Las mujeres, durante siglos, milenios, han sido sometidas a la dominación masculina y hay pocas que hayan podido acceder a cargos de responsabilidad y, por tanto, de figurar en las páginas de los libros de historia tradicionales. En los últimos tiempos ha habido múltiples intentos de romper esta invisibilidad de la mujer. Algunos estudios han intentado destacar el papel que cumplieron las mujeres en el pasado a nivel familiar, laboral o político, asumiendo que la mayoría de estas estuvieron marginalizadas, pero que hicieron aportaciones decisivas en el ámbito de la vida cotidiana. Otros han intentado buscar ejemplos de mujeres que consiguieron escapar a la hegemonía masculina y que tuvieron un papel preponderante en su época. Este es el caso de Dames, reines, abadesses. Divuit personalitats femenines la Catalunya medieval, un libro de Elisenda Albertí, publicado por Albertí Editors.

Damas reinas abadesas Monasterio de Poblet violando de bar PMRMaeyaert wikipedia

Sepulcro de Violant de Bar en Poblet. Foto: PMRMaeyaert.

Las privilegiadas

Ninguna de las mujeres que aparece en esta compilación de biografías es una campesina, aunque la gran mayoría de mujeres de la época lo eran; y tampoco hay artesanas, ni mendigos, ni pescadoras... Algunas de las mujeres aquí biografiadas eran ya bastante conocidas, como Dulce de Provenza, Petronila de Aragón, Elisenda de Montcada o Blanca de Navarra. Otros son menos populares. Elisenda Albertí nos localiza otras historias, como las de Aurenbiaix de Urgell, Cecilia de Comenge o Mafalda de Pulla-Calàbria. Son, a pesar de todo, mujeres que en un momento determinado tuvieron poder de decisión y que marcaron el devenir del territorio. Firmaron pactos, declararon guerras o se enfrentaron a rivales. Fueron personajes políticos de primera línea, a pesar de encontrarse en un mundo eminentemente masculino.

Petronila Ramon Berenguer

Detalle del retrato de Petronila I de Aragón y Ramón Berenguer IV, atribuido a Francisco Camilo y Andrés Urzanqui (1634), en base a un original de Filippo Ariosto (1586). Museo del Prado (Madrid).

Releer el pasado

Elisenda Albertí, a partir de los estudios ya existentes, intenta documentarse sobre la vida de estas grandes olvidadas. Reconstruye su trayectoria como políticas, pero también su genealogía y su vida cotidiana, incluso mostrando los esfuerzos que tuvieron que hacer para imponerse en un mundo estrechamente controlado por los hombres. A menudo fueron casadas por la fuerza y algunas se vieron amenazadas por un mundo de intrigas cortesanas en el cual resultaban molestas. Su biografía, inevitablemente, se funde con la de sus maridos, padres y hermanos, porque a menudo tuvieron que consensuar sus posiciones con su entorno masculino. Y algunas fueron recluídas por sus familias en conventos, que era la estrategia que usaban los parientes para deshacerse de las mujeres que resultaban incómodas.

Sibilla de Fortia Daroca S Miguel

Sibila de Fortià en un detalle del retablo La comunión de los reyes de Aragón, en la iglesia de San Miguel de Daroca. Actualmente conservado en la sección de Bellas Artes del Museo de Zaragoza.

Las excepciones

La veintena de mujeres agrupadas en este libro no dejan de ser casos excepcionales. En realidad, la posición de inferioridad en que se situaban las mujeres incluso se hace evidente en las ilustraciones: casi no hay imágenes de ellas solas, y generalmente aparecen acompañadas de sus maridos. Sabemos poco de su intimidad, porque siempre fueron otros los que hablaron de ellas: es extraño que podamos tener acceso directo a sus opiniones. De algunas, como Constanza de Aragón, todavía no está bien claro si fueron manipuladas por sus maridos o por sus parientes (en liza entre ellos). Y muy a menudo no sabemos a ciencia cierta si lo que se decía de ellas eran simples calumnias o hechos documentados. Probablemente jamás tendremos la certeza de si algunas de ellas tuvieron una vida tan disipada como se decía. Dames, reines, abadesses nos hace penetrar en un turbio universo de poder, en el que las intrigas, las venganzas y las represalias jugaban un papel clave. Y en el qué las mujeres siempre tenían las de perder.

 

Foto de portada: Monumento a Maria de Luna en Sogorb. Foto: Enfo.

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