Auguste Rodin (1840-1917) es uno de los escultores más reconocidos de la época contemporánea. Y una de sus obras clave es La puerta del infierno, en la que experimentó muchas de las que serían sus esculturas posteriores. Ahora la Casa Garriga Nogués, la sala de exposiciones de la Fundación MAPFRE en Barcelona, acoge la exposición El infierno según Rodin. Está compuesta por 150 obras de Rodin, muchas de ellas procedentes del Musée Rodin, algunas de ellas casi nunca expuestas antes de esta muestra. Es una versión ampliada de la exposición sobre el mismo tema que se mostró al Musée Rodin de París. Estará abierta hasta el 21 de enero y ya acumula visitantes.

Puerta del infierno Rueden

Tercera maqueta de La puerta del infierno. Yeso. 111,5 x 75 x 30 cm. Musée Rodin, París. © Musée Rodin (foto Herve Lewandowski).

Resumen: el infierno

En 1880 Rodin obtuvo, gracias a sus contactos, el encargo de realizar una gran puerta, La puerta del infierno, como monumental entrada para un futuro museo de artes decorativas. El museo era todavía un proyecto etéreo: no tenía ni ubicación decidida y por lo tanto Rodin tuvo que preparar la puerta sin saber dónde iría colocada. Empezó inspirándose en La puerta del paraíso de Lorenzo Ghiberti y en las puertas de la parisina iglesia de Madeleine, de Henry de Triqueti. Se pasaría treinta años elaborando esbozos y figuras para esta monumental obra, que nunca sería completada y colocada en su ubicación definitiva (el museu previsto jamás llegó a existir). En realidad, en 1900 se expuso una versión simplificada de la puerta en la Exposición Universal, que no tuvo buena acogida por parte del público. En todo este proceso de creación las piezas se tendrían que ir adaptando a un marco tan complejo como es una puerta. Al fin, buena parte de las obras que Rodin había preparado para la puerta acabarían siendo sus temas más destacados. Tanto El pensador como El beso fueron pensados como parte de la gran entrada, pero al fin acabaron siendo sus obras más emblemáticas. El pensador en principio estaba inspirado en la figura de Minos, y El beso se inspiraba en un fragmento de la Divina Comedia que explica la relación adúltera entre Francesca da Rimini y Paolo Malatesta. Así pues, una sola obra acaba siendo un resumen del conjunto de la evolución escultórica del creador francés. Pero la puerta, como tal, sólo se expuso hacia el fin de la vida de Rodin, y permanecería cerrada para siempre. La puerta que se hizo finalmente no la realizó el mismo Rodin, sino el conservador de su museo, Léonce Bénédite, que siguió las instrucciones del maestro y aprovechó los moldes antiguos de Rodin para hacer una nueva versión completa de la pieza.

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Andrómeda, c. 1882-1885. Mármol (antes de 1889) 26 x 30 x 21 cm. Musée Rodin, París. © Musée Rodin (photo Christian Baraja).

De Dante a Baudelaire

Cuando Rodin empezó a trabajar en su Infierno estaba muy marcado por la Divina Comedia de Dante. Pero no pretendía reflejar la obra de Dant ede forma global, sino que se fijó sólo en algunos versos o en algunas escenas que le fascinaban. Inicialmente Rodin pensó la puerta, sobre todo, como un catálogo de los tormentos que sufren los condenados en el infierno, tal como lo retrataba Dante. Pero con el tiempo Rodin fue recibiendo cada vez más influencia de Charles Baudelaire y de su libro de poesía Las flores del mal. La sensualidad fue ganando protagonismo, y la seducción se convirtió en un elemento central de las diferentes piezas. Rodin fue perdiendo interés al reflejar los padecimientos del infierno y empezó a trabajar, en sus obras, la reacción de los condenados ante su condena. Pero tanto en una época como a la otra, la gran obsesión de Rodin fueron los cuerpos: cuerpos torcidos de dolor, de pasión, de concentración, de esfuerzo...

El beso Rueden

El beso. Yeso untado de desmoldeador, con marcas de sacar puntos (hacia el 1885) 86 x 51,5 x 55,5 cm. Musée Rodin, París. © Agence Photographique du Musée Rodin - Jerome Manoukian.

El catálogo

La Fundación Mapfre ha aprovechado la exposición para editar un catálogo sobre El infierno de Rodin. Se trata de mucho más que una reproducción de las piezas expuestas. Se inicia con seis capítulos de destacados expertos franceses en que se analizan diferentes aspectos de la obra de Rodin (desde la historia de la propia pieza hasta el impacto de ésta en el mundo contemporáneo). La parte principal del catálogo es el repaso de la exposición realizado por François Blanchetière, conservadora del Museo Rodin, en que la reproducción de las piezas expuestas se complementa con unos textos breves, incisivos y muy documentados sobre las diferentes partes de la exposición.

cariátide caída Rueden

Cariátide caída sosteniendo su piedra. Yeso untado de desmoldeador. 43,8 x 32 x 30,8 cm. Musée Rodin, París. © Agence Photographique du Musée Rodin - Jerome Manoukian.

Demasiado infernal

La exposición de la Casa Garriga y Nogués supone un magnífico análisis de la puerta de Rodin. Se aprecia la exhaustividad en que se han trabajado todo los aspectos de esta obra, desde los primeros esbozos. La exposición recoge la evolución técnica del proyecto, pero también sus influencias artísticas y literarias, e incluso nos muestra mediante vídeos el proceso técnico de elaboración de las estatuas. Pero la exhaustividad supone, también mucha reiteración: decenas de esbozos y de moldes de un mismo grupo escultórico, infinidad de fotografías de distintas perspectivas de la puerta... Si eso tiene un indudable interés para el especialista, resulta excesivo para buena parte del público. Con la frustración suplementaria que la obra que se analiza en la exposición, como tal, no se muestra. El resultado de la visita sería muy diferente si, al fin del recorrido, el visitante accediera a la vista de La Porta del Infieron, como pasaba cuando se visitaba la exposición en el Musée Rodin de París (en realidad, hay reproducciones de la puerta en México, Seúl, Tokio, Zurich...). Sin embargo, después de recorrer toda la exposición, el visitante se tiene que conformar con una fotografía de gran tamaño de la obra clave d'Auguste Rodin. E, inevitablemente, le queda un regusto agridulce.

 

Foto de portada: El pensador de Rodin.

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