Hay meses en los que la factura del agua sube sin que hayas cambiado hábitos, sin duchas más largas y sin riegos extra. Y ahí es donde aparece el sospechoso habitual: el inodoro. Una cisterna que pierde agua puede estar tirando litros y litros durante todo el día sin que lo notes, porque el gasto ocurre en silencio y de forma constante.

La clave está en que estas fugas no siempre se ven pero que pasan una seria factura al final de cada mes. No necesitas un charco en el suelo para estar perdiendo agua. Basta con una goma desgastada, un flotador desajustado o una válvula que ya no cierra bien para que el WC se convierta en un grifo abierto 24/7.

Cómo saber en dos minutos si tu cisterna pierde agua

El truco más simple es el de toda la vida y se basa en echar unas gotas de colorante alimentario o una pastilla de tinte dentro de la cisterna y esperar 10-15 minutos sin tirar de la cadena. Si el color aparece en la taza, tienes fuga. No hay discusión, porque el agua está pasando donde no debería.

inodoro inteligente homary
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Otra señal típica es escuchar un hilo de agua constante o notar que la cisterna se rellena sola de vez en cuando aunque nadie haya tirado. Ese comportamiento suele indicar que está entrando agua para compensar lo que se está escapando hacia la taza.

Por qué una fuga pequeña puede disparar la factura

El problema del inodoro no es que pierda mucho de golpe, sino que pierde siempre. Un goteo continuo puede suponer un desperdicio enorme a lo largo de un día, y cuando lo multiplicas por semanas, el salto en consumo se vuelve evidente en el recibo. Además, el WC suele pasar desapercibido porque forma parte del ruido de fondo de la casa. Y cuando la fuga se normaliza, nadie la relaciona con la factura hasta que llega un mes especialmente alto.

La buena noticia es que la mayoría de averías son baratas y rápidas como cambiar una junta, ajustar el flotador o sustituir el mecanismo de descarga suele resolverlo sin obras. Si no te apetece tocarlo, un fontanero lo deja listo en una visita corta. Así pues, si quieres evitar sustos de un mes a otro, el orden lógico es claro: antes de obsesionarte con duchas o lavadoras, revisa a fondo el inodoro. Es el punto donde una pérdida invisible puede convertirse en un gasto muy visible en tu factura.