Mantener la nevera a la temperatura adecuada es una de las claves más importantes para garantizar la seguridad alimentaria en casa. Los expertos lo repiten con insistencia: nunca se debe permitir que el frigorífico supere ciertos límites de temperatura, ya que esto puede provocar riesgos para la salud y un deterioro más rápido de los alimentos.
El rango ideal es muy concreto y si se cambia hace que el funcionamiento no sea el ideal. La nevera debe mantenerse entre 4°C y 5°C. Este intervalo permite conservar los alimentos en buen estado, ralentizar el crecimiento de bacterias y mantener sus propiedades durante más tiempo. Superar ese margen, aunque sea ligeramente, puede tener consecuencias importantes.
El peligro de una temperatura demasiado alta
Cuando el frigorífico alcanza temperaturas por encima de los 5°C, se entra en una zona de riesgo. Y es que muchas bacterias, como las que afectan a carnes, pescados o lácteos, pueden multiplicarse con rapidez en esas condiciones.

El problema es que este proceso no siempre es visible. Los alimentos pueden parecer frescos, no oler mal e incluso mantener su aspecto habitual, pero ya no ser completamente seguros para el consumo. Esto aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias sin que el consumidor sea consciente. Además, una temperatura inadecuada acelera el deterioro de los productos, lo que provoca que se estropeen antes de tiempo. Esto no solo afecta a la salud, sino también al bolsillo.
El congelador, igual de importante
El control de temperatura no termina en la nevera. El congelador debe mantenerse a -18°C para garantizar una conservación adecuada. A esa temperatura, el crecimiento de bacterias se detiene y los alimentos pueden mantenerse durante largos periodos sin perder calidad.
Si el congelador sube de temperatura, aunque sea ligeramente, los alimentos pueden comenzar a descongelarse parcialmente. Este proceso afecta a su textura, sabor y seguridad, especialmente si luego se vuelven a congelar. La realidad es que un simple ajuste puede marcar una gran diferencia. Así pues, revisar periódicamente la temperatura, evitar abrir la puerta constantemente y no sobrecargar el frigorífico son hábitos esenciales para mantener los alimentos en condiciones óptimas y proteger la salud en el día a día.