Una protagonista, sola, que imagina la vida que le falta. Y un pueblo opresivo, que retrata de manera fantasiosa los defectos del mundo que nos rodea. Estos son los elementos que construyen La llei de l'hinvern (Destino), con la cual la periodista Gemma Ventura (El Vendrell, 1990) ha ganado el último premio Josep Pla de novela. Se trata de una novela introspectiva con una voz narrativa que, contra el mundo y el lector, lanza preguntas afiladas mientras vela su abuelo, Ricard, que está a punto de morir. La fugacidad del tiempo y el poder de la memoria se convierten en la materia prima que conduce los pensamientos de la protagonista y en el hilo que va conduciendo el lector a través de esta historia, mágica y realista a la vez.

La protagonista del libro es alguien que apuesta por vivir a través de lo que le proporciona la imaginación.
La imaginación es el mejor antídoto contra la soledad. La protagonista está sola y estando sola, se imagina un amor a medida con un trotamundos. Es alguien que no pinta nada en su vida, pero ella lo convierte en aquel lugar al que cogerse. El amor también es eso. En la desesperación absoluta, puedes inventarte, con la imaginación, aquello que necesitas: lo puedes hacer real dentro de tu cabeza. Con la imaginación tiene lo que no tiene en realidad: este amor que le falta. Y también incluso su abuelo, que está a punto de morir. Porque la memoria está hecha de imaginación también. Para mí es interesante ver de qué manera la memoria y la imaginación se tocan.

Gemma Ventura debuta como escritora con la novela La llei de l'hivern / Foto: Montse Giralt

La imaginación sunpongo que también es un elemento importante para ti.
Importantísima. Pienso que es la calidad más importante que tenemos los humanos, porque nos permite inventar maneras de vivir, de amar, hacer. Es lo que nos permite apartarnos de aquello que está establecido. Y nos amplía. Incluso hace existir la diferencia.

En la desesperación absoluta, puedes inventarte, con la imaginación, aquello que necesitas

¿Pero la imaginación no tiene también una parte de autoengaño?
La imaginación te permite la mentira y la protagonista se alimenta de una mentira, porque el amor que se imagina no existe de verdad. La imaginación en este caso es una mentira hecha a medida. Nos pasamos la vida engañándonos. La memoria, sin ir más lejos, está hecha de mentiras, cada vez que recuerdas una cosa la estás haciendo nueva. Y quizás necesitamos el engaño para vivir. No pasa nada.

¿Nos engañamos por qué la realidad es demasiado fría, demasiado cruda?
Es que el engaño está en todas partes. ¿Qué es verdad y qué es mentira en realidad? En lo que vivimos hay engaño y verdad y en lo que imaginamos, también. Es una manera de convivir con nosotros mismos.

Gemma Ventura ha sido la ganadora del Premio Josep Pla de Novela 2023 / Foto: Montse Giralt

En el discurso del premio decías que con el libro intentabas hacer un homenaje a aquello invisible. ¿Lo esencial es invisible a los ojos?
Para mí, lo invisible es lo más importante que hay. Cuando digo invisible me refiero, por ejemplo, a todo aquello que me hace ser como soy y que ahora no está aquí. Hay muchas personas que me hacen hacer como soy y que tú ahora no puedes ver. Eso tiene un valor muy importante porque ahora parece que solo sea relevante aquello que podemos tocar. El mundo materialista se impone. Solo tiene valor aquello que compras, tienes y puedes poseer. Pero hay otras cosas que no ves y que te hacen ser como eres y esta creo que es la riqueza de verdad: la que puedo tener aquí, en la otra punta del planeta o cuando tenga 80 años.

En el libro aparecen muchos personajes trastocados en este pueblo asfixiante que me han servido para enseñar el mundo de hoy

A través del abuelo de la protagonista, que está a punto de morir, hay toda una reflexión en el libro sobre la fugacidad y el absurdo de la vida.
Sí, aquí he vertido un poco mi obsesión por el paso del tiempo. A la protagonista lo dice constantemente: "'cierro los ojos y cuando los abra estaré en otro lugar". O ahora tú y yo estamos aquí y después en otro lugar. Y es una cosa normal y natural, pero me impresiona mucho la velocidad con la que pasa todo. ¿Cuál es el tiempo de verdad, el que marcan los relojes o este otro tiempo de la memoria? ¡Un segundo lo repites durante años y de cuando era pequeña hay años enteros que no recuerdo nada, y mira que tuvieron horas! Es este absurdo: ¿por qué te preocupas tanto? De esto que te estás preocupando ahora, de aquí un año te habrás olvidado. ¿Qué sentido tiene hacerse películas?

Por lo tanto, la fugacidad es tranquilizadora.
Sí. Hay personas a quienes eso las marea, pero a mí me tranquiliza porque pienso que en el fondo nada es tan importante.

