San Francisco (California, Estados Unidos), 16 de octubre de 1853. Hace 173 años. Un grupo de cincuenta “aventureros” —algunas fuentes hablan de 45 y otras de 60— dirigidos por el empresario William Walker embarcaban en la fragata Caroline y zarpaban en dirección a la Baja California mexicana. Oficialmente, con el propósito de establecerse y explotar los recursos minerales del territorio. Pero la realidad era otra. La expedición de Walker era una operación camuflada de conquista militar. Aquel cuerpo expedicionario, que, oficialmente, viajaba a México con un propósito estrictamente económico, embarcaba, armado hasta los dientes, con el objetivo final puesto en la anexión de los territorios mexicanos de la Baja California y de Sonora a Estados Unidos.
La operación Walker se había diseñado con el mismo patrón que la incorporación de Texas (1836-1848). Una estrategia basada en tres fases, cada una de las cuales precipitaba la siguiente: introducción de población civil, sustitución demográfica y cambio de soberanía del territorio. Pero con una diferencia sustancial: el componente sociológico de la operación. Los pioneros de Walker ya no eran familias granjeras que necesitaban un tiempo para hacer efectiva la estrategia que explicaba su introducción y presencia en territorio extranjero (establecimiento – creación de recursos – rentabilidad – consolidación – secesión), sino por milicias privadas, camufladas bajo la apariencia de pacíficos mineros, con el objetivo puesto en reducir los plazos de la operación de incorporación.

¿Quién estaba detrás de la expedición Walker a la Baja California y a Sonora?
Cuando los “pioneros” de Walker pusieron rumbo a la Baja California, hacía tan solo cinco años que había concluido la guerra que había enfrentado a Estados Unidos y México (1845-1848), que prácticamente hacía realidad el "Destino Manifiesto", el nervio de la ideología fundacional de Estados Unidos (los estadounidenses se consideraban la nación escogida por Dios para expandir la civilización desde el Atlántico hasta el Pacífico). Sin embargo, el gobierno de Washington del momento, presidido por Franklin Pierce (Partido Demócrata), consideraba que el resultado de aquel conflicto no había satisfecho los objetivos iniciales. Faltaba incorporar los estratégicos territorios de la Baja California y de Sonora, que, además del interés que ocultaba aquella operación, abría la posibilidad a la conquista total de México.
¿Qué hizo Walker en la Baja California?
Walker y sus “pioneros” se saltaron la fase intermedia de la estrategia que se había empleado en Texas (sustitución demográfica) y pasaron directamente de la primera (introducción de población civil) a la última (cambio de soberanía del territorio). Aprovechando el caos que imperaba en México, se hicieron con el control de la región en tan solo dos semanas, y el 3 de noviembre de 1853, proclamaban la República independiente de la Baja California. Poco después, llegaría un segundo contingente a bordo de la fragata privada Anita, con 230 “aventureros”, que permitirían a Walker conquistar e incorporar la región de Sonora a su proyecto. Walker se investía presidente de aquella República y la dotaba con el Código Civil de… ¡¡¡el Estado esclavista norteamericano de Luisiana!!!

¿Para quién era importante, realmente, el dominio de la Baja California?
La “aventura” de Walker, o las de otros jefes de filibusteros, como William Carr Lane, gobernador de Nuevo México, hacen pensar que el gobierno de Washington era un actor situado, a propósito, en la sombra. Y, efectivamente, Jefferson Davis —secretario de Guerra y, poco después, presidente de los Estados Confederados del Sur durante la Guerra Civil americana (1861-1865)— estaba más que al corriente de estas maniobras. Pero, en el caso de la expedición Walker, los historiadores han probado la existencia de un actor todavía más oculto: el grupo de inversores que, poco después, crearían la Southern Pacific Railway, la ferroviaria que ambicionaría ganar la carrera para unir las dos costas, enlazando Nueva York con Nueva Orleans y con San Francisco por el camino más corto: por Texas, Sonora y la Baja California.
¿Cómo terminó la aventura de Walker en California?
El general Santa Ana, presidente de México y el jefe militar que había perdido la guerra contra los estadounidenses (1848), leyó perfectamente el propósito de Walker y, consciente de que no podría evitar una réplica de la derrota en Texas, pactó con el presidente Pierce la venta de “la Mesilla”, un territorio de 76.000 kilómetros cuadrados situado al norte de Chihuahua y Sonora, que se destinaría al corredor ferroviario del sur (Nueva Orleans-San Francisco). Completada la transacción (25 de abril de 1854), el gobierno federal y las compañías ferroviarias abandonaron a Walker y a sus filibusteros. Al mismo tiempo, el gobierno mexicano armó a la milicia civil del ranchero Antonio Meléndrez, que acabaría expulsando a los filibusteros (8 de mayo de 1854).

La segunda “aventura” de Walker
Walker no regresó con las manos vacías. Todo lo contrario. No había podido completar su proyecto político y militar, pero su “empresa” le había reportado unos excelentes rendimientos económicos. Con el bolsillo lleno y con un prestigio que antes no tenía (la prensa estadounidense crearía una corriente de opinión muy favorable a los filibusteros), se podía plantear nuevas “aventuras”. En aquel momento, el canal de Panamá no se había construido, y Walker se alió con la empresa Morgan & Garrison (1855), que planeaba un eje naval-ferroviario en Nicaragua para unir los dos océanos. El contexto era idóneo, ya que, como había pasado dos años antes en México, Nicaragua estaba inmersa en un escenario caótico debido a la guerra civil entre demócratas y legitimistas.
Qué hizo Walker en Nicaragua
La “aventura” en Nicaragua no acabó bien, porque aquel proyecto ocultaba una rivalidad a muerte entre los dos gigantes estadounidenses del transporte —Morgan & Garrison y Cornelius Vanderbilt— que superaba a Walker. Aun así, los inicios fueron esperanzadores: pactó con los legitimistas y consiguió rápidamente el control del país; se invistió presidente de la República de Nicaragua y comandante en jefe del ejército nicaragüense (12 de julio de 1856). Pero Vanderbilt contraatacaría, presentando a Walker como una verdadera amenaza para las castas criollas dominantes en la región, y promovería una alianza entre la facción demócrata —en conflicto con los legitimistas de Walker— y los gobiernos de los países del entorno: Honduras y Costa Rica.

El fin de Walker
El gobierno estadounidense, por razones obvias, no intervino en la “cuestión nicaragüense”, y cuando la guerra entre los titanes del transporte —que también se libraba en los mercados financieros de Estados Unidos— empezó a ser desfavorable a Morgan & Garrison, la estrella de Walker empezó a apagarse. Serían dos gobernantes hondureños, Pere Xatruch y Josep Guardiola —hijos de comerciantes catalanes originarios de Vila-seca (Tarragonès) establecidos en Centroamérica— los que pondrían punto y final a las “aventuras”, al poder y a la vida de Walker. En 1903, el gobierno de Estados Unidos promovía la independencia de Panamá (hasta entonces una provincia de Colombia), y en 1904, la compañía pública Isthmian Canal Commision iniciaba las obras del canal.