Hoy hay mucha gente que se va de vacaciones y lo hace contenta, más tranquila, más animada, aunque sin excesos ni euforia. Con menos temor y mayor sensación de normalidad. A todo ello ha influido también bolsa (una caja de resonancia del sentimiento colectivo), con el Ibex subiendo más de un 1,5% después que en EEUU se crearan 255.000 puestos de trabajo en julio, cuando se esperaban 185.000. Un magnífico dato.
El crecimiento americano quizá no vaya a la par, con menor fuerza de lo que indica el mercado de trabajo, que crece en construcción y servicios y menos en industria. Los ingresos por hora trabajada vienen aumentando un 2,6% anual con una inflación del 1%. Pero, a su vez, el déficit comercial americano, ha subido un 8,7%, hasta -44.500 millones de dólares, lo que indica un fuerte desequilibrio en el sector exterior y una cierta demanda interna sobrecalentada.
En cualquier caso, la bolsa europea se ha puesto a saltar cuando ha conocido el dato de empleo americano. El euro ha bajado a 1,1103 dólares y el oro ha retrocedido un 1,64%. Eso es confianza, de la naturaleza que sea.
Y sin ir más lejos, el gasto turístico en España ascendió en julio a 8.000 millones de euros, un 12,7% más. Pero también la producción industrial marcha, con una mejoría del 0,8% en junio, impulsado por el sector de bienes de consumo no duradero y también, atención, de los bienes de equipo.
De hecho, antes de conectar con las noticias del Departamento de Trabajo americano, la banca ya subía, en busca de recuperar precios perdidos. Hay una recuperación clara de los valores bancarios gracias al realismo con que se está moviendo el apoyo a la banca italiana. En otros sectores, OHL lo pasaba mal porque además de sus problemas financieros, Moody´s le ha rebajado el rating. Y así se ha cerrado la semana. El conjunto, con sus sombras, ha abierto el deseo a los inversores de ir por la noche a tomar unos calamares a la plancha.