Biel Duran se ha hecho grande. No. Biel Duran se ha hecho inmenso. Sólo hace falta que lo vayáis a ver a Ovelles: la historia de tres hermanos que heredan un rebaño de 512 ovejas de un tío olvidado que vive en un olvidado pueblo de Teruel. Una inicio absurdo para acabar descubriéndose como un brillante relato generacional. Sus compañeros de reparto, Sara Espígul y Albert Triola están magníficos; él, irónico, cínico, corrosivo, está sublime. El trobereu hasta el 30 de septiembre en el Teatre Poliorama.

En todas partes

Biel Duran está en todas partes. Actualmente al actor gelidense lo podemos ver (poco, eso sí) en la película Chavalas, en culebrón del mediodía de TV3 Como si fos ahir y en el Teatre Poliorama con el espectáculo Ovelles. "Estuve desaparecido un tiempo y por eso ahora parece que esté omnipresente", apunta. "Tuve una temporada de retiro espiritual. Murió mi hermana. Era muy joven. Fue una hostia muy grande. Aquello hizo que me replanteara todo. No sabía hacia dónde iba ni estaba por subir a los escenarios. Por estas cosas que te dicen los padres cuando te quieres dedicar a la interpretación: tienes que tener un plan B, yo estudié Educación Social y en esta época, durante unos años, tres o cuatro, trabajé de eso, de educador social. Me fue bien. El oficio de actor te alimenta la vanidad y el ego, pero cuando te pasa una cosa así... "Necesitaba dejar de preocuparme sólo de mí y justo coincidió que había acabado la carrera".

Durante un tiempo Biel Duran descartó todos los trabajos que le llegaban. "Sabía que me la estaba jugando porque, en este mundo, cuando desapareces ya nadie se acuerda de ti". Con el tiempo, por dolorosas que sean, todas las heridas curan, y a él le volvió a picar el gusanillo de la interpretación y las propuestas reaparecieron. "Ofertas que no podía rechazar". Ya había acabado el proceso de luto. Estaba mejor. Llevaba currando de actor desde los 8 o 9 años y la verdad es que ya me fue bien alejarme de eso y ver que el mundo es mucho más grande, que hay muchas más cosas y que sigue girando".


Biel Duran ha reanudado su trayectoria como actor después de una época alejado de los escenarios. Foto: Sergi Alcàzar

Volver a casa

Si podéis, no dejáis pasar el oportunidad de ir al cine a ver Chavalas, un modesto pero exquisito ejercicio de neorrealismo cinematográfico con el que ha debutado la realizadora catalana Carol Rodríguez. "Hago un papel pequeño pero me encanta haber participado. Leí el guion, que no deja de ser la historia de la directora y su hermana (Marina Rodríguez), que es la guionista, y me fascinó. Explican la esencia del barrio de una manera que no es la habitual. Me emocionó".

Biel Duran se identifica con la historia. Él no es de Cornellá de Llobregat, en el Baix Llobregat. Es de Gelida, en el Alt Penedès, pero también llegó un momento en que, como la prota, se marchó de su entorno más próximo para consolidar su proyecto profesional. "Soy mucho de mi pueblo, y a veces, este mundo en el cual trabajo es muy urbanita y cosmopolita. Yo también me marché del pueblo y, sin hacer spoilers, he vuelto. Quiero mucho a la gente de Gelida, donde también tengo a la familia".

Duran también ha vuelto a la tele con Como si fos ahir. "Desde Nissaga de poder que no hacía un culebrón diario. Estoy encantado". Nissaga de poder fue uno de los primeros trabajos en el mundo de la interpretación de Biel Duran. Parte de la serie se rodaba en el Penedès, no muy lejos de su casa. "De hecho, iba en bici a rodar algunos de los exteriores. Aquello fue una bomba. Venía rodar La teta y la luna y no sabía si me quería dedicar o no a la interpretación, todavía era demasiado pequeño".

