Los hijos de Sam es el nuevo true crime en el catálogo de Netflix. Una docuserie que es una reconstrucción de los crímenes de David Berkowitz pero también un homenaje al periodista que nunca dio el caso por cerrado.

El verano de Sam

El asesino en serie David Berkowitz, más conocido como Son of Sam, fue el instigador de una de las sucesiones de crímenes más aterradoras de la segunda mitad del siglo XX y ha sido la fuente de inspiración de numerosos psicópatas de ficción posteriores. Pero también se ha hecho referencia directa en pantalla: las más conocidas son Summer of Sam, una de las mejores películas de Spike Lee, en el que su figura es el punto de partida para un desgarrador retrato social; o la serie Mindhunter, donde se convierte en una de las paradas del viaje a la laberíntica mente del asesino de sus protagonistas.

Foto Los hijos de Sam 1

David Berkowitz fue uno de los asesinos en serie más sanguinarios de todos los tiempos

Ya había habido también unas cuantas aproximaciones documentales a Berkowitz, pero seguramente ninguna de ellas ha tenido el poder de sugestión y los aires perturbadores de Los hijos de Sam: Uno descenso a los infiernos, miniserie de Netflix que es tanto una reconstrucción de los crímenes del Son of Sam como un retrato del periodista Maury Terry, que quiso probar su vinculación a un culto satánico.

La convulsa Nova York


Este true crime de cuatro episodios tiene de entrada el don de saberse explicar. Muchos títulos del género, en el afán de crear clímax y escenas de impacto, acaban olvidando la importancia de la claridad. La miniserie, en cambio, apuesta por una estructura tan coherente como nítida donde el espectador tiene muy fácil establecer las causas y efectos de los acontecimientos. Así, la historia empieza con el contexto, el convulso Nueva York de los 70; sigue con el pretexto narrativo, los asesinatos; y sitúa al protagonista, Berkowitz.

En menos de una hora, con un montaje espléndido y una hábil construcción de relato, el primer episodio te hace entender donde|dónde, el qué y quien|quién, y también te pone el miedo al cuerpo con su reflexión sobre hasta qué punto las atrocidades pueden pasar al lado de casa tuya. No te explica nada que quizás no supieras, pero lo hace expresamente porque es parte de su discurso.

Conviviendo con el mal

A partir del segundo episodio, cuando te das cuenta de que el verdadero demiurgo de la trama es el periodista y su investigación, Los hijos de Sam: Uno descenso a los infiernos se vuelve un viaje desde lo que conocemos hasta lo que quizás nunca sabremos. Como más profundiza en el culto satánico y sus ramificaciones, más estética de pesadilla adopta. No pierde nunca de vista la necesidad de que nombres, datos y hechos queden claros, como tampoco se olvida de crear una atmósfera tan inquietante como adictiva.

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Maury Terry fue el periodista que investigó los asesinatos del Son of Sam

La investigación de Terry, con sus interrogantes sin responder y las renuncias personales que comporta, es una metáfora de la incapacidad colectiva para acabar de conocer nuestros monstruos y, por lo tanto, a nosotros mismos. Como se apunta a la serie, convivimos con el mal, pero siempre preferimos reducirlo a locuras transitorias o a anomalías psicológicas porque nos gusta pensar que los Berkowitz de este mundo son la excepción y no la regla. Nos cuesta aceptar que quizás no son sólo personajes solitarios y socialmente inadaptados, sino que detrás hay un submundo organizado de seres tenebrosos dispuestos a cualquier cosa para imponer su fanatismo. Terry quiso ponerlo al descubierto, pero chocó con la evidencia de que hay verdades que se hacen dolorosamente inaccesibles. En gran medida, porque no las queremos saber.