¿Cómo fue el proceso de encontrar la voz narrativa de la protagonista de la novela?
Me salió de una manera muy natural. Vi que tenía que ser en primera persona, una cosa muy introspectiva. A fuera no pasa nada, en el libro. Todo es de puertas adentro, por lo tanto la voz tenía que ser casi un monólogo interior. Es esta cosa tan intensa que es el pensamiento. El pensamiento de cada uno es como el pensamiento de un loco. Si pusiéramos un micrófono dentro de la cabeza, fliparíamos.

Escribir es la manera que tengo de ensancharme

Es una voz hecha de preguntas, que indirectamente acaban asaltando también en el lector. ¿Es deliberado eso?
Es un libro que tiene más preguntas que respuestas. Son preguntas que me hago a mí misma y que si se las hace el lector, adelante. Y también es verdad que de vez en cuando me dirijo directamente al lector. Es como si el lector lo estuviera viendo todo, hago este juego. Pero me interesan mucho más las preguntas que las respuestas. Y aquí hay muchas.

La fugacidad del tiempo y el poder de la memoria son la materia primera de La llei de l'hivern / Foto: Montse Giralt

¿La concebías como un personaje enfrentado al mundo?
Es una persona de alguna manera abandonada por el mundo. Uno de los fundamentos de este libro es el abandono. Es decir, cómo nos abandonan y cómo abandonamos a los otros. Y sí, enfrentada al mundo. Hay un punto de rechazo y como desde este margen se va haciendo preguntas sobre cómo funciona todo. En el libro aparecen muchos personajes trastocados en este pueblo asfixiante que me han servido para enseñar el mundo de hoy. Para mí son las taras del mundo de hoy: un hombre que vive en la insatisfacción permanente, otro que se esposa, lanza la llave y culpa a los otros, el otro que va gritando que no tiene tiempo... El mundo va un poco así.

El universo del pueblo donde pasa el libro parece fantasioso, mágico.
Sí, pero a todos los personajes que salen los puedes encontrar ahora aquí. Sí que es verdad que tiene un punto de cuento, casi, pero no se alejan de la realidad. Los he hecho más exagerados, pero vivimos en un mundo en que lo más fácil es culpar a los otros de lo que no nos atrevemos a hacer nosotros o quejarnos de no tener tiempo hasta que nos morimos o dar la autoridad de nuestra vida a los otros.

El pensamiento de cada uno es como el pensamiento de un loco. Si nos pusiéramos un micrófono dentro de la cabeza, fliparíamos

En el discurso del premio Josep Pla decías que escribir era confiar en alguien más que está dentro de ti y te guía. ¿Te acercas así a la escritura?
Para mí escribir es un acto de fe. Sí que hay personas que lo tienen todo controlado desde el principio, pero yo no lo hago. Para mí se parece más al escultor que tiene una piedra de mármol y va picando y va descubriendo. Tienes una idea y es muy extraña, pero tienes que confiar y, si lo haces, van apareciendo las cosas. Lo comparo con soñar: cuando sueñas aparecen cosas que no sabes de donde vienen y escribiendo también hay esta parte de inconsciente. El inconsciente escribe mucho, aunque después está el trabajo de podar y estructurar.

La llei de l'hivern es una novela introspectiva con una voz narrativa que lanza preguntas afiladas / Foto: Montse Giralt

¿Cómo ha sido el proceso de escribir la novela?
Yo siempre he escrito. Cuándo era pequeña tenía libretas en casa, escondidas en el cajón de bajo de la cama. Escribir hacía la función de amigo, la libreta era alguien a quien dices aquello que no dirías a nadie. Y desde hace siete años tengo la suerte de trabajar en la revista Catorze y he ido escribiendo cosas que no son tan diferentes de la novela. Escribir es la manera que tengo de ensancharme. La novela en sí nació hace dos años. Primero lo he pensado antes de escribir, me pasé un año solo reflexionando. Y este verano fui a Escocia dos meses y pude crear este pueblo, desvincular la imaginación, para ya cerrarla.

Como periodista recibo muchos libros y sé que es muy difícil tener tiempo para seguirlo todo, por eso valoro mucho la atención que te reporta un premio

¿Cómo has recibido el Premio Josep Pla teniendo en cuenta que La llei de l'hivern es una novela de debut?
Lo he recibido con alegría y agradecimiento. Pero también con mucho respeto. Es muy fácil sentirte impostor. Hay personas que tienen mucha seguridad y yo entro de puntillas en eso. Y con mucha prudencia. Por qué para mí todo eso es sagrado. Y al mismo tiempo, con alegría por lo que supone este premio. Como periodista recibo muchos libros y sé que es muy difícil tener tiempo para seguirlo todo, por eso valoro mucho la atención que te reporta un premio. Sin este sería imposible de conseguir.