La complejidad de la realidad

La teta y la luna es una película de Bigas Luna. Una cinta de autor con la que el cineasta catalán, una de las figuras más geniales de la historia de nuestro séptimo arte, ganó un Osella de Oro en la Muestra de Venecia. Estrenada en 1994, la película nos descubre la historia del Tete. Interpretado por Biel Duran, un niño de nueve años que vive entristecido por dos motivos: como enxaneta no alcanza coronar nunca el castillo, y como  hermano mayor, se ve desplazado por su hermano pequeño, a quien la madre alimenta dándole el pecho, mientras que él tiene que beber leche de la botella.

"Cuando la rodé no era consciente de la dimensión que tenía la película, fue después, con los años, que fui descubriendo que Bigas Luna era un director genial que dirigía unas producciones en que creaba un universo muy particular. Películas muy personales que giraban por todo el mundo. Tenía 9 años y fui al festival de Venecia compartiendo alfombra con muchas estrellas mundiales. Y te piensas que todo es eso y que todo es así. Hasta que descubres que no, que la realidad es muy complicada, que hay proyectos que funcionan y otros que no, que hay producciones muy grandes y otras más pequeñas, que no todo es la alfombra roja de Venecia y que, afortunadamente, hay muchos estadios intermedios".

Se queda

Después del éxito de La teta y la luna los padres de Biel le insistieron mucho en que se tomara eso de la interpretación como un juego, "que no me flipara, que sólo tenía 9 años y muchísima vida por delante. Y si quería seguir haciendo de actor, seguiría, y si no, no". Justamente entonces le ofrecieron hacer el casting de Nissaga de poder. Estuvo entonces, allí, que, con 11 o 12 años, se me di cuenta que este mundo no sólo le gustaba, sino que le gustaba mucho. "Decidí que si me dejaban, me quedaba".

Nissaga de poder se convirtió un todo fenómeno pop con todo lo que eso comporta. "Recuerdo cuándo se estrenó, seis meses después de rodar. Ir por la calle era imposible. Los finales de temporada de Nissaga de poder eran como un Barça-Madrid: la ciudad se vaciaba y todo el mundo se quedaba en casa mirando el capítulo. Era otro momento: no teníamos 30 canales ni plataformas digitales".


Biel Duran ha vuelto a los culebrones con Como si fos ahir. Foto: Sergi Alcàzar

A Nissaga de poder Biel Duran compartió escenas con Mercè Comes, Enric Majó, Emma Vilarassau, Jordi Bosch, Jordi Dauder, Eduard Farelo, Mónica López, Eva Santolaria... "Un casting inmejorable, fuera de lo normal. Toda una escuela. La diferencia entre un actor joven y una actor con experiencia es abismal. Siento mucha envidia por los actores y actrices veteranos. Mucha".

Biel admite que no sabe cómo lo haría si no hubiera empezado de pequeño, si tuviera que iniciar su carrera como actor con 22 o 23 años. "Cuando la gente de mi generación salía del Instituto del Teatro yo ya hacía 10 o 12 años que trabajaba. Todo aquella experiencia de pequeño fue una ventaja para mí. También una pequeña desgracia: que te recuerden constantemente por La teta y la luna y tener que hablar en cada entrevista, todavía ahora. Me ha costado sacarme de encima la etiqueta del Macaulay Culkin catalán. Pero tampoco tengo ningún fantasma ni ningún trauma infantil que me persiga".

Asustando a los males

¿Y personajes? ¿Los personajes lo persiguen? "Este es un tópico, que como todos, tiene parte de verdad. La interpretación es un ejercicio de empatía. Nuestro trabajo es intentar decodificar qué le pasa al tipo al que estamos dando vida. Para conseguirlo activas ciertos mecanismos mentales que te llevan a preguntarte qué harías en aquella situación y qué haría tu personaje. Y este es el gran reto de la interpretación. Un trabajo mucho más psicológico de lo que se ve desde fuera. Un trabajo muy chulo porque anula todos los estereotipos que te creas de ti mismo. Cuando crees que eres muy tímido te dan un personaje que es todo el contrario y descubres que en el fondo no eres tan introspectivo como te creías. Interpretar es súper beneficioso para la salud mental".

Dicen que quién canta sus males espanta, Biel Duran suma a la sentencia la interpretación. "Actuando hay alguna cosa de depuración. De evasión y experimentación con la personalidad. Durante un rato juegas a ser otra persona, y eso es muy divertido". No es casualidad que los anglosajones al hecho de interpretar lo llamen jugar. "Y jugar es terapéutico. Necesitamos jugar. Y el teatro es una manera muy sana de jugar".

Qué hago aquí

El teatro es la hostia enfatiza Biel Duran, para acto seguido puntualizar que también hay momentos que se pregunta qué cojones hace allí, a instantes de salir a escena delante de centenares de espectadores. Momentos en que te estás meando o tienes ganas de ir a hacer de vientre. Me ha pasado muchas veces, antes de empezar o a media función". Dice que ya le pasaba cuando era pequeño y estaba levantando un castillo en medio de la plaza por Sant Fèlix. "Esto pasa siempre que tienes que hacer alguna cosa de la que se espera mucho de ti. Es el miedo al reconocimiento o no del trabajo que hacemos. Es importante quitar hierro a todo y no olvidar que al fin y al cabo es simplemente entretenimiento".

Biel Duran confiesa que últimamente el teatro es la facción gremial de su trabajo que más disfruta. "Me lo paso teta. Me encanta esta idea que una obra es como tirarse por un tobogán y hasta que no llegas al final aquello no se acaba".

Una obra en ramado

Actualmente el actor gelidense está participando del espectáculo Ovelles, una obra que estrenó el año 2018 y que ahora está interpretando en el Teatro Poliorama. "La idea de Ovelles nace, justamente, de las ganas de hacer teatro".

Biel Duran y Sara Espígol no se conocían pero se admiraban mutuamente. Fruto de esta admiración, él le escribió un whatsapp explicándole que le gustaba mucho su trabajo en El crac. Ella le respondió que también le gustaba mucho lo que Biel estaba haciendo en Cites.

"Como teníamos ganas de trabajar juntos, pedimos a Carmen Marfà y a Yago Alonso, creadores de El Ramon de les olives, una websèrie en que estaba trabajando entonces, que escribieran una historia para nosotros. De aquí surgió Ovelles. Poco después se sumó al proyecto Albert Triola, porque la obra va de tres hermanos. Estrenamos en la Flyhard y, por sorpresa nuestra, fue todo un éxito".


Biel Duran está actuando en el Teatro Poliorama hasta el 30 de septiembre con el espectáculo Ovelles. Foto: Sergi Alcàzar

Una bici, un ordenador y un perro

Parece absurdo pero se ve que pasa, que de repente descubres que tienes un tío en un pueblo perdido de Teruel que te ha dejado 512 ovejas en herencia con las cuales no sabes qué hacer.

"Que tres tíos de Gracia para los cuales el barrio es el epicentro del mundo hereden 512 ovejas es nuestra excusa para hablar de hechos generacionales, como este que a la gente de 30 o 40 años nos han hecho creer que nos tenemos que reinventar. O que tenemos que ser autónomos, aventureros y emprendedores. Y si no lo somos, aunque tengamos una carrera y tres másters como nos habían dicho que necesitábamos para vivir bien, somos unos mierdas. Las 512 son la excusa que tenemos para hablar de las diferentes crisis que hemos ido sufriendo los de mi generación y que han hecho que ahora mismo estemos muy perdidos".

¿Cuál es la cosa más absurda que has heredado nunca?
Nada. De hecho yo sólo tengo una bici, un ordenador portátil y un perro, que es como mi hijo. Mío, mío, no tengo nada más.