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París, 18 de abril de 1951. Hace 75 años. Los gobiernos de Francia, de la República Federal Alemana, de Italia, de los Países Bajos, de Bélgica y de Luxemburgo firmaban el Tratado del Carbón y del Acero. Poco después, el 25 de marzo de 1957, hace 69 años y en Roma, los mismos socios firmaban una ampliación del primer tratado que llamarían Constitutivo de la Comunidad Económica Europea y que, pasado el tiempo, se transformaría en el Acta de la Unión Europea (1986) y en el Tratado de la Unión Europea (1992). Pero la idea primigenia de aquel proyecto surgió mucho antes, en las mazmorras de una penitenciaría de presos políticos del régimen fascista de Mussolini, emplazado sobre la minúscula, yerma y solitaria isla de Santo Stefano, en el mar Tirreno, a 40 millas al oeste de Nápoles.

En 1941, diez años antes del Tratado de París y dieciséis años antes del Tratado de Roma, y este año hace 85 años, en una celda de aquella sórdida mazmorra de Santo Stefano, los periodistas Altiero Spinelli y Ernesto Rossi, y el profesor de filosofía Eugenio Colorni, condenados y recluidos por su disidencia al régimen fascista, firmaban el "Manifesto de Vertotene" (el nombre contemporáneo de la vecina isla de Pandataria, punto obligado de paso entre la libertad y la reclusión y viceversa), que en su título del preámbulo proclamaba "Per un’Europa libera e unita" (Por una Europa libre y unida). Aquel manifiesto inspiraría la creación de un proyecto de unidad europea que nacería en París (1951) y se confirmaría en Roma (1957), pero que había sido concebido en una mazmorra de presos políticos en medio del mar (1941).

Mapa de las islas Vertotene y Santo Stefano (finales del siglo XVIII) / Fuente: Catalogo del Beni Culturali. Ministerio de Cultura de Italia

El remoto origen penitenciario de Santo Stefano

La isla de Santo Stefano tenía una larguísima historia penitenciaria. Bien sea por su situación —un islote minúsculo, yermo y solitario— o bien sea por su proximidad —pero lo suficientemente lejana de Roma y de Nápoles—, el caso es que durante 2.000 años su razón de ser ha sido la de presidio. Las fuentes históricas revelan que en el año 2 a.C. (hace 2.228 años), el emperador romano Augusto (el primero de una larga nómina de emperadores y el que, hacia el 27 a.C. había valorado la posibilidad de trasladar la capitalidad del Imperio a Tarraco), ordenó el destierro de su única hija: Julia, condenada por adulterio. Santo Stefano iniciaba su historia penitenciaria con una reclusa ilustre, pero que no había sido condenada por razones políticas.

Las primeras presas políticas

Julia fue la primera convicta de la historia de Santo Stefano, un islote circular de 400 metros de diámetro, totalmente deshabitado. Naturalmente, la hija del emperador, por su condición social, no fue como una simple "robinsona", sino que la acompañó —a la fuerza— la parte más cercana de su servicio. No sabemos si por complicidad con los pretendidos delitos de la dueña o simplemente porque, cuando estalló el escándalo, se encontraban en el lugar más inoportuno. En cualquier caso, aquella experiencia punitiva debió dar los resultados esperados. Porque a Julia la siguieron su hija Agripina —nieta de Augusto— y sus nietas Julia Livila y Agripina la menor —bisnietas de Augusto—. Estas, sin embargo, acusadas de conspiración contra el emperador. Serían las primeras presas políticas de Santo Stefano.

Mapa de la isla de Santo Stefano (finales del siglo XVIII). Fuente: Catalogo del Beni Culturali. Ministerio de Cultura de Italia

¿Durante la Edad Media, también fue una prisión?

Con la caída del Estado romano (siglo V) desaparecen las noticias de Santo Stefano. Pero, aun así, es más que probable que, durante la larga Edad Media (siglos V a XV), los poderes establecidos en la península (los Estados Pontificios y el reino de Nápoles) le hubieran reservado la misma función que había tenido en la época romana. Probablemente, también, de la disidencia originada entre las élites de aquellas sociedades (la de las clases humildes iba, directamente, a la horca). En cambio, en la vecina isla de Pandataria —actualmente denominada Ventotene— se habría desarrollado una comunidad de campesinos y de pescadores originaria de la península que se habría establecido durante la decadencia del Estado romano y el proceso de ruralización de la sociedad romana (siglos III-V), pero que nunca pasó del centenar de personas.

Santo Stefano: la temible mazmorra de los Borbones napolitanos

Superada la Edad Media, con el mundo en plena Edad Moderna y al mismo tiempo que el gobierno de Francia completaba el proceso revolucionario —guillotinaba a Luis XVI y María Antonieta e instauraba la I República (1793)—, el rey Fernando IV de las Dos Sicilias —de la rama borbónica napolitana creada por Felipe V de España (1735)— ordenaba la construcción de la gran mazmorra de la isla de Santo Stefano (1793). Una edificación de planta circular, de tres plantas, con 99 celdas por planta, destinada a meter allí a los “delincuentes más peligrosos” de su reino: la disidencia al régimen absolutista y oligárquico de los Borbones de Nápoles, es decir, los revolucionarios napolitanos y los independentistas sicilianos. En cambio, los capi di famiglie de la Camorra (la versión napolitana de la mafia), los mantuvo sentados en su Consejo de Ministros.

Plano de planta del presidio de Santo Stefano (finales del siglo XVIII). Fuente: Catalogo dei Beni Culturali. Ministerio de Cultura de Italia 

De los Borbones a Mussolini

Santo Stefano seguiría siendo un presidio después de la unificación italiana y durante toda la etapa de la monarquía de los Saboya (1861-1946) y los primeros compases de la República (1946-1965). Especialmente, durante el régimen dictatorial de Mussolini (1922-1943). Durante la etapa fascista sería la peor penitenciaría destinada a depurar la disidencia al régimen. Recluirían desde democristianos hasta comunistas, pasando por socialistas, anarquistas o independentistas sicilianos. Otro ilustre preso de Santo Stefano sería un joven Sandro Pertini, recluido entre 1926 y 1932, que más tarde se convertiría en el 7.º presidente de la República italiana (1978-1985). Posteriormente, se lo recordaría con aquella desenvuelta y entrañable expresión de alegría la tarde que Italia ganó el Mundial de fútbol de 1982. Medio siglo después de su liberación.

Plano de alzado del presidio de Santo Stefano (finales del siglo XVIII). Fuente Catalogo del Beni Culturali, Ministerio de Cultura de Italia