Barcelona, 23 de enero de 1641. Hace 385 años. Pau Claris, president de la Primera República catalana, transformaba esta forma de Estado —proclamada seis días antes— en un principado independiente y nombraba al rey francés Luis XIII conde de Barcelona u Hombre Principal de Catalunya. Este cambio venía motivado, entre otras cosas, por el contexto del momento (la Guerra de Separación de Catalunya, 1640-1652/59) y se traduciría en la entrada de tropas francesas en el Principat, que reforzarían al Exèrcit de Catalunya y expulsarían a los hispánicos de territorio catalán (1641). Más adelante, la segunda crisis de confianza catalano-francesa (1645) cambiaría el signo de aquel conflicto, que, finalmente, se resolvería con un acuerdo de paz que transfería la Catalunya Nord a dominio de Francia (1659-1660).
Un siglo después (a mediados de la centuria de 1700) y con la emergencia de las academias ilustradas (en España, hijas del borbónico castellano) la nueva historiografía nacionalista española fabricaría la versión de que el origen y la consecuencia de aquella pérdida residían en la voluntad catalana de convertirse en un Estado independiente y en el acuerdo catalanofrancés para garantizar dicho estatus (Ceret, 1640 y Peronne, 1641). Y responsabilizaría de ello al president Pau Claris. Pero, ¿Pau Claris, en virtud de algún “misterioso” y “pérfido” pacto, entregó la Catalunya Nord a Francia a cambio del apoyo a la independencia de Catalunya? ¿O Pau Claris, dominado por su “ingenuidad”, no supo calcular las consecuencias de la entrada de un ejército francés en Catalunya? ¿Realmente la Catalunya Nord pasó a dominio francés por culpa de Pau Claris?

¿Fue Pau Claris el impulsor de la alianza con Francia?
Pau Claris, como president de la Generalitat (1638-1641), sería el verdadero impulsor de los primeros acuerdos catalanofranceses. Tras el Corpus de Sang (7 de junio de 1640), que marcaría el inicio de la Revolución catalana, y después de que el rey hispánico Felipe IV declarase la guerra a Catalunya (1 de septiembre de 1640), los sobrinos del president Claris y del primer ministro francés Richelieu firmaban unos primeros acuerdos (Ceret, 7 de septiembre de 1640), que debían constituir a Catalunya en una república independiente (separación catalana del edificio político hispánico), aliada de Francia (la potencia que disputaba a la monarquía hispánica la primacía mundial). Tan solo tres días después, el president Claris reunía con carácter de urgencia la Junta de Braços (el Parlamento foral) y ponía el país en pie de guerra.
¿Qué ocurrió luego?
Desde el estallido de la Guerra hispano-francesa (1635), que era un conflicto dentro de otro más antiguo y de mayor alcance (Guerra de los Treinta Años, 1618-1648), el peligro venía del norte (frente de guerra estacionado en el límite entre el Rosselló y el Languedoc). Pero desde el estallido de la Revolución catalana (junio, 1640) y la declaración de guerra del rey hispánico Felipe IV a Catalunya (septiembre, 1640), el peligro ya no venía del norte, sino del sur y del oeste (de la monarquía hispánica) y con una percepción de hostilidad muy superior. Esto explicaría el contenido de las anotaciones del Dietari de la Generalitat (el equivalente al actual DOGC), que, a partir del 10 de septiembre de 1640 (tres días después de los acuerdos catalano-franceses de Ceret), adquirirían una naturaleza claramente bélica.

La versión barroca del “peix al cove”
Pero, a pesar de aquel clima bélico, existía, por ambas partes, cierta voluntad de entendimiento. El profesor Simón i Tarrés (UAB), el gran especialista en este período histórico, revela que la Junta Grande (el gobierno hispánico) estaba dividida entre los que defendían una salida negociada y los partidarios de un castigo ejemplar. Y que los dirigentes catalanes —salvo Claris y sus colaboradores— se habían entregado a la estrategia de tensar y destensar la cuerda, lo que sugiere una versión barroca del “pez al cesto” autonómico y contemporáneo. Y no se convencerían de su error hasta que un ejército hispánico de 23.000 efectivos inició la ocupación de Catalunya y masacró a la población civil de Tortosa, Xerta, Tivenys, l’Hospitalet de l’Infant y Cambrils (noviembre – diciembre, 1640). Tan solo en Cambrils, pasaron por el cuchillo al 70% de la población de la municipio.

¿Por qué Pau Claris transformó la república en un principado independiente?
Durante la etapa que podríamos denominar la versión barroca del “peix al cove” (septiembre – diciembre, 1640), Espenan (el representante de Richelieu en Catalunya) puso al corriente a su patrón del doble juego que practicaban ciertas autoridades catalanas. Y eso puso en guardia a Richelieu. El primer ministro francés perdió la confianza en la capacidad de Claris para conducir aquel proceso y urdió una estrategia que consistía en atar en corto a los catalanes. Aunque en las primeras conversaciones (Ceret; septiembre, 1640) había recomendado a Claris constituir Catalunya en una república, desplegó una nueva estrategia que pasaba por situar al rey Luis XIII como jefe de Estado de los catalanes. Catalunya conservaría su independencia, pero debería informar a París de todos sus movimientos.

La reacción hispánica
Richelieu solo tuvo que esperar a que los catalanes estuvieran en una situación crítica. Y ese momento se produjo el 23 de enero de 1641, con el ejército de ocupación hispánico a las puertas de Barcelona. Richelieu condicionó la ayuda militar francesa —que sería decisiva para derrotar y poner en desbandada al ejército hispánico (26 de enero de 1641)— al cumplimiento de los acuerdos de Ceret: Catalunya debía abandonar, definitivamente, el edificio político hispánico y… además debía nombrar a Luis XIII jefe de Estado de los catalanes. En Catalunya, el rey francés solo sería Luis I de Barcelona, pero este cambio de paradigma irritaría enormemente a los gobernantes hispánicos, y el “partido negociador” se uniría a los que proclamaban que “hay que moler a palos a los catalanes”.

La cultura punitiva hispánica
El valido Olivares y la Junta Grande podían aceptar una República catalana —como aceptarían la independencia de Portugal—. Pero no podían aceptar una Catalunya independiente en la órbita política de París, porque eso significaba, más que perder el dominio nominal del territorio, recular el frente de guerra hasta el interior de la península Ibérica, al sur de la raya del Ebro. La Guerra de Separación de Catalunya se prolongaría por espacio de dos décadas (1652/59), tiempo durante el cual el núcleo del poder hispánico (el rey, el valido, la Junta Grande) fabricaría un fuerte resentimiento contra los catalanes, que se alimentaría de una cultura anticatalana ya existente en la corte madrileña desde el inicio del gobierno de Olivares (1623) y de los panfletos de Quevedo (década de 1630-39).

¿Quién entregó la Catalunya Nord a Francia?
Cuando se iniciaron las conversaciones para acabar con la Guerra hispano-francesa (1656), Pau Claris, Richelieu, Luis XIII y Olivares —los grandes protagonistas de aquella etapa histórica— ya habían desaparecido de escena. Hacía años que ya estaban muertos. Pero quien no estaba muerto y quien mantenía viva la llama del resentimiento contra los catalanes era el rey hispánico Felipe IV. Fueron Felipe IV y Luis de Zúñiga, el sucesor de Olivares, quienes negociarían la Paz de los Pirineos (1659-1660) y quienes entregarían la Catalunya Nord a los franceses. Era el resultado de la cultura punitiva contra los catalanes que dominaba el núcleo del poder hispánico. La misma cultura punitiva que, tres siglos después, explica las desinversiones en infraestructuras que están llevando a Catalunya al colapso. De Felipe a Felipe. Del IV al VI.