Xavier Albertí se despedía ayer emocionado del Teatro Nacional de Catalunya, que ha dirigido durante 8 años. El director de Lloret de Mar es uno de los hombres de teatro con más sentido de la tradición, como ha demostrado al frente del gran teatro público programando desde Rusiñol hasta Sagarra, y se ha afanado desde el suyo temprano Taxi... al TNC! para recuperar la memoria de la gran avenida teatral Barcelona y la cultura popular y de masas y los llamados géneros menores que se desarrollaron, desde el vodevil hasta las variedades, pasando por el circo, el ilusionismo, la zarzuela o el cuplé. Ahora, en justa correspondencia, ha recibido de su gran cómplice, Lluïsa Cunillé, un texto que se puede leer como un epígono de la gran exposición dedicada al Paralelo que pudimos ver al CCCB el año 2012, comisariada por el mismo Albertí y Eduard Molner, La Emperatriz del Paralelo.

La Emperatriz del Paralelo/May Zircus - TNC

El despido de Palmira Picard, La emperatriz del Paralelo

La Barcelona de la dictablanda de Berenguer llora a su gran artista, Palmira Picard, La emperatriz del Paralelo, mientras el periodista Roc Alsina –alter ego del verdadero Paco Madrid, a quien, entre otras cosas, se atribuye haber bautizado el Distrito V como Barrio Chino, a quien|quién da vida Pere Arquillué- piensa el epitafio que los amigos de la cantante le han encargado. En el Bar La Tranquil·litat, presidido por el retrato del mártir Francesc Ferrer i Guàrdia –que en la obra sigue lanzando proclamas desde el más allá–, se convocan una pléyade de artistas reales, como Josep Santpere, Alady, Mercè Serós, el payaso Ramper o el mimo Enric Adams, que evocan el carácter, contradictorio, vital, noctámbulo y subversivo de una avenida de múltiples intersecciones: del marabú en la pistola anarquista, de la cocaína en la cazalla, del transformismo a la revolución.

Foto 3 del espectáculo La Emperatriz del Paralelo/May Zircus - TNC

El paseo elegíaco continúa en el bloque del Raval donde se vela el cadáver de la actriz, con un vecindario representativo de las clases populares de Barcelona, y de algunos de sus personajes reales más recordados, como el político populista Alejandro Lerroux, llamado irónicamente El emperador del Paralelo y que en aquel momento, pasadas las pasiones anticlericales y obreristas, estaba a punto de convertirse en un protagonista destacado del nuevo régimen republicano, como jefe de gobiernos de derecha.

Homenaje a la figurinista Maria Araujo

Para este paseo nostálgico en un día de duelo –e interpretar a los más de quarante personajes y subir a escena el texto– Albertí convoca algunos de sus fetiches, como Oriol Genís, Chantal Aimée o Roberto G. Alonso, incorpora algunos de sus últimos hallazgos, como la recuperación de Sílvia Marsó por el teatro catalán después del gran mercado del mundo, en una obra que también quiere ser un homenaje a la figurinista Maria Araujo, muerta de Covid el año pasado, y de quien se recuperan algunos de los vestidos más icónicos.

Música, historia, diálogos y el cameo de don Ramon Maria del Valle-Inclán, padre del esperanto y uno de los autores clásicos que más han influido en la obra de Cunillé, forman parte de esta obra de poco menos de dos horas de duración, en qué destacan la soprano Maria Hinojosa y Jordi Domènech en el piano, y las veteranas Carme Sansa y Mont Plans.

Foto 9 del espectáculo La Emperatriz del Paralelo

Es una lástima, sin embargo, que con tan buenos ingredientes de partida, la obra provoque una cierta sensación de desconcertado. El McGuffin del epitafio de Palmira Picard, así como el fisgoneo del periodista sobre las causas de su muerte o de su pasado, se despachan de cualquier manera, enterradas por una cantidad ingente de personajes reales y ficticios fruto de una documentación tan rigurosa como excesiva, que puede desconcertar al público menos erudito.

Incluso el conocedor del universo de referencias que suben a escena puede tener una sensación asfixiante. Una sensación que no se tenía, ni en uno ni en otro sentido, con el recordado musical Flor de nit, de Dagoll Dagom, que con texto de Manuel Vázquez Montalbán homenajeaba la Barcelona canalla, bohemia, turbulenta y sentimental del Paralelo y su desaparición con el franquismo.

Ni el gran talento de su director, a quien el público correspondió como es debido, ni un texto de la más prestigiosa de nuestras autoras teratrals vivas, ni el formidable talento de los actores, equipo técnico, ni el rico vestuario y la impresionante escenografía, ni tampoco los números musicales, consiguen un espectáculo realmente redondo. En este sentido, vale la pena tener presente aquella anécdota que Francesc Pujols atribuía al arquitecto Jujol, que desconcertado por las críticas en su fuente de la Plaza Espanya –al final del Paralelo, precisamente–, se compadecía asegurando de que no entendía el rechazo, teniendo cómo tenía los mejores elementos de todos los estilos posibles.

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