Barcelona, 26 de mayo de 1925. Hace 101 años. Veinte meses después del golpe de Estado del general Primo de Rivera, que había puesto fin a medio siglo de régimen constitucional. El rey Alfonso XIII —que había apoyado entusiásticamente el golpe de Estado y que conservaba la categoría de jefe de Estado— y su familia llegaban a la ciudad en visita oficial. Poco antes, el gobernador civil de la provincia, el general Joaquín Milans del Bosch y Carrió —abuelo del golpista del 23-F— había ordenado que las "Juntas de Acción Social" —un cuerpo parapolicial creado por el régimen dictatorial para reprimir la oposición, sobre todo en el ámbito de la Iglesia catalana— informaran de cualquier movimiento comprometedor. Sobre todo si este movimiento tenía un carácter reivindicativo catalanista.

¿Cómo era la España de 1925?
Cuando Alfonso XIII llegó a Barcelona, hacía veinte meses que el general Primo de Rivera —con el apoyo entusiasta del Rey, de las clases extractivas madrileñas y de una parte de las burguesías catalana y vasca— había asaltado el poder con una receta que, pretendidamente, debía sacar a España de la crisis económica y acabar con la lacra del pistolerismo. Y se había inspirado en el modelo que Mussolini había impuesto en Italia, con el golpe de Estado de 1922. Los reyes —Víctor Manuel III en Italia y Alfonso XIII en España— conservaban la categoría de jefes de Estado. Pero el gobierno estaba en manos de un régimen dictatorial, dirigido por Mussolini en Italia y por Primo de Rivera en España.
¿Cómo era la Catalunya de 1925?
El régimen dictatorial de Primo de Rivera había intervenido y desmantelado la Mancomunitat, el organismo creado para restaurar el autogobierno perdido en 1714. Y había promulgado una batería de leyes que proscribían partidos políticos, sindicatos y ateneos, y que prohibían, entre muchas otras cosas, el uso público de la lengua catalana, la exhibición pública de la senyera o la interpretación en público de "Els Segadors". Durante la visita de Alfonso XIII se produciría un hecho muy relevante que marcaba el horizonte de una parte del movimiento opositor clandestino: el Complot del Garraf, el intento de asesinato del rey y de su familia a manos de la organización independentista Bandera Negra, y que no tuvo éxito a causa, muy reveladoramente, de una delación que procedía de su núcleo.

¿Qué pasó durante la visita de Alfonso XIII?
El 26 de mayo de 1925, el rey y su familia llegaron a la capital catalana y fueron cumplimentados por las autoridades del régimen en la ciudad: el alcalde Dario Rumeu; el gobernador civil general Milans del Bosch; el gobernador militar general Martínez Anido y el capitán general Barrera Luyando. Después de la recepción en las Casas Consistoriales, estaba prevista una exhibición sardanista en la plaza Sant Jaume. Pero... oh, sorpresa!!!, alguien —probablemente un infiltrado de las Juntas de Acción Social en las collas sardanistas— informó de que la cobla había previsto tocar "la Santa Espina". Y la reacción del régimen fue fulminante: se prohibió tocar esta pieza, bajo la amenaza de sanción de 5.000 pesetas (el equivalente actual a unos 25.000 euros).
¿Por qué el régimen dictatorial prohibió "la Santa Espina"?
La primera estrofa de "la Santa Espina" dice: "Som i serem gent catalana, tant si es vol com si no es vol, i no hi ha terra més ufana, sota la capa del sol". Y el aparato gubernativo del régimen dictatorial reaccionaría proclamando: "La 'Santa Espina' es un himno representativo de odiosas ideas y de criminales aspiraciones (...) y no es lícita y moralmente aceptable escuchar su música con el mismo respeto y reverencia que se tributa al himno nacional. Por lo tanto, queda terminantemente prohibida su audición en presencia de S.M. el Rey". Probablemente debió ser lo mismo que, ciento un años más tarde (2026), pensaron los mandos de la Conselleria de Interior de la Generalitat durante la visita del papa León XIV a Barcelona, con el pringoso operativo contra los cantores de la Sagrada Familia que tenían que interpretar "Els Segadors".

El papel del PSOE en la dictadura de Primo de Rivera
Hay dos datos que son definitivos e irrefutables. La primera es que "Els Segadors" es el himno nacional y oficial de Catalunya. Lo es desde que el Parlament de Catalunya lo aprobó el 25 de febrero de 1993, hace treinta y seis años. Pero que, por la naturaleza de su letra, ha sido insistentemente denostado por el nacionalismo español. Tanto el de derechas como el de izquierdas. Y la segunda es que el PSOE es el único partido de tradición democrática que ha colaborado con un régimen dictatorial. Cuando se prohibió la audición de la "Santa Espina", hacía siete meses (25 de octubre de 1924) que los dirigentes socialistas Francisco Largo Caballero (secretario general de la UGT) y Julián Besteiro formaban parte del Consejo de Estado del régimen dictatorial.
Largo Caballero y Besteiro
La misión de Largo Caballero y Besteiro era la de asesorar al gobierno en materia de leyes, decretos, reglamentos y garantías civiles. Por lo tanto, la participación del PSOE en la construcción y ejecución de la represión dictatorial contra la identidad catalana está fuera de cualquier duda. Largo Caballero y Besteiro —y muchos otros dirigentes del PSOE del momento— lo justificarían como una servidumbre que debían pagar por su pretendida responsabilidad de partido de gobierno (hasta entonces, nunca habían gobernado). Sea como fuere, con el PSOE junto a Primo de Rivera, se mantuvo la prohibición del uso público del catalán, de la exhibición de la senyera y de la interpretación de "Els Segadors" y de la "Santa Espina", entre muchas otras cosas. Y el 14 de junio de 1925, se ordenó la clausura del campo de Les Corts y se forzó la dimisión de Hans Gamper.
