Madrid, 19 de marzo de 1808. Carlos IV (el quinto borbón hispánico) y su esposa Maria Luisa de Parma, abandonaban precipitadamente Madrid en dirección a Francia. Su hijo y heredero Fernando -que reinaría como Fernando VII- les había destronado y enviado en la papelera de la historia por la vía de un golpe de estado llamado Motín de Aranjuez. Detrás suyo dejaban una espesa polvareda de escándalos de corrupción. Carlos IV sería el primero, pero no el último. Desde 1701, seis de los doce borbones españoles que han puesto las nalgas en el trono de Madrid han abandonado precipitadamente España. Un 50%. Son la estirpe real que ostenta el liderazgo indiscutible en la clasificación del campeonato del mundo mundial de reales huidas.

La família de Carles IV (1800), obra de Goya. Font Museo del Prado

La familia de Carlos IV (1800), obra de Goya. Fuente: Museo del Prado

Carlos IV. Missing 1808.

Carlos IV, llamado el rey cornudo, sería el pionero de esta funesta nómina. Su reinado había sido un festival de corrupción en manos de Godoy, su protegido, ministro plenipotenciario; y, según el rumor popular, el boy-toy de la reina. Y había sido, también, un rosario de humillantes derrotas militares y diplomáticas, que condenaban, definitivamente, a España a la segunda división de las potencias europeas. El año 1808, su hijo y primogénito Fernando, convertido en el líder de la facción más reaccionaria de la corte, perpetraba un golpe de estado y le enseñaba el camino de la puerta. El triángulo -presuntamente amoroso- formado por Carlos IV, María Luisa, y Godoy, abandonaba España en plena noche, para no volver nunca más. Inicialmente fueron acogidos y mantenidos por Napoleón en el País Vasco francés.

Representació de Ferran VII (1831). Font Ajuntament de Sevilla

Representación de Fernando VII (1831). Fuente: Ayuntamiento de Sevilla

Fernando VII. Missing 1808.

Fernando VII, llamado el rey falón (el rey traidor), tardó tan solo cinco semanas en convencerse de que aquella España de la cual se había apropiado requería una cantidad de trabajo que le causaba una pereza enorme. El 30 de abril abandonaba el trono y la corte y se presentaba en Baiona (País Vasco francés) no para visitar a los padres, sino para hacer negocios. El 5 de mayo, Napoleón y el rey falón hacían Pascua y Ramos. Fernando VII había vendido la corona a cambio de una pensión anual y vitalicia de cuatro millones de reales; y de las promesas obtenidas de negociarle un matrimonio con una princesa de la realeza europea, y de convertirlo en rey de Etruria (un reino ficticio creado por el pequeño corso en el centro de Italia). No volvió a España hasta que la derrota napoleónica (1814) no le dejó ninguna opción más.

María Cristina. Missing 1854.

Pasadas las guerras napoleónicas, las potencias ganadoras despertaron a Fernando de su sueño húmedo y dorado (como el sapo del cuento, todavía esperaba la princesa europea y la corona etrusca); y con la hiel envenenada regresó al trono de Madrid (1814). Murió en el lecho (1833) después de gobernar en una de las etapas más tétricas de la historia de España. Y su joven sobrina y viuda María Cristina de Borbón se convertiría en la regente y en la reina de la corrupción. Con los recursos de su particular bolsillo secreto -un agujero negro de muy dudoso origen que escondía unos 80 millones de reales- financió monopolios, golpes de estado, y una potente y opaca trama ilegal de comercio de esclavos. Cuando se filtró el escándalo (1854), huyó de España antes de que las Cortes votaran su expulsión.

Vinyeta satírica que representa Elisabet II atribuïda als germans Becquer. Font Wikimedia

Viñeta satírica que representa a Isabel II atribuida a los hermanos Becquer. Fuente: Wikimedia

Isabel II. Missing 1868.

De tal palo, tal astilla. Y es el caso de Isabel II, hija de Fernando VII y de la regente María Cristina. Al margen de sus públicas y escandalosas relaciones sexuales (se la acusó, incluso, de practicar la zoofilia), heredó la corrupta avaricia de sus progenitores. Conservó, desde la sombra más oscura, el negocio de esclavos de la madre. La Revolución Gloriosa del general Prim (1868) la pilló de vacaciones en Donostia, y huyó en París sin pasar por casa. Pero dos años más tarde (1870) el general Prim era asesinado mientras negociaba secretamente con los Estados Unidos la venta de la colonia de Cuba (el gran mercado negro de la esclavitud). La prensa señaló al real cuñado Montpensier como el inspirador intelectual del magnicidio.

Alfonso XIII. Missing 1931.

El nieto de Isabel II y bisnieto de Fernando VII y María Cristina, también pecaba de palos y astillas. Hizo su particular fortuna con las guerras coloniales de África (1909 y 1911-1927); fabricadas a propósito con el único objetivo de enriquecer -todavía más- a las clases extractivas monárquicas. Y que costaron la vida a miles de soldados de clase humilde y la miseria más absoluta de sus familias. Rey de los ricos, dio apoyo entusiástico al golpe de estado de Primo de Rivera, que pretendía acabar -por la vía de la fuerza- con las reivindicaciones obreras y con el problema catalán. Abandonado por los suyos (su amigo y socio Romanones le enseñó la puerta de la calle), se marchó solo y sin la familia cuando, dos días después de las elecciones municipales de 1931, se confirmó el triunfo de los partidos republicanos,

Y los que vienen

Con la huida del actual rey emérito, Juan Carlos I, que reinó de 1975 al 2014, ya se contabilizan seis de doce. Una cifra que dice muy poco -por no decir que no dice nada- de su historia. Incluso de su presente y de su futuro. Con lo que hemos visto (desde que Felipe V puso las nalgas en el trono de Madrid, el año 1701) y con lo que nos queda por ver; ¿es posible afirmar que los borbones son el único animal -de dos patas, naturalmente- capaz de tropezar dos, tres, cuatro, cinco, y seis veces en la misma piedra?. Y si es así, ¿cuánto nos podemos esperar para la séptima?

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