Melilla (capital del Protectorado español del Rif), 17 de julio de 1936. Hace 90 años, 17 horas y 17 minutos. Juan Seguí Almuzara, general del ejército español en la reserva activa, ordenaba el levantamiento de todas las guarniciones españolas de la ciudad. El general Seguí actuaba de acuerdo con el plan redactado por el general Mola, llamado el Director en los cenáculos golpistas. Este plan era el resultado de varias reuniones preparatorias que se habían celebrado desde marzo de 1936 y que ni fueron tan discretas ni fueron tan clandestinas como podríamos pensar. En junio de 1936, un destacado grupo de militares golpistas celebraba una de las últimas y definitivas reuniones en el bosque de Las Raíces, en Tenerife. Y la pregunta es: ¿realmente, la guerra civil española comenzó en julio de 1936?
El mito del estallido de la guerra
El mando de la rebelión había planificado un golpe de Estado rápido y violento para alcanzar el poder del Estado en 72 horas. Al día siguiente de la rebelión en el Rif, 18 de julio, las guarniciones militares de la Península tenían que secundar la rebelión. Y al día siguiente, 19 de julio, los cuarteles de Catalunya (el único territorio autónomo de la Península) se tenían que sumar a la rebelión y completar el plan. Los golpistas aseguraron la primera fase: el control del Rif. Pero en el despliegue de la segunda surgieron las primeras dudas. Se impusieron en plazas estratégicamente importantes como A Coruña, León, Burgos, Vitoria, Pamplona, Zaragoza, Sevilla y Palma. Pero fracasaron en otras más importantes, como Madrid, Bilbao o Valencia, porque los mandos militares de dichas plazas no se atrevieron a sacar el ejército a la calle.
Ahora bien, el fracaso definitivo del golpe de Estado se escribiría en Barcelona. En la capital catalana, el general Goded —llegado en hidroavión desde Palma después de poner Mallorca bajo control de los rebeldes— sacó el ejército a las calles. Pero las fuerzas leales a la Generalitat (Mossos d'Esquadra, Guardia de Asalto y Guardia Civil) y miles de milicianos armados (de la CNT, del PSUC, del POUM y de Estat Català) les presentaron batalla; Barcelona sería la única ciudad de la República que derrotaría la rebelión con las armas (19 y 20 de julio). Tras la batalla de Barcelona, el Estado español había quedado dividido en dos masas de pesos parecidos, incapaces de imponerse la una a la otra. El plan del Director había fracasado y lo que tenía que ser un golpe de Estado rápido y violento de 72 horas se transformaba en un conflicto bélico que duraría tres años.
Pero, ¿cuándo empieza de verdad aquel conflicto?
La investigación historiográfica revela la existencia de unas primeras reuniones conspirativas en diciembre de 1935, coincidiendo con la crisis política provocada por el escándalo del estraperlo. La implicación de varios ministros y alcaldes del PRR de Lerroux (liberal y jacobino) en el caso de las ruletas fraudulentas había provocado la inesperada y estrepitosa caída del gobierno central (octubre, 1935). Con anterioridad, el ejecutivo de Lerroux, con la colaboración de la CEDA de Gil-Robles y el PAE de Martínez de Velasco (el tripartito de derechas del Bienio Negro, 1934-1936), había derogado buena parte de las leyes progresistas de los gobiernos anteriores… y, tras los Fets d'Octubre de 1934, había encarcelado e intervenido el Govern de Catalunya, que las clases conservadoras españolas consideraban la peor amenaza para la unidad de España.
La caída de Lerroux abría el escenario a un posible regreso al anterior paisaje político progresista. Y esta posibilidad —que se acabaría confirmando en las elecciones de febrero de 1936— inquietaba enormemente a los sectores más reaccionarios de la España del momento. Ahora bien, la misma investigación historiográfica revela que la primera reunión en la que realmente se consensúa la estrategia de un golpe de Estado y la dirección de un nuevo poder se produciría en Madrid, en casa de José Delgado y Hernández de Tejada —agente de bolsa y amigo personal de Gil-Robles— el 8 de marzo de 1936, tres semanas después del triunfo electoral de las plataformas progresistas Frente Popular —en España— y Front d’Esquerres —en Catalunya— y una semana y media después de la amnistía al Govern de Catalunya y de la restauración del autogobierno catalán.
¿Quién intervino en aquella primera reunión?
La importancia de aquella reunión radica en los nombres de los personajes que intervienen. Son los mandos militares que, poco después, asumirían el protagonismo de la rebelión y de la guerra: los generales Franco, Mola, Fanjul, Saliquet, Ponte, Orgaz Yoldi, Rodríguez del Barrio y García de la Herrán, y los coroneles Varela y Galarza. Y radica, también, en que aquella reunión —de ocho generales y dos coroneles— se celebrara sin que nadie lo supiera o lo impidiera. En este punto es donde entraban en juego una serie de elementos contrarios a la República, pero que, paradójicamente, controlaban el aparato de seguridad del Estado. Como, por ejemplo, Santiago Martín Báguenas, un comisario de la Dirección General de Seguridad con un siniestro historial de torturas y crímenes contra activistas de izquierda o catalanistas y amigo personal de Mola.
En aquella reunión se decidió organizar un levantamiento militar, que se debía producir en el plazo de unas cuatro semanas, pero que, posteriormente, el mismo núcleo dirigente golpista retrasaría hasta julio por razones estratégicas. Los golpistas acordaron que el movimiento sería dirigido por el general José Sanjurjo, que en aquel momento estaba expatriado en Portugal y que moriría en extrañas circunstancias cuando se dirigía a Sevilla para liderar el golpe de Estado. Acordaron que se eliminaría físicamente a Manuel Azaña, presidente del gobierno (esta era la tarea asignada al policía Martín Báguenas). Y acordaron, también, que se derrocaría y encarcelaría a los gobiernos centrales de la República y de Catalunya (reversión de la amnistía). En ningún momento, el núcleo duro del golpe de Estado consideró la restauración del régimen monárquico.
¿Puede el 8 de marzo de 1936 considerarse el inicio de la guerra?
La estrategia del golpe de Estado y la dirección del nuevo poder se pactaron en la reunión del 8 de marzo en casa del agente de bolsa madrileño Delgado y Hernández de Tejada. Las reuniones posteriores, como la del bosque de Las Raíces, en Tenerife (17 de junio de 1936), serían importantes, pero siempre a partir de los acuerdos de Madrid y con el propósito, puramente, de sumar adhesiones y de perfilar acciones. Con todo esto, podríamos decir que el golpe de Estado que condujo a la Guerra Civil tomó forma definitiva en el momento en el que el progresismo había recuperado el gobierno de la República (16 de febrero de 1936) y que, con el regreso del presidente y del gobierno catalanes y la reapertura de la Generalitat y del Parlament, se había restaurado la normalidad política e institucional en Catalunya (1 de marzo de 1936). Tomemos nota de ello.
