¿De dónde salen y qué representaban los Ninots Mironians destruidos en Mont-roig del Camp?

En 2011 se activaron las alertas en el Institut del Teatre al conocer la destrucción de los Ninots Mironians de Mont-roig del Camp. Las figuras habían sido construidas en 1993 para el Año Miró —con la participación de los niños del pueblo— por los profesores Joan Baixas y Alfred Casas, siguiendo una idea del divulgador Josep Miquel Martí i Rom. Ante la noticia, Mercè Saumell, entonces directora de servicios generales de la institución, envió una carta al alcalde socialista, Fran Morancho, ofreciéndose a salvar los ninots e incorporarlos al fondo del Museu de les Arts Escèniques (MAE), en Montjuïc. "La familia Miró no lo quiso; fue muy taxativa, incluso agresiva", recuerda Saumell quince años después. En su carta, Saumell definía las creaciones como patrimonio de "la escena catalana".

Cuando se hicieron, habían contado con el apoyo inicial de la familia Miró, pero después la gestión de los derechos cambió de manos y los ninots no revalidaron la simpatía de los sucesores del pintor. En 2011 habían pasado dieciocho años desde la presentación en sociedad de las figuras en un pasacalles por las calles del pueblo. Los seis Ninots Mironians danzaron al ritmo de las grallas en la antigua plaza del Generalísimo, plaza rebautizada en 1979 con el nombre de Joan Miró en presencia del pintor. El acto se convirtió en uno de los hitos de la relación entre el artista y Mont-roig, pueblo donde el pintor se instaló en los primeros años de su trayectoria. Allí se encuentra el Mas Miró, actual sede de la Fundació Mas Miró.

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Joan Baixas trabaja con niños de Mont-roig en la construcción de los Ninots en 1993. Foto: Ressò mont-rogenc

Años más tarde, en 1993, Mont-roig volvía a homenajear al artista, ahora por su centenario, con una acción singular en la plaza que llevaba su nombre: el estreno de los cabezudos inspirados en los títeres gigantes que el pintor había creado en 1976 con el grupo de teatro La Claca de Joan Baixas. Eran unas creaciones inspiradas en unos diseños de Miró alrededor de la obra Ubú rey de Alfred Jarry y que fueron parte de un montaje que tenía mucho que ver con el fin de la dictadura: Mori el Merma. Los decorados, las máscaras y los ninots de aquel montaje los diseñó y pintó Miró. Durante meses colaboró en el diseño de los personajes, construidos con tela y gomaespuma en los talleres de La Claca. El proceso creativo lo inmortalizó Francesc Català-Roca en fotografías y se conserva una producción fílmica, considerada única.

Pieza clave del teatro independiente catalán

La obra fue un montaje clave del teatro independiente catalán de los años setenta, recuerda Mercè Saumell. Se estrenó en 1978 en el Liceu y después viajó a Nueva York y Sídney. Era una alegoría directa del dictador Franco (Ubú rey), representaba el fin del franquismo y la lucha por la libertad. Una propuesta que en aquel momento encontró el apoyo de la burguesía catalana. Se trataba de una obra colectiva: los muñecos fueron pintados por el artista mientras los actores, dentro de las carcasas, bailaban coreografías. Siguiendo este espíritu, en 1993 Joan Baixas aceptó la propuesta del divulgador cultural Josep Maria Martí i Rom para construir unas figuras nuevas en Mont-roig, celebrando el Año Miró. Las piezas se incluirían en el imaginario colectivo, a través del bestiario.

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Pasacalle en Mont-roig de 1993. Foto: Ressò mont-rogenc

Baixas, que no ha querido hacer declaraciones sobre esta polémica porque está centrado en un gran proyecto —"asunto olvidado", dice— hizo los seis muñecos con la ayuda de dos artistas experimentales, Alfred Casas y Martí Doy, además de contar con la participación de los niños del pueblo. De los otros dos creadores, hablamos con Casas, que lamenta lo sucedido: "¿Me gustaría saber qué legitimidad tiene un coño de descendiente de Miró para hacer destruir aquello que a mí me ha costado un montón de esfuerzo de hacerlo. ¿Qué ha hecho él aparte de nacer?", se pregunta.

El interrogante sobre la legitimidad se lo plantea también la actual directora del Museu d'Arts Escèniques (MAE) del Institut del Teatre, Anna Valls: "No sé si el alcalde podría haber luchado más, creo que los herederos tenían las de ganar y, por lo tanto, quizás no tenía ningún sentido. En todo caso, para mí la única duda, y habría aquí que consultar a un experto en derechos de autor y propiedad intelectual, es si los herederos podían obligar a destruirlos: lo que es seguro es que no se podían exponer sin su permiso, pero ¿destruirlos?" Valls cree que el Museu de les arts escèniques, "hubiera sido el lugar para preservarlos y difundirlos por lo que significaban y por los dos profesores que los construyeron".

El ayuntamiento confiesa

Los ninots, una vez fueron retirados del espacio donde habían estado expuestos, estuvieron depositados en algún almacén municipal hasta acabar en la deixalleria municipal. Este verano ha explotado una polémica al trascender que las figuras habían sido destruidas. No era una información oficial hasta que el revuelo ocasionado por la publicación de documentos forzó al ayuntamiento a admitir que los había destruido alegando que no se podía oponer porque la familia Miró lo había pedido. La Generalitat ha informado de que los ninots no constaban en ningún inventario y, por lo tanto, considera que no disponen de protección legal. No obstante, la Plataforma Defensa Mont-roig ha llevado la cuestión a los juzgados para denunciar la destrucción de patrimonio cultural.