¿Quién fue el capitán James Misson? El personaje está descrito en la Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas (o, sencillamente Historias de piratas), una obra de 1724 firmada por el capitán Charles Johnson, pero que habitualmente es atribuida a Daniel Defoe. En esta obra, que se ha reeditado en infinidad de ocasiones y que es considerada tanto una obra clave para el estudio de la piratería, como una fantástica novela de aventuras, Defoe da un repaso a la biografía de algunos de los piratas más famosos de su época; Barbanegra, Avery, el capitán Kidd... Muchos de ellos eran ya auténticos mitos cuando Defoe escribió sobre ellos. En cambio, sobre el capitán Misson no hay ninguna cita, en ningún sitio, antes de la célebre obra de Charles Johnson (aunque de otros piratas tenemos testimonios muy completos, como las memorias de Sieur de Montauban). ¿Podría ser una invención de Defoe? Todo parece confirmarlo. Ahora Males Herbes publica un volumen con dos textos sobre el personaje: el fragmento de las Historias de piratas en que habla del personaje: "Sobre el capitán Misson", con traducción de David Gálvez; y "El fantasma de la oportunidad" de William S. Burroughs, con traducción de Francesc Garcia.

barco vela pirata pixabay

Misson, un pirata atípico

En la obra de Defoe, Misson, un marinero aventurero, sufrirá una transformación al entrar en contacto con Caraccioli, un fraile dominico desengañado con la Iglesia. Misson se asociará a Caraccioli y ambos se lanzarán a la piratería, pero con una visión revolucionaria. Misson movilizará a su tripulación, en un proyecto colectivo en que se combinará la piratería con una transformación radical del mundo. Los dos jefes piratas, y con ellos sus subordinados, reniegan de la Iglesia, pero no del respeto hacia Dios; en realidad, no usan la bandera pirata, negra, sino una bandera blanca con el lema "Dios y la libertad". Misson se hará famoso por el respeto que demuestra con los vencidos y porque no se dedica a destrucciones porque sí. En varias ocasiones el capitán pirata conseguirá que las tripulaciones de los barcos asaltados se sumen a su proyecto utópico. Cuando captura un barco holandés cargado de esclavos, Misson decide sumarlos a la tripulación en condiciones de plena igualdad, porque apunta que todos los hombres son iguales. Y con el objetivo que todos los hombres sean iguales, Misson instala una colonia de piratas en el Norte de Madagascar, donde impera la democracia más absoluta: Libertatia. Allí conviven, en armonia, franceses, británicos, holandeses y africanos. Aunque el proyecto de Misson era mantener una relación idílica con las poblaciones locales, acabarían surgiendo enfrentamientos entre ambos colectivos, que conducirán a la caída de la comunidad.

pirata capitán misson pixabay

Defoe el revolucionario

Defoe usa a los personajes de Misson y Caraccioli para ofrecer una visión extremadamente crítica de su época. Caraccioli es el encargado de dinamitar la imagen de la iglesia católica en sus discursos: "Es una máxima que religión y política nunca pueden erigirse al mismo tiempo dentro de una casa". Para el dominico exclaustrado (que afirma que él no es lo suficiente hipócrita como para llegar a ostentar ningún cargo en la Iglesia), los líderes cristianos "son tan maquiavélicos allí donde la artimaña es requerida y tan descarados e imprudentes cuando su poder es lo suficientemente grande para ampararlos en la opresión del pueblo y en el engrandecimiento de sus familias". Misson y Caraccioli, aunque afirman la existencia de Dios, osan apuntar "que ninguna religión es otra cosa que artificio humano", y de forma absolutamente rompedora, apuntan que tanto vale la religión cristiana, como la judía, la mahometana o, incluso, las religiones africanas. Y, como guinda, incluso se permitían ironizar sobre los milagros.

Contra el tráfico de esclavos

Misson, en un discurso a sus hombres, les explicaba "que el comercio con aquellos de nuestra especie nunca podría gustar a los ojos de la justicia divina: que ningún hombre tenía poder sobre la libertad de otro; y que mientras aquellos que profesaban un conocimiento más ilustrado de la Deidad vendían hombres como si fueran bestias, demostraban que su religión no era más que una mueca". Misson comentaba a los marineros que "no había liberado su cuello del yugo grosero de la esclavitud y afirmado su propia libertad para esclavizar a los otros". E iba más allá, afirmando que los africanos "poseían idéntica razón" que los europeo, por lo que se les tenía que tratar como hombres libres. En su obra incluso afirmaba que el amor de las mujeres malgaches por sus maridos era más potente que el de muchas mujeres europeas. Toda una ruptura con el pensamiento de la época.

El Misson animalista de Burroughs

William S. Burroughs, autor emblemático de la generación beat, sintió absoluta fascinación por el personaje de Misson, y escribió una novela corta, El fantasma de la oportunidad, en la que recuperaba al personaje de Defoe y describía su estancia en Libertatia. Burroughs introducía un elemento destacado: el capitán pirata y líder libertario se convertía en un protector de los lemures, animales que sólo existen en Madagascar y que ahora están en peligro de extinción. Pero su tripulación no cumplirá con la voluntad de su capitán y matará a una de estas bestias, y eso acabará conduciendo al fin de Libertatia. Pero con el fin de Libertàtia, también se rompe la esperanza de un mundo más justo y armónico. La historia de Burroughs tiene una proyección en el siglo XX, en un mundo de drogas, cuestionamiento de las reglas sexuales, crítica a las instituciones políticas... En la historia de Misson según Burroughs, el mundo, tras la caída de Libertatia, no ha hecho más que agravar su voluntad autodestructiva, por la ruptura entre los hombres y su entorno. Pero una misteriosa enfermedad amenaza el mundo moderno y devuelve a los individuos hacia el origen de todo: las oscuras selvas de Madagascar.

Dos revoluciones en una

Unir el texto de Defoe con el de Burroughs no podía ser mejor idea. La historia de Misson tiene una gran potencia, porque Defoe consigue transformar a un pirata en un héroe (una cosa habitual en los siglos XX y XXI, pero muy transgresora al XVII, cuando la piratería era uno de los crímenes más duramente castigados). El texto de Defoe ha sobrevivido tres siglos, con ediciones y reediciones, y mantiene toda su frescura. El texto de Burroughs tiene mucho más la marca de su época, pero enriquece la visión de Defoe con una nueva perspectiva, y vincula las reflexiones del padre de Robinson Crusoe con una reflexión sobre nuestro mundo, y sobre la relación entre nosotros y la naturaleza. Dos revolucionarios, bien diferentes, se dan la mano, gracias a la figura de este extraño pirata.

 

Imagen de portada: Capture of the Pirate, Blackbeard, 1718. Cuadro de Jean Leon Gerome Ferris.

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