Querido M. Hble. Sr. President,

El día que Els Segadors fue declarado por ley himno nacional de Catalunya, usted era un muchacho de once años a quien seguramente el Tomàtic tuvo que explicar qué era la gente "ufana i superba" y en el imaginario colectivo las únicas "segadores" existentes eran las máquinas para segar trigo. Desde aquel 25 de febrero de 1993 han pasado unos treinta años, pero en algunos aspectos hemos avanzado tanto que, por suerte, tres décadas después no sólo hemos podido disfrutar de la investidura del primer president de la Generalitat con carné del Super 3, sino también del primer president que se atreve a hablar de las segadoras de la tierra después de gritar "Bon cop de falç!". ¿Un detalle minúsculo? Quizás sí, pero gracias al Capità Enciam, sé que usted también cree que los pequeños cambios son poderosos.

El único problema es que un himno sólo es un himno cuando es capaz de crear sentimiento de pertenencia y unión, no cuando fomenta la división ni genera debates más propios de una película de Terrence Malick con defensores y detractores a ambos lados de la trinchera, por eso me he permitido escribirle esta carta para hacerle una propuesta todavía más arriesgada y moderna, pero de consenso: apostar por hacer oficial el himno apócrifo de Catalunya creado por Marc Escudero y Rubén Moreno el año 1999. Sí, lo ha adivinado usted bien, estoy hablando de Flying free, posiblemente la obra maestra más importante de la historia musical de Catalunya después del Cant dels ocells y Qualsevol nit pot sortir el sol. El año 1999 usted ya tenía edad de ir a la discoteca y el niño de once años que hacía preguntas al Tomàtic era yo, pero más o menos somos de la misma generación y sé que me comprenderá. Si Salvador Espriu escribió que "hem viscut per salvar-vos els mots", tanto usted como yo sabemos sobradamente que DJ Skudero y Ruboy han vivido para salvarnos la energía.

Algunos dirán que Flying free no es igual de conocida en todos los ambientes o que a las personas más mayores de cincuenta años quizás no les dice nada, pero usted sabe tan bien como yo que hay millones de catalanes a quienes este hit del makineo nos sigue poniendo la piel de gallina siempre que lo escuchamos. Como los buenos himnos, vaya. Créame, yo la he escuchado incluso en aquellas Acampades Joves de Sant Celoni en las cuales juraría haberle visto sirviendo alguna agua de Valencia en una barra: en la zona de acampada, entre tiendas del Decathlon, yo he oído Flying free sonando con un discman conectado a unos altavoces Logitech y ver como adolescentes desnutridos, con una resaca de tres pares de narices encima, resucitaban milagrosamente y volvían a ser personas de golpe. Y no sólo eso. Sé que usted ha visto, como yo, catalanes de origen diverso, tanto de los que piensan en Stamford Bridge cuando les dices "el gol de Iniesta" como de los que piensan en el Mundial de Sudáfrica, sentir una emoción profunda e inefable cuando suena el piano introductorio de Flying free en alguna empalmada de fiesta mayor. Sabe de qué le hablo. Usted también ha visto gente de todas las edades, estatus sociales y creencias religiosas compartir el gozo de cantar aquello de "Feel the ecstasy" en el baile de una boda o en una verbena de San Juan. Decía Lord Byron que un himno es aquello que te da fuerza ante la muerte y te espolea a ganar una guerra, pero en nuestros tiempos también es aquello que te invita a sacarte la corbata o los zapatos de tacón para soltarte y sentir que no tienes miedo de nada, que a fin de cuentas es la mejor manera de sentirte libre. Créame, president: si la 'via àmplia' existe, la música que suena durante la travesía es Flying free.

Asumámoslo: Els Segadors nunca conseguirá que quillos, punkis, hippies, pijos, kumbayás o emos se abracen como si no hubiera mañana para cantar la letra de un canto del cual quizás no entienden ni el significado de las palabras. Por cierto, aprovechando que hablo de la letra, piense que apostar por Flying free sería un paso de gigante hacia la inmersión de la lengua inglesa entre nuestros niños; ya estamos hartos de ejercicios en el workbook de inglés con aquellas frases donde los protagonistas siempre dicen ser de Bristol, vivir en una casa con jardín, tener tres hermanos y ser hijos de un lawyer y una nurse. Malditos tópicos baratos. Piense: ¿se imagina a los chiquillos aprendiendo el idioma más universal con ejercicios basados en frases como "Since 1992, there is a club which is making history, seven years later, in 1999, it's still kicking: Pont Aeri!"? Aquí le dejo la propuesta para que la traslade al conseller González Cambray. Además, piense que en un país como el nuestro, tan acostumbrado a jugadas maestras y a un independentismo mágico que aspira a ser escuchado por un Estado que ni el mejor truco de Houdini sería capaz de reformar, tener un himno donde la palabra "abracadabra" se repita constantemente puede ser una cosa el mar de lógica.

Los segadores asaltan la mazmorra y liberan a los presos. Representación moderna del Corpus de Sangre. Font Enciclopedia

Segadores catalanes después de ocupar el palacio del virrey con una actitud enérgica, digna de quien escucha Flying free, durante el Corpus de Sangre de 1640.

Els Segadors es el único himno nacional del mundo con tonada menor, por eso es tan solemne: a pesar de ser un canto de resistencia, es un lamento. Resignificar símbolos como hicieron el lunes pasado es síntoma de país moderno, capaz de desacralizar un tótem y de conseguir que, cambiando sólo una palabra del himno, se ponga de manifiesto la existencia de una lacra sistémica como es el patriarcado. Podríamos ir todavía más allá y cambiar "per quan vingui un altre juny" por "quan vingui un altre octubre", pensándolo bien, o pedir a un nuevo compositor que haga unos arreglos a la melodía, como hizo el president Maragall hace quince años con Antoni Ros-Marbà, pero yo le hago la propuesta de ir hasta el infinito y elevar la obra de Pont Aeri hasta el lugar que se merece. Queremos ver Mossos d'Esquadra con alpargatas de set vetes cuadrándose mientras suena Flying free, queremos ver la selección catalana del deporte que sea entonando este himno en algún campeonato mundial y queremos, sobre todo, que la alegoría que se esconde detrás de la letra se haga realidad pronto: vivir en un país que vuele libremente. Confío en que trabajará usted para hacerlo posible, president.

Atentamente,

P.