Barcelona, 17 de enero de 1641. Hace 385 años. Pau Claris —94.º president de la Generalitat de Catalunya— implementaba la resolución de la Junta de Braços (el equivalente al Parlament) aprobada el día anterior. La representación política del país cesaba al rey hispánico Felipe IV como conde de Barcelona y, por tanto, como Hombre Principal de Catalunya, y entregaba el poder a un gobierno formado por los tres diputados-consejeros de la Generalitat: el president Pau Claris —representante del brazo eclesiástico—, el consejero Francesc de Tamarit —del brazo militar o nobiliario— y el consejero Josep Miquel Quintana —del brazo real o de las villas y ciudades—. Catalunya, por primera vez en su historia, se convertía en una república. Pero, ¿cómo se llegó a este punto y cuál era el objetivo de aquel gobierno y, más concretamente, del president Claris?

Mapa de Catalunya (segle XVII). Font Institut Cartografic de Catalunya
Mapa de Catalunya (siglo XVII) / Fuente: Institut Cartogràfic de Catalunya

¿Qué era Catalunya antes de la proclamación de Pau Claris?

El edificio político que habían creado los Reyes Católicos (1479) y que era constitucionalmente vigente en 1641, estaba diseñado como un modelo de arquitectura foral; es decir, lo que contemporáneamente llamaríamos confederal. Por lo tanto, Catalunya era uno de los diversos estados (a mediados del siglo XVII ya es posible emplear este término) que formaban el conglomerado hispánico. Esta misma arquitectura garantizaba la relación bilateral entre Catalunya y el poder central. Y esto significaba que Catalunya era un estado semiindependiente que tenía reconocida la naturaleza de sujeto político; es decir, la capacidad de autodeterminación. Esto estaba perfectamente contemplado en las Constituciones de Catalunya, juradas por todos los monarcas hispánicos, desde Carlos de Gante (1519) hasta Felipe IV, el rey del momento (1626).

Pero solo sobre el papel

Pero la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que estalló para que Madrid y París dirimieran la primacía mundial, puso de relieve que esta arquitectura foral ya solo era la traza externa del edificio político hispánico. La razón de Estado, la nueva y rampante ideología del poder, perseguía una nueva arquitectura con un dibujo radicalmente distinto: un nuevo poder centralizado y unas nuevas sociedades homogéneas (lingüística, étnica y confesionalmente). El conde-duque de Olivares, ministro plenipotenciario de Felipe IV (1623-1642), provocó, a propósito, un conflicto de grandes dimensiones entre Catalunya y la monarquía hispánica, que culminaría con el Corpus de Sangre, la jornada que marcaba el inicio de la Revolución catalana (junio, 1640) y el Pacto de Ceret, la negociación secreta entre las cancillerías de Barcelona y París (septiembre, 1640)

Representación contemporánea de Pau Claris. Fuente Ateneu Barcelonès
Representación contemporánea de Pau Claris / Fuente: Ateneu Barcelonès

La declaración de guerra de Felipe IV a Catalunya

Por este motivo, no debe sorprender que el rey hispánico Felipe IV declarase, formalmente, la guerra a Catalunya. El Dietari de la Generalidad consigna una misiva del rey hispánico que contenía una extensa relación de agravios para justificar aquel casus bellis (septiembre, 1640): “Haver invadido las reales banderes de su magestad”, “Haver sacado al deputado (Tamarit) y demàs presos de las carceles”; “Haver quemado a Montredón (el aguacil real) sin confesión”; “Haver muerto al doctor Berard (juez de la Real Audiencia)”; “Haver muerto al virrey (Queralt)”; “Haver perseguido todos los ministros reales y no haver hombre que por parte del rey ose mostrar la cara”; “Tener impedida la justícia, que no se puede hazer nada”, y “Fortificarse sin licencia ni saber contra quien sinó que sea contra su rey”.

Una larga historia de violencia

Este paisaje de violencia era la culminación de la fallida estrategia de Olivares. El valido hispánico habría intentado dividir a la sociedad catalana (el pueblo contra sus dirigentes) para doblegar la resistencia de las instituciones catalanas. Y con este propósito habría concentrado el frente de la guerra hispano-francesa en las Corberas (entre el Rosellón y el Languedoc), y tener el pretexto necesario para introducir a 40.000 tercios hispánicos en Catalunya (1635). En el país, prácticamente, no había cuarteles, y Olivares —amparándose en una ley medieval que había permanecido anquilosada en las constituciones catalanas— ordenó que los tercios fueran alojados en las casas particulares. La conducta de la soldadesca hispánica, propia de un ejército acantonado en territorio hostil, sería la causa que explicaría la fabricación de aquel escenario de violencia (1635-1640).

