El Museu Diocesà de Barcelona presenta, en las dos salas de su vestíbulo, la exposición Pintar (a) Menorca, una muestra auspiciada por el Consell Insular de Menorca que agrupa 81 pinturas de cinco pintores figurativistas que han tenido una estrecha vinculación con Menorca: Josep Vives Campomar (Maó, 1940), Francesc Artigau (Barcelona, 1940), Xavier Serra de Rivera (Sant Joan Despí, 1946), Miquel Vilà (Barcelona, 1940) y Josep Serra Llimona (l'Ametlla del Vallès, 1937). Todos ellos forman parte de un grupo de amigos, que se admiran mutuamente. Se integran en el renombre "generación de los sesenta" y, durante casi 50 años, han pintado a menudo la isla de Menorca (y han pintado con frecuencia en estea isla). Sin embargo, según Àlex Sussana, comisario de esta exposición con Carles Jiménez, lo realmente importante es que son cinco de los grandes pintores figurativos de nuestro país. La exposición se podrá visitar gratuitamente hasta el 24 de noviembre, en el museo de la plaza de la Catedral.

Josep Vives Campoamor 'Bodegón con diario y lirios' Consejo Insular Menorca

J. Vivas Campomar, Bodegón con diario y lirios. Óleo sobre tela. 38 x 46 cm. Colección particular.

Medio siglo en Menorca

Josep Vives Campomar, Pepe Vives, es un menorquín, hijo del pintor Joan Vives Llull, que viajó a Barcelona para estudiar Bellas Artes en los años 1950. Allí conoció a los otros pintores de la exposición y les invitó a conocer su isla. Hicieron un primer viaje en 1959, que les acabaría marcando profundamente. Todos volverían a menudo a diferentes puntos de Menorca y alguno incluso se establecería allí. Su obra sería muy diversa, siempre dentro de la figuración: Artigau, más lúdico; Vilà, más metafísico... Pintarían paisajes, naturalezas muertas, retratos, animales... Usarían en sus obras la pintura al óleo, el grabado u otras técnicas. Pero la huella menorquina marcaría su obra.

Marc Artigau 'La cabeza|cabo|jefe encarnada'

Marc Artigau, El cap roig. 1988. Aceite sobre tela. 27 x 46 cm.

Reivindicación del figurativismo

Carles Jiménez, en la presentación de la exposición, ha querido destacar que se trata de una exposición excepcional, porque el figurativismo en los últimos tiempos no está de moda. En realidad, incluso ha explicado que les ha resultado difícil encontrar dónde exponer esta muestra. También Àlex Sussana ha querido dejar constancia de que estos pintores, a pesar de ser muy reconocidos, "no tienen espacio en nuestros museos". Pero ante los que anuncian la muerte de la pintura, Jiménez ha apuntado que la pintura "continúa viva y tiene plena vigencia". Y ha querido reivindicar la figura del pintor, en unos momentos en que todo el mundo habla sólo de artistas. También Miquel Vilà ha querido hacer una encarnizada defensa de la vigencia de la pintura figurativa. Marc Artigau, en cambio, ha relativizado el problema, y ha apuntado que "todo es efímero" y ha celebrado el hecho de que todos ellos se hayan podido dedicar a la pintura figurativa, aunque empezaron a hacerla por "pura inconsciencia".

Sierra de Rivera, 'El lavadero|chismorreo d'Olivete'

X. Sierra de Rivera, 'El lavadero de Olivete'. 2004. Óleo sobre papel. 35 x 50 cm.

El Oriente catalán

Marc Artigau, que presenta en la exposición algunos pequeños cuadros pintados del natural, muy diferentes de lo que se suele conocer de su obra, confiesa que Menorca, para él, fue "todo un descubrimiento", "una ventana". El atractivo de la isla es que era "diferente" (la define como "un lugar exótico"). Y al revisar el pasado, confiesa, con lucidez, que allí pintaba al aire libre, salía al campo y "hacía cosas que no habría hecho a Collserola". En realidad, muchas de las pinturas expuestas derivan de esta visión catalana de las islas como nuestro exotismo más próximo, hecho de paisajes áridos, playas paradisiacas, piedras secas y mucha luz. Una Menorca que a menudo se presenta a los cuadros deshumanizada, sin presencia humana, con el paisaje como único protagonista. Las Islas constituirían nuestro Oriente más inmediato, en una especie de orientalismo muy casero. Una visión que algunos de estos cuadros compartirían con los anuncios de Estrella Damm o con el controvertido vídeo de FAQS. El contraste esta la visión exótica de Menorca la da el menorquín Vivas. quien define su isla como un territorio "duro y difícil", y que asegura que "Menorca se me ha comido, me ha consumido. Sus cuadros no reflejan, en absoluto, la Menorca ideal, llena de luz, que aparece en muchas obras de sus compañeros de generación.

Miquel Vilà Platja de Cavalleria

Miquel Vilà, Playa de Caballería. 2008. Óleo sobre tela. 46 x 55 cm.

Otra Menorca

El Consell Insular de Menorca ha impulsado esta exposición con la voluntad de potenciar el turismo cultural en la isla. Y lo ha hecho, en parte, en conmemoración de otra exposición, realizada en Barcelona en tiempos de la República, en 1933, para dar a conocer la isla mediante algunos de sus pintores. En ella participó Vivas Lluch, padre de Pepe Vives, quien  por aquel entonces fue el autor del cartel de promoción turística de la isla, bajo el título: "Menorca, isla blanca y azul". Dicen que la exposición de aquellos momentos tuvo mucha repercusión en el turismo isleño. Ahora, en los tiempos de Instagram, es posible que el turismo se mueva con otros parámetros, y que la exposición del Museu Diocesà no sea determinante para la afluencia de visitantes a las Islas. Y, a pesar de todo, para los amantes de la pintura figurativa, será un placer pasarse por el Museu Diocesà y ver algunas grandes obras que, hoy en día, son difíciles de encontrar en museos y salas de exposiciones.

 

Foto de portada: Josep Serra Llimona, Fruta en la ventana. 1994. Óleo sobre tela. 80 x 65 cm.

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