¿Quién lo iba a decir? Se te va la novia inglesa y recuperas la alegría con la vecina. Parecería que los mercados han entrado en el túnel de la bruja, donde si no te dan un escobazo ni te ríes ni espabilas. Lo bueno ahora es que lo malo se mezcla con lo prometedor. Y las mismas bolsas, deuda, materias primas y divisas se muestran coordinadas. En poco tiempo, el Ibex ha subido en pleno Brexit más de un 3%.
La Bolsa de Nueva York, a la que le va el matarile, ha abierto con ganas y el Standard & Poor´s 500, que es el índice serio, subía un 1,20% casi al comenzar a negociar. El petróleo Brent se negocia por encima de los 50 dólares, ayudado también por un nivel de inventarios de crudos en EEUU. Y el oro se aprecia igualmente un a 0,28%, hasta 1.321,50 dólares para no decir que la prudencia es enemiga del baile.
Porque lo bueno allí fue que el famoso analista Bill Gross ha comentado que la caída de la rentabilidad del bono americano a 10 años anticipa un 50% de posibilidades de que haya recesión en la economía americana el año que viene. Y hoy el rendimiento (que se mueve al revés que el precio) del bono americano a 30 años ha caído a mínimos históricos. Es decir, que el mundo se está cubriendo por si acaso.
¿Alguien se ha quedado traspuesto con esa oscura anticipación? Qué va, ha bastado con que Vitor Constancio, vicepresidente del BCE, dijera que Greenspan se equivocó al equiparar el Brexit con Lehman para que el euro subiera a 1,1002 dólares. Y, de paso, el BCE comentó que no hace falta relajar la política monetaria a la vista del alza de los mercados. En los corrillos se comenta además que la banca puede subir entre un 10 y un 15% a corto plazo.
Lo que por encima de todo le gusta al mercado ahora es ver sufrir a los ingleses. Los analistas de JP Morgan, el primer banco americano, han mostrado un escenario base en que Escocia votará su independencia y que adoptará una nueva moneda. A su vez, Goldman Sachs y Morgan Stanley han tenido que desmentir que se marchan de la City. Los rumores vuelan.
Esta mezcla de confusión, venganza, miedo y avance de los índices hace felices a los mercados. Es su auténtico ambiente.