El cine está de luto por la muerte del reconocido director Adolfo Aristarain, un referente y figura indiscutible en Argentina, y un cineasta que también estuvo muy vinculado a España, donde rodó algunos de sus trabajos más reconocidos, como La ley de la frontera (1995), Martín (Hache) (1997) o Lugares Comunes (2002). Aristarain, que vivió durante siete años en Madrid y en 2003 recibió la nacionalidad por su contribución a la cultura iberoamericana, murió este domingo en Buenos Aires a los 82 años y la noticia generó una ola de reacciones en la comunidad artística y cultural de ambos países, que destacan su legado, su mirada crítica y su indestructible compromiso ético y narrativo con la justicia social. Aristarain era uno de aquellos directores de películas que obligavan al espectador a pensar. Aunque no se han confirmado oficialmente las causas específicas de su muerte, el cineasta se había enfrentado a complicaciones de salud en los últimos años, incluyendo una compleja cirugía cardíaca en 2019 que requirió una larga recuperación.

El año 2024 se convirtió en el primer director argentino en recibir la medalla de oro de la Academia de Cine de España, en la que fue su última aparición pública. “El cine es un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce. Aunque uno intente esconder lo que es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano. El cine que uno hace es lo que uno es”, o  “yo no creo en las nacionalidades del cine (...), lo único en lo que te condiciona filmar en un país o en otro es en los medios de producción. Los países que quieren tener cine toman la decisión política de apoyar al cine”, decía Aristarain aquel 2024. 

La Academia del Cine español recuerda la figura de Aristarain, un cineasta que “pertenece a una generación que vivió el cine: se enamoraron de mujeres fantásticas, se sintieron héroes, pudieron mentir y asesinar sin castigo… El cine es parte de su vida, es real, no es ficción. Y es que el cine entró muy pronto en la biografía de este portero nacido en el barrio del Parque Chas, donde, después de la escuela, veía dos o tres películas diarias, en aquellas salas de sesión continua”.

Las películas más recordadas

A lo largo de su prolífica carrera, el realizador dirigió títulos emblemáticos que marcaron diversas generaciones de espectadores. El argentino ganó dos premios Goya a lo largo de su carrera, además de muchos otros premios en festivales. El Goya a la mejor película extranjera de habla hispana lo ganó en 1993 por Un lugar en el mundo, una de sus creaciones más emblemáticas, que también ganó el premio Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. La película, protagonizada por Oscar Martínez, Susú Pecoraro, Hernán Piquín y Juan Diego Botto, gira alrededor de un adolescente, Ernesto, que vuelve ya de adulto a un pueblo remoto de la provincia de San Luis (Argentina) para recordar su infancia y repasar las circunstancias que marcaron su vida. El Goya al Mejor Guion Adaptado lo ganó por Lugares comunes (2003), protagonizada por Federico Luppi y Mercedes Sampietro, que narra la historia de un profesor universitario prejubilado y su mujer, después de enfrentarse a crisis económicas, que decide trasladarse de Buenos Aires a una chakra de la provincia de Córdoba para iniciar una vida más austera, enfrentándose a la realidad de los ideales.

La ley de la Frontera (1995), protagonizada por Pere Ponce, Aitana Sánchez-Gijón, Achero Mañas y Federico Luppi, narra la aventura de nada —un excura, un joven gallego y una fotógrafa— que se unen a un bandolero argentino a principios del siglo XX, desafiando las leyes y las barreras fronterizas en una historia llena de acción y movimiento. Pero sin duda, una de las películas más recordadas en España es Martín (Hache), que dirigió y produjo junto con Federico Luppi -su actor fetiche-, que también es protagonista junto a Juan Diego Botto, Cecilia Roth y Eusebio Poncela, y que es una película de culto muy recordada por sus diálogos, sus reflexiones filosóficas y un retrato excepcional del desarraigo y el exilio.

Adolfo Arisatarain (Europa Press)
Adolfo Aristarain y Juan Diego Botto, durante el rodaje de 'Martín (Hache)' (Europa Press)

Su última producción fue Roma (2004) -no confundir con la película del mismo título de Alfonso Cuarón, rodada en blanco y negro-, también con Federico Luppi como protagonista, junto a María Galiana y Aitana Sánchez-Gijón y Eusebio Poncela, que destaca por su ritmo lento y carga simbólica, y que narra la historia de un arquitecto argentino, Adrián, que viaja a Madrid para participar en un concurso de diseño de un gran edificio. En la ciudad, se encuentra con muchas personas y situaciones que le obligan a replantearse su vida, su profesión y sus valores.

Un cineasta hecho a sí mismo

Aristarain nació en Buenos Aires el 19 de octubre de 1943, en el barrio de Parque Chas. “Devoto de John Ford y de Alfred Hitchcock”, Ariastarain fue un “cineasta hecho a sí mismo; se fogueó en los rodajes como meritorio, técnico de sonido, montador, ayudante de producción, ayudante de dirección, e incluso se puso delante de la cámara en Dar la cara, película de José Martínez Suárez. Asistió en la dirección su gran amigo y maestro Mario Camus, así como Vicente Aranda, Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon Flemyng o Sergio Renán; y escribió guiones en colaboración con Camus, con quien se entendía muy bien, y con su inseparable Kathy Saavedra, que ha participado en casi todas sus historias y gracias a la cual, según confesó, no cayó en la sensiblería en las películas que firmó”, afirma la Academia de Cine español