La Organización de Consumidores y Usuarios sostiene que incluso los hogares con ingresos ajustados pueden generar un colchón económico relevante si introducen ciertos ajustes cotidianos. En un contexto marcado por la inflación persistente y el encarecimiento de los gastos básicos, la idea de ahorrar puede parecer poco realista para muchas familias. Sin embargo, los cálculos del organismo apuntan a que el margen de mejora existe.
Según sus estimaciones, la aplicación sistemática de pequeñas decisiones financieras permitiría alcanzar ahorros anuales de entre 2.500 y 3.000 euros. No se trata de fórmulas complejas ni de grandes sacrificios, sino de optimizar hábitos de consumo y revisar costes que suelen pasar desapercibidos en la economía doméstica.
Las claves del ahorro, según la OCU
Uno de los focos principales está en la cesta de la compra. La OCU destaca que elegir el supermercado más económico dentro de la misma zona geográfica puede suponer diferencias de gasto muy significativas a final de año. La organización cifra ese potencial ahorro en más de mil euros anuales, una cantidad que, en hogares con sueldos bajos, resulta especialmente relevante. El organismo también insiste en priorizar productos de temporada, una recomendación clásica pero eficaz. Este tipo de consumo no solo reduce el coste medio del ticket, sino que evita pagar sobreprecios asociados a la importación o a la baja disponibilidad de ciertos alimentos fuera de su ciclo natural.

Otro frente habitual de gasto se encuentra en los suministros del hogar. Revisar la potencia eléctrica contratada, adaptar el consumo a franjas horarias más baratas o desconectar dispositivos en stand-by son medidas que, acumuladas, generan un impacto real en la factura. Además, recuerdan la existencia del bono social para quienes cumplan los requisitos.
Gastos invisibles que lastran el presupuesto
Las telecomunicaciones constituyen otro de los capítulos donde suelen detectarse excesos. Muchas familias mantienen paquetes de servicios sobredimensionados respecto a sus necesidades reales. La recomendación pasa por contratar únicamente lo imprescindible y comparar ofertas de forma periódica. Pequeñas reducciones mensuales pueden traducirse en cientos de euros al año.
La OCU también pone el acento en la relación con la banca. Evitar comisiones innecesarias mediante cuentas adecuadas al perfil del cliente es una de las vías más directas de ahorro pasivo. A esto se suma su consejo sobre la gestión del saldo disponible, sugiriendo no mantener grandes cantidades improductivas.
Junto a estas pautas, diversas técnicas de control del gasto refuerzan el objetivo de ahorro. Métodos como el Kakebo, la distribución presupuestaria o los retos progresivos funcionan, sobre todo, por su componente psicológico: obligan a visualizar el dinero, ordenar prioridades y frenar el consumo impulsivo. En esencia, la lógica es simple: cuando el control aumenta, el despilfarro tiende a reducirse.