Que el Ibex se haya caído de los 8.500 puntos no es lo peor. Lo peor es el oscurecimiento que hoy se ha producido en los mercados, donde las sombras del Brexit y Turquía empiezan a agigantarse.

Un ejemplo, los beneficios trimestrales de Goldman Sachs han bajado un 24%, en línea con la caída de resultados de la banca americana independientemente de las expectativas. El alza de las bolsas y de los bonos en estas condiciones están generando dudas entre gurús y grandes inversores. En el caso europeo, parece haber salida de dinero de las bolsas.

La encuesta alemana ZEW sobre la confianza de los inversores alemanes para los próximos seis meses respecto a su propia economía ha caído un 6,8 y para el caso de la zona euro un 14,7. El temor a los efectos del Brexit estaba presente.

El FMI ha recortado las previsiones de la economía global 0,1 puntos para 2016 y 2017 por la misma razón, lo que en sí no es exagerado, pero probablemente incompatible con los máximos históricos bursátiles.

Es más, y hablando de la banca, el Tribunal de la UE ha dicho que en caso de problemas graves son los accionistas y los bonistas los que deben responder de los agujeros, sin recurrir de ningún modo a ayudas públicas. Esto responde a la situación de la banca italiana, que esperaba ayudas del Gobierno Renzi, pues no. En el Ibex, por ejemplo, el Popular ha sufrido, aunque no solo.

En medio del jaleo, el Tesoro español ha colocado letras a precios bajísimos, corroborando la tendencia de huida hacia adelante. La sensación de riesgo es creciente.