Retrato del cardenal Richelieu. Fuente National Portrait Gallery. Londres
Retrato del cardenal Richelieu / Fuente: National Portrait Gallery. Londres

La proclamación de la República

Tras las conversaciones secretas de Ceret (septiembre, 1640), el cardenal Richelieu —primer ministro francés— aconsejó a Claris constituir una República. Y el 17 de enero de 1641, el Dietari de la Generalitat consigna que:“Lo senyor de Plesis Besanson (el delegado plenipotenciario de Versalles en Catalunya) ha fet osten[ta]sió dels poders que lo rey christianíssim (Luis XIII de Francia) li ha donats en orde a la assistència que desija fer a esta província (Catalunya) per sa conservació, en los quals, entre altres capítols, li dona poder sa magestat christianíssima (Luis XIII de Francia) per admètrela de baix de sa protecció, ab que reduesca son govern a forma de república ab los pactes y condicions que entre la província (Catalunya) y a sa magestat christianíssima (Luis XIII de Francia) se ajustaran”.

La amenaza hispánica

Aquella proclama se produjo en un contexto crítico. Felipe IV y Olivares habían detenido el embarque de un ejército destinado a sofocar una revuelta antihispánica en Nápoles y lo habían desviado a Catalunya. Los tercios del sanguinario marqués de Los Vélez habían iniciado la ocupación de Catalunya (noviembre, 1640) y habían masacrado a la población civil de Tortosa, Xerta, Tivenys, L'Hospitalet de l'Infant y Cambrils (en esta última localidad, por ejemplo, habían pasado por el cuchillo al 70% de la población). Y el 15 de enero de 1641, ya estaban en Martorell, y solo el río Llobregat y la resistencia catalana, comandada por Tamarit, les impedían el paso hacia Barcelona. Estos datos sugieren que Claris, presionado por la situación, finalmente habría tomado la decisión de secundar la recomendación que había formulado Richelieu tiempo antes (Ceret; septiembre, 1640).

Mapa de las Provincias Unidas de los Países Bajos (siglo XVII). Fuente Instituto Cartográfico de Cataluña
Mapa de las Provincias Unidas de los Países Bajos (siglo XVII) / Fuente: Institut Cartogràfic de Catalunya

La estrategia catalana

Pero, ¿el presidente Claris actuó, únicamente, presionado por la amenaza de los ejércitos hispánicos sobre Barcelona y para satisfacer la recomendación de la cancillería francesa? Y la respuesta es no. Si bien es cierto que el gobierno catalán tardó meses en proclamar la República, también lo es que esta posición obedecía a una estrategia. El profesor Simón i Tarres (UAB), el gran especialista de esta etapa histórica, sostiene que entre la declaración de guerra de Felipe IV y el inicio de la ocupación hispánica (septiembre-noviembre, 1640), las autoridades catalanas sospechaban que una parte de la Junta Grande (el Consejo de Ministros hispánico) apostaba por una salida negociada, y la estrategia de la cancillería de Barcelona, a pesar de las conversaciones secretas con los franceses, pasaba más por tensar la cuerda que por romperla definitivamente.

El verdadero objetivo de Pau Claris

Pero la violentísima invasión hispánica convenció a la Junta de Braços y al gobierno catalán de que esa versión barroca del "peix al cove" no tenía ningún sentido. Ahora bien, la proclamación de la Primera República Catalana tampoco tenía la misión de satisfacer a Versalles, como se demostraría tan solo seis días después. Con el ejército hispánico a las puertas de Barcelona, Richelieu condicionaría la ayuda militar francesa a la liquidación de la República y a la proclamación de Luis XIII como conde de Barcelona (23 de enero de 1641). El verdadero objetivo de Claris (que no desaparecería con esta transformación, ya que Catalunya conservaría su independencia) obedecía a la ideología de las iniciáticas clases mercantiles de aquella Catalunya del siglo XVII, y que podría resumir con una cita que aparecería poco más tarde: “Catalunya, la Holanda del Mediterráneo”.

Retrato del conde duque de Olivares. Fuente Museo del Hermitage. San Petersburgo
Retrato del conde duque de Olivares / Fuente: Museo del Hermitage. San Petersburgo

El modelo neerlandés

En la fabricación de ese ideario, tuvo mucha importancia la progresión económica de las Provincias Unidas de los Países Bajos, que se habían independizado de la monarquía hispánica en 1568. Esta pujanza política y económica estaba representada por la Verenigde Oostindische Compagnie (Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales), un gigante con 50.000 empleados, con unas marinas mercante y de guerra propias, y con colonias privadas. La VOG simbolizaba el triunfo de las clases mercantiles y marcaba el camino de las revoluciones burguesas que posteriormente se producirían en toda Europa. La derrota catalana (1652/59) y, por lo tanto, el retorno al edificio político hispánico, impedirían que Catalunya culminara una revolución —el objetivo de Pau Claris— que habría cambiado su historia.