El Ibex ha logrado subir cerca de un 1% en una jornada dominada por los principios de la antipsiquiatría, que defendía la libertad de movimientos de los locos frente a cualquier recomendación de retiro o encierro. El mercado entendió el fondo del suelo que pisaba y el oro se revalorizó un 1,45%, hasta 1.340 dólares la onza.
La tasa de desempleo en España cayó al 19,8%, que sin ser -vive Dios- ninguna maravilla suponía una mejora mientras el índice de la producción manufacturera ascendía a 52,2 puntos (a partir de 50 es expansión). El conjunto de Europa mejoraba moderadamente, sin estridencias. Pero mejoraba.
Y, de pronto, el presidente checo, Milos Zoman, propone un referéndum sobre la permanencia en la UE y la OTAN, iniciativa que es posteriormente desmentida por el Gobierno. La gente se frotaba los ojos. Y, a su vez, en Austria, un tribunal ordenaba la repetición de las últimas elecciones presidenciales. De aurora boreal.
En el Reino Unido, la libra se venía abajo, hasta 1,1912 dólares, continuando una tendencia de depreciación que le ha hecho caer casi un 11% desde que hablaron las urnas. El ministro de Finanzas británico, George Osborne, reconocía que el Reino Unido no ha logrado superar el shock del Brexit.
Nadie hacía ni caso en el mercado e iba a lo suyo, como ha estado haciendo Wall Street..
En EEUU, grandes empresas automovilísticas, como Ford o Chrysler, han mostrado datos excelentes de ventas de vehículos, como ejemplo de la buena evolución de la industria americana.
Pero incluso esta noticia ha quedado deformada a causa de la muerte de un conductor en pruebas que viajaba en un coche autónomo, es decir que funciona solo, sin volante. La empresa fabricante, Tesla, creada por el célebre empresario Elon Musk, héroe de Silicon Valley, caía un 2% en la preapertura. El sentimiento era general. No sólo el presente muestra claros signos de trastorno sino que también el futuro parece venir tocado.