Barcelona, 14 de febrero de 1712, 8.º año de la Guerra de Sucesión hispánica en Catalunya (1705-1714). Hace 314 años moría Narcís Feliu de la Penya i Farell, abogado, historiador, cronista y, probablemente, la figura más destacada de la corriente ideológica “Catalunya, la Holanda del Mediterráneo”. Feliu de la Penya (Barcelona, 1642) recuperaría esta idea a partir de la efímera —pero trascendental— iniciativa de Pau Claris —president de la I República catalana (1641)— y de Joan Pere Fontanella —conseller en cap de Barcelona (1640-1641) y secretario de Estado del Gobierno del país (1641-1643). Cuando lo hizo, había pasado medio siglo desde Claris y Fontanella (décadas de 1680 y 1690), pero no era un planteamiento obsoleto, sino que, muy al contrario, marcaba el camino hacia el futuro. ¿Qué era la ideología “Catalunya, la Holanda del Mediterráneo”?

¿Cómo era la Catalunya que engendra esta idea?
La crisis que precipitaría la Guerra de Separación de Catalunya (1640-1652/59) tenía muchos ángulos, pero el económico tenía un peso muy importante. Catalunya venía de una larga etapa de crecimiento económico que remontaba al triunfo de la Revolución Remença (1486). Por lo tanto, la sociedad catalana de 1627 —cuando después de una serie de sequías y aguaceros aparecen los primeros síntomas de la crisis—, de 1635 —cuando el primer ministro hispánico Olivares violenta al país con el alojamiento forzoso de 40.000 Tercios castellanos en las casas particulares— y de 1640 —cuando Felipe IV ordena el reclutamiento forzoso de cabezas de familia y deja miles de familias sin la principal fuente de ingresos— no tenía memoria de un escenario crítico ni de los mecanismos para superarlo. Y, por otra parte, la Catalunya de 1640 no era —en absoluto— la misma que la de 1486.
¿Cuál había sido la iniciativa pionera de Claris y Fontanella?
La Catalunya de 1640 era el resultado de un largo proceso iniciado al día siguiente de la victoria remença (1486). Durante aquel siglo y medio largo, el país había transitado de un estadio feudal —con una parte mayoritaria de la sociedad sometida a un régimen de semiesclavitud— a un estadio premercantil —formado por miles de pequeñas unidades de producción agrorganaderas de carácter familiar que proveían al aparato fabril del país. Por lo tanto, cualquier iniciativa dirigida a enderezar la economía debía ser en forma de estímulo y de innovación. Y esto es lo que hicieron Claris y Fontanella: crear un mecanismo que promovía estancias de emprendedores catalanes —en forma de becas pagadas por las instituciones catalanas— en la República de las Siete Provincias Unidas, el Estado que, todavía actualmente, llamamos coloquialmente Holanda.
¿Por qué en Holanda?
El porqué en Holanda obedecía a dos razones concretas. La primera era política. Las Siete Provincias se habían independizado de la monarquía hispánica en 1581, después de destituir al monarca hispánico Felipe II, que era lo mismo que haría Claris en 1641 con Felipe IV. El nuevo Estado neerlandés se articularía como una república gobernada por las ricas y emprendedoras élites mercantiles del país, y su jefe de Estado sería un stadhouder (una especie de presidente que transmitía el cargo hereditariamente). Es decir, las Siete Provincias eran una república coronada, que era el objetivo de las élites mercantiles catalanas, que, en 1640, secundaron la revolución que conduciría a la proclamación de la República catalana (17 de enero de 1641) y su posterior transformación —no sin grandes presiones externas— en Principat independiente (23 de enero de 1641).

¿Por qué más en Holanda?
Pero, sobre todo, porque las Siete Provincias eran el modelo económico a seguir. También, como Catalunya, habían superado el régimen feudal. Pero, a diferencia de Catalunya, habían expulsado la dominación hispánica, que lastraba claramente su despegue económico (1581). Para entender la proyección económica neerlandesa del siglo XVII, solo hay que observar, por ejemplo, los volúmenes de las compañías de las Indias Orientales (VOC) y de las Indias Occidentales (WIC), dos gigantes privados, creados en 1602 y 1621 —respectivamente—, que tenían colonias propias (como Bengal Subah o como Nueva Ámsterdam, posteriormente Nueva York), una marina de guerra propia para proteger sus mercantes (muy superior, en capacidad de respuesta, a la de muchas armadas nacionales europeas) y más de 50.000 empleados en nómina (era la mejor colocación profesional de la época).

¿Cuál es el papel de Feliu de la Penya en la recuperación de esta idea?
La derrota catalana en la Guerra de Separación y la ocupación hispánica (1652/59) habían dañado notablemente el aparato económico catalán. Serían necesarias tres décadas para recuperar los niveles de producción anteriores a la guerra. En aquel momento (décadas de 1680 y de 1690), el aparato productivo catalán (barcos, textil, armas, aguardiente) había restaurado los canales de exportación con Inglaterra y las Siete Provincias, que ya existían antes de la guerra. Y es en aquel contexto que surge la figura de Feliu de la Penya y reaparece la idea “Catalunya, la Holanda del Mediterráneo”. Feliu de la Penya recuperaría y divulgaría una ambición proyectiva que había quedado inconclusa a causa de la derrota catalana en la Guerra de Separación: convertir Catalunya en la primera potencia económica —y posiblemente militar— del Mediterráneo.

Cómo se traducía la idea “Catalunya, la Holanda del Mediterráneo”
La idea que preconizaba Feliu de la Penya —y que abrazaron las clases mercantiles catalanas de la época— consistía en potenciar los canales comerciales con los países emergentes del Atlántico europeo, especialmente Inglaterra y las Siete Provincias. Esta estrategia tenía un doble propósito. Por un lado, evitar la dependencia —económica y política— respecto a la monarquía hispánica, que habría representado comerciar con sus colonias americanas y evitar el cuello de botella de la Casa de Contratación, el nido de corrupción más grande del mundo. Y, por el otro, consolidar la presencia en un escenario que propiciaría las alianzas con corporaciones inglesas y neerlandesas que favorecerían el crecimiento del volumen de negocio y, por tanto, de los márgenes y de los beneficios finales. Y... ¡¡¡importantísimo!!!: impulsar la acumulación de capitales.

¿Por qué se buscaba la acumulación de capitales?
La acumulación de capitales tenía un propósito clarísimo: disponer de capital para financiar las grandes infraestructuras que tenían que llevar al país hacia un estadio político y económico mercantil (lo que ya habían alcanzado Inglaterra y las Siete Provincias). Y la prueba más evidente la tenemos en el impulso de una iniciativa pionera: en 1691, Feliu de la Penya y un grupo de inversores barceloneses crearon la Companyia de la Santa Creu, que se inspiraba en los modelos neerlandeses e ingleses. Y en 1705, el clandestino, pero mayoritario, partido austracista catalán, formado por las élites mercantiles del país, destituiría a Felipe V, acusado de maniobrar para hundir los canales comerciales catalanes. Una idea y un objetivo que serían plenamente vigentes hasta que el régimen borbónico ocupó Catalunya y destrozó —a conciencia— su edificio político y su aparato económico (1714).