¿Qué pasó cuando los marroquíes decidieron expulsar a los españoles del Rif? (I)

Monte Abarrán (Protectorado español del Rif), 1 de junio de 1921. Hace 106 años. Las tropas independentistas rifeñas dirigidas por Muhammad ibn Abd al-Karim atacaban y conquistaban la posición española de Monte Abarrán, situada a seis kilómetros de la línea costera y destinada a proteger la ruta que conectaba Melilla y Alhucemas. El ataque y conquista de Monte Abarrán, que se saldaría con la muerte de 24 soldados españoles de leva, marcaría el inicio de una gran ofensiva rifeña para expulsar a los españoles del norte de África. En tan solo seis meses (junio-noviembre, 1921), los españoles acumularían una serie de derrotas sangrientas que, al margen de la incompetencia de los oficiales militares, revelarían la existencia de una colosal trama de corrupción.

Mapa del Rif (1909). Font Institut Geogràfic Nacional
Mapa del Rif (1909) / Fuente: Instituto Geográfico Nacional

Una rebelión que destaparía un colosal escándalo de corrupción

Pero al margen del Desastre de Annual —poco después de Monte Abarrán (21 de julio de 1921)—, que se saldaría con la masacre de 13.000 soldados de leva y la retención de 4.600 prisioneros —oficiales y soldados—, la rebelión rifeña de Abd-el-Krim, que se traduciría en la creación de una república efectiva en el tercio norte del actual Marruecos (1921-1926), destaparía un colosal escándalo de corrupción que quedaría, en parte, recogido por el Informe Picasso, y que pondría de relieve un eje de complicidades formado por la clase política (el gobierno y la oposición), las oligarquías empresariales de Madrid, Barcelona y Bilbao, el sector pesquero andaluz y ...¡la corona!, representada, en aquel momento, por el rey Alfonso XIII, bisabuelo del actual monarca español Felipe VI.

¿Qué hacían los españoles en el norte de África?

La presencia española en el norte de África se remontaba al siglo XV, en el contexto de la conquista de plazas estratégicas en la costa del Magreb para frenar la expansión otomana en el Mediterráneo. Pero la historia de la dominación española en el Magreb se inicia cuatro siglos más tarde, en 1909, cuando el gobierno español del Partido Conservador —presidido por Antoni Maura— ordena la invasión del Rif para proteger la explotación de las minas de hierro y de fosfatos de la región, propiedad de ...¡oh, sorpresa!... el empresario Eusebi Güell Bacigalupi, yerno y socio del negrero Antonio López López; del político Álvaro López de Figueroa, conde de Romanones y ministro y presidente del gobierno español en varias ocasiones por el Partido Liberal, y del rey Alfonso XIII.

Monte Arruit. Recollida dels cadàvers dels soldats espanyols massacrats. Font Reial Acadèmia de la Història
Monte Arruit. Recogida de los cadáveres de los soldados españoles masacrados / Fuente: Real Academia de la Historia

¿Qué pasó después de la invasión del Rif de 1909?

La existencia de esta tríada iniciática (Güell, Romanones y el Borbón) es básica para entender la evolución de aquel conflicto y la creación de la colosal trama de corrupción que se fabricaría alrededor de aquel proceso de conquista y dominación. Al inicio, no todo sopló a favor de esta trama. El desastre del Barranco del Lobo (27 de julio de 1909), donde fue masacrada una columna española de 600 soldados de leva, o el estallido de la Semana Trágica de Barcelona (julio–agosto, 1909), como protesta por el envío de reservistas (chicos de clase humilde que ya eran padres de familia) a un conflicto creado por el beneficio económico de sus promotores, crearía una opinión pública contraria a la intervención que pondría en duda el proyecto.

¿Qué pasó desde 1909 hasta la revolución de Abd el-Krim?

Pero después de que las potencias europeas confirmaran la dominación española sobre el territorio (Tratado de Fez, 1912), Madrid impondría una implacable dominación con el objetivo de garantizar la extracción y comercialización del negocio de la tríada iniciática y de algunos más que se habían añadido. No hace falta decir que, enseguida, se generalizó la práctica de un brutal abuso sobre la población indígena. Y, además, alrededor de este proceso, surgiría una red de negocios —algunos absolutamente ilegales— impulsados por un eje de complicidades formado por las oligarquías económicas de la metrópoli, el aparato funcionarial colonial (civil y militar) y el sector naval andaluz, los cuales, sumados, se convertirían en combustible de la rebelión de Abd el-Krim (1921).

Carregador de mineral de la Compañia del Rif al port de Melilla. Font Wikimedia Commons
Cargador de mineral de la Compañía del Rif en el puerto de Melilla / Fuente: Wikimedia Commons

¿Cuál era la base de estos negocios ilegales?

Aunque los españoles habían impuesto una dominación brutal, las tribus bereberes (llamadas "cabilas") se mantenían en permanente estado de revuelta y hostilizaban los intereses económicos españoles. En este contexto, los grandes inversores coloniales, lejos de confiar en la capacidad represiva del aparato policial y militar español, decidieron "comprar" la paz. Desde 1907 —dos años antes de la intervención militar española de 1909— la Compañía Española de Minas del Rif, la Compañía del Norte Africano o la Sociedad Minera Setolazar, dirigidas por la tríada iniciática, y, entre otros, por los banqueros madrileños Clemente Fernández y Enrique Macpherson, pagaban clandestinamente grandes cantidades a las "cabilas" para no ser atacadas.

¿Cómo invirtieron las "cabilas" aquellos pagos?

La investigación historiográfica sitúa el inicio de la trama de corrupción en los despachos de las compañías mineras españolas en Ceuta, en Melilla y en Larache. Y la hace seguir hasta las fábricas de armas de la cuenca del río Deba, en el País Vasco. El fin de la I Guerra Mundial (1914-1918) había sumido el sector armamentista vasco en una profunda crisis. Y el Informe Picasso (1922) revelaría que los contrabandistas internacionales de armas —con la colaboración retribuida de funcionarios civiles y militares españoles, y con la acción de contrabando de la flota de pesca andaluza— aprovisionaban las "cabilas" con stocks de las fábricas vascas... ¡y, oh sorpresa!... con fusiles Mauser que desaparecían misteriosamente de los arsenales militares españoles del Rif.

Evacuació dels soldats ferits espanyols a Annual. Font Revista Nuevo Mundo
Evacuación de los soldados heridos españoles en Annual / Fuente: Revista 'Nuevo Mundo'

¿La clase política no conocía la existencia de esta trama?

La clase política española de la época no solo conocía la existencia de esta trama, sino que participaba activamente en ella y se beneficiaba económicamente. Es una prueba evidente la intervención militar de 1909, ordenada por el gobierno de Maura, del Partido Conservador, para proteger los intereses de, por ejemplo, Romanones, líder del Partido Liberal. A propósito de esto, conviene explicar que aquella intervención —que provocaría la Semana Trágica de Barcelona (1909)— fue la respuesta del poder político español al chantaje que los líderes de las "cabilas" imponían a la tríada iniciática, exigiéndoles cantidades cada vez más elevadas para respetar sus intereses económicos.

La entrega de mañana

En la segunda entrega, de mañana, veremos una serie de personajes emergentes que explican el desarrollo, la eclosión y el silenciamiento de aquella trama. El más destacado sería el empresario vasco Horacio Echevarrieta, fundador y máximo accionista de la energética Saltos del Duero, matriz de Iberdrola, máximo accionista de los bancos de Bilbao, de Vizcaya y de Santander; posteriormente, fundador y máximo accionista de la compañía aérea Iberia; amigo personal del rey Alfonso XIII y padrino político de Indalecio Prieto, la figura emergente del PSOE, que acabaría siendo ministro de Hacienda del primer gobierno de la II República (1931). Estos personajes son la clave de bóveda de la trama de corrupción española en el Rif.

Alfons XIII, Romanones i Güell. Font Wikimedia Commons
Alfonso XIII, Romanones y Güell / Fuente: Wikimedia Commons