Queralt Castellet se ha quedado lejos de las opciones de medalla en la final olímpica de halfpipe de Milán-Cortina 2026. La rider de Sabadell no ha podido completar ninguna de las tres bajadas como quería y las caídas la han penalizado en una prueba donde cualquier error se paga carísimo. Aun así, ha cerrado la final en décima posición. La medalla de oro ha sido para la surcoreana Gaon Choi, la plata para Chloe Kim y el bronce para Mitsuki Ono.
En su actuación de la final, Castellet no ha empezado bien y ha caído en la primera ronda. En la segunda, tampoco ha tenido suerte y otro error la ha dejado con 24,00 puntos, muy lejos de las notas necesarias para entrar en la lucha por el podio. En la tercera y definitiva, cuando necesitaba una bajada limpia para darle la vuelta al resultado, ha vuelto a caer en el tramo final y ha acabado con 33,50 puntos, un desenlace que también le ha impedido optar a un segundo podio olímpico consecutivo, una hazaña que la habría convertido en la primera atleta catalana y española en conseguirlo.
No era el día.
— Teledeporte (@teledeporte) February 12, 2026
Queralt Castellet no podrá repetir medalla olímpico tras un error en el último truco de la tercera bajada. #JJOOInviertoRTVE pic.twitter.com/lQ9Egr5n2N
Una trayectoria que ya es historia
Castellet ha vuelto a competir en una final olímpica con el peso de una trayectoria que ya es historia del snowboard. A 36 años, ha disputado sus sextos Juegos Olímpicos y ha vuelto a plantarse entre las mejores en una disciplina que no para de subir el listón. Y no es una presencia más: ha firmado su quinta final olímpica consecutiva y ha confirmado una longevidad extraordinaria en un deporte que cambia a toda velocidad. En su palmarés olímpico brilla la plata de Pekín 2022 y, más allá del metal, su valor es la constancia. Año tras año, generación tras generación, Castellet se ha mantenido arriba, convertida en un referente de los deportes de invierno y en una figura capaz de competir de tú a tú con las mejores del mundo.
Un camino hasta la final muy exigente
El camino hasta esta final también había sido exigente. Castellet se había ganado el billete con la séptima mejor nota de la calificación (81,00 puntos), en una sesión de altísimo nivel en la que el corte para entrar entre las doce finalistas se había situado en 75 puntos. La catalana había completado dos bajadas sólidas, repitiendo una secuencia de trucos y mejorando especialmente la segunda, con más altura y más limpieza en la ejecución. Ella misma ya había advertido que el margen es mínimo y que, hoy en día, hasta que no tienes 80 puntos no te puedes sentir del todo segura.

La final se ha disputado, además, dentro de un contexto que explica por qué el halfpipe es cada vez más competitivo. Castellet ha sido la única europea en una lista dominada por riders de los Estados Unidos y, sobre todo, de Asia, con una nueva generación muy joven de Japón, China y Corea que está elevando el listón con más dificultad y más riesgo. Además, la catalana ha llegado a la cita con un hándicap añadido, ya que ha competido con una férula en el hombro izquierdo, lesionada semanas atrás. Todo ello ha situado su actuación en un escenario de exigencia máxima, en el que la experiencia, la adaptación y la capacidad de mantener la calma continúan siendo claves para competir entre las mejores del mundo.