaparición progresiva de las rotaciones.

El mensaje es contundente y ya está encima de la mesa. Si Rashford no trabaja como se le exige, pagará las consecuencias. En el Barça de Flick, el colectivo estáa por delante de cualquier nombre